Por qué mis presentaciones son webs y no diapositivas
Se ven mejor, se comparten con un enlace y las genero en minutos. Cómo hago las presentaciones en web y cuándo no compensa.
Hace tiempo que no abro un programa de diapositivas.
No por postureo. Es que cada vez que necesitaba un apoyo visual para un vídeo acababa peleándome con cuadros de texto que se movían solos, tipografías que se veían distinto al exportar y un archivo de sesenta megas que había que subir a algún sitio para enseñárselo a alguien.
Ahora hago las presentaciones como páginas web. Se ven en cualquier pantalla, se comparten con un enlace, y las genero en el tiempo que antes tardaba en colocar el primer título.
¿Merece la pena hacer las presentaciones en web?
Depende de para qué sean, y voy a ser claro con las dos partes.
Si tu presentación va a acabar en la pantalla de una sala de reuniones, la abre otra persona en su portátil y hay que enviarla por correo a gente que la va a editar, no. Ahí el formato de toda la vida gana porque es el que todo el mundo tiene y sabe usar.
Si tu presentación es apoyo visual para un vídeo, para una clase que grabas, para enseñar algo en una pantalla compartida, o para dejarla enlazada en algún sitio, entonces sí. Y con bastante diferencia.
Mi caso es el segundo. Casi todo lo que hago acaba grabado o enlazado. Por eso me cambié.
Qué gana una presentación hecha en web
Lo primero, el aspecto. Una web puede tener animaciones suaves, tipografías buenas y transiciones que en una diapositiva normal o no existen o quedan de comercial de los noventa. Y no hace falta ser diseñador para conseguirlo, porque eso lo genera la máquina.
Lo segundo, el enlace. Esto parece pequeño y es lo que más ha cambiado mi forma de trabajar. Termino una presentación, la publico, y tengo una dirección. Se la mando a alguien y la abre en el móvil. La dejo en la descripción de un vídeo. La actualizo mañana y el enlace sigue siendo el mismo.
Lo tercero, que se ve igual en todas partes. Un navegador es un navegador. Ya no hay sorpresas al abrir el archivo en otro ordenador y descubrir que los textos se han desplazado.
Y lo cuarto, para grabar: ocupa la pantalla entera de verdad, sin barras raras, y avanzo con las flechas como en cualquier presentación.
Cómo la monto para un vídeo concreto, con el detalle de las medidas y el ritmo de las diapositivas, lo tengo en la presentación web para vídeo.
Cómo las hago
Le describo a Claude Code qué quiero contar y en qué orden. No le doy diseño, le doy contenido: título de cada bloque, qué idea va en cada uno, y dónde quiero que algo aparezca poco a poco.
Él monta la página entera. Una sola, con cada diapositiva ocupando la pantalla completa, navegación con teclado y un diseño coherente de arriba a abajo.
Después ajusto. Que un texto es muy largo, que este bloque tiene que ir antes, que el color de fondo cambie en la parte final. Eso son mensajes de una línea y cambios de segundos.
Cuando lo que necesito es más de escaparate que de explicación, tiro de Gamma, que genera una presentación decente a partir de una descripción y me la deja lista para compartir sin tocar nada. No tiene la flexibilidad de hacerlo a medida, pero para salir del paso rápido va muy bien.
Y si nunca has montado una página desde cero con esta herramienta, el proceso completo lo cuento en crear una web desde cero con Claude Code. Una presentación no es más que una web con las secciones a pantalla completa.
Lo que se te va a atascar
Tres cosas, y las tres tienen arreglo fácil.
La primera: el texto que se sale. En una diapositiva normal ves el borde y sabes cuándo te pasas. En una web, el texto sigue y sigue. La solución es prohibirte más de tres o cuatro líneas por pantalla desde el principio, y no dejar que la herramienta decida por ti.
La segunda: las animaciones. En cuanto descubres que puedes animar cosas, animas todo. Y una presentación donde cada elemento entra volando es agotadora. Yo me obligo a una sola animación por pantalla, y en la mayoría ninguna.
La tercera: publicarla. Aquí es donde alguien que viene de las diapositivas se queda parado, porque no existe el botón de guardar como archivo. Hay que subirla a algún sitio para que tenga dirección. Es un paso más, se hace en minutos, y a partir de la primera vez ya no lo piensas.
¿Y si la persona que la recibe quiere editarla?
Este es el punto donde el formato web pierde, y hay que decirlo.
Si mandas una presentación en web a alguien que quiere cambiar una frase, no puede. Necesita pedírtelo a ti. En un equipo donde todo el mundo mete mano en el mismo archivo, eso es un problema real y no lo voy a disimular.
Para esos casos yo sigo usando lo de siempre. No tengo ninguna guerra abierta contra las diapositivas, tengo un criterio: si la presentación se comparte para verla, web. Si se comparte para editarla entre varios, formato tradicional.
Cómo la preparo para que quede bien grabada
Si la presentación va a acabar en un vídeo, hay cuatro cosas que conviene decidir antes de montarla.
La proporción. Una web se adapta a cualquier tamaño, y eso que normalmente es una ventaja aquí te puede jugar una mala pasada. Yo la monto fija en la proporción del vídeo, para que lo que veo al diseñarla sea exactamente lo que se graba.
El tamaño del texto. Mucho más grande de lo que te pide el cuerpo. Lo que en el monitor parece enorme, en un móvil viendo el vídeo se queda justo.
Los márgenes. Dejo aire por los cuatro lados, porque en el montaje casi siempre acaba habiendo algo encima: un rótulo, mi cara en una esquina, un recuadro. Si has apurado hasta el borde, no te cabe nada.
Y el contraste. Fondos planos y oscuros con texto claro, o al revés, pero sin degradados raros ni fotos de fondo. Al comprimirse el vídeo, los fondos con mucho detalle se emborronan y el texto encima se vuelve ilegible.
Con esas cuatro decisiones tomadas una vez, ya las tengo como plantilla y no vuelvo a pensarlas.
Cuánto tiempo se tarda de verdad
Una presentación de unas quince pantallas, desde que escribo lo que quiero contar hasta que está publicada, me lleva bastante menos de una hora. La mayor parte de ese tiempo es decidir qué digo, que es lo que costaría igual con cualquier herramienta.
El montaje en sí son minutos. Y esa es la parte que cambia la ecuación: cuando el montaje deja de doler, haces presentaciones para cosas que antes no las merecían. Un vídeo corto, una explicación a un cliente, un resumen de algo interno.
Al final la pregunta no es si las presentaciones web son mejores. Es cuántas presentaciones dejas de hacer porque montarlas te da pereza. Yo dejaba de hacer muchas.
El resto de piezas de mi montaje para producir contenido las tengo juntas en herramientas del creador con IA.
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Si quieres montar cosas así desde cero, sin saber programar, el curso va exactamente de este proceso.
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