Crear un producto nuevo o mejorar el que tienes: la trampa de emprendedor con TDAH

Crear algo nuevo siempre parece más urgente que mejorar lo existente. Pero la mayoría de las veces el problema no es el producto. Eres tú y tu umbral de.

Llevas meses con el mismo producto.

Funciona. No perfectamente, pero funciona. Los clientes están contentos, más o menos. Las ventas se mantienen. Hay cosas que podrías mejorar, pequeñas fricciones que se podrían pulir, puntos del proceso que están flojos.

Pero en tu cabeza ya hay una idea nueva.

Un producto distinto. Un ángulo diferente. Algo que todavía no existe y que podría ser mejor que lo que tienes. Y esa idea nueva tiene una energía que lo existente ya no tiene. Es emocionante pensar en ella. Es aburrido trabajar en lo que ya conoces.

Y ahí empieza el problema.

¿Por qué siempre parece más urgente lo nuevo?

Porque el cerebro con TDAH tiene una relación particular con la novedad.

Lo nuevo activa dopamina. Lo conocido no. No importa que lo conocido funcione y lo nuevo sea todavía una hipótesis sin validar. La señal química que recibes de cada uno es completamente diferente.

Cuando piensas en el producto nuevo, sientes energía, claridad, motivación. Cuando trabajas en el producto existente, sientes fricción, aburrimiento, una ligera resistencia que interpretamos como señal de que "ya no es el momento" o "esto ya ha llegado a su techo".

Pero esa señal no es información sobre el mercado. Es información sobre tu umbral de aburrimiento.

La trampa es interpretar el aburrimiento con lo existente como diagnóstico de negocio. "Si no me aporta energía, es que ya no tiene potencial." No necesariamente. A veces lo que no tiene potencial es tu paciencia para seguir trabajando en algo que ya conoces bien.

¿Cuándo tiene sentido crear algo nuevo?

Cuando lo existente tiene un techo real, no percibido. Cuando el mercado ya no crece, cuando la competencia ha cambiado las reglas, cuando has exprimido genuinamente las posibilidades de lo que tienes.

Cuando hay una oportunidad real que lo existente no puede capturar. No una oportunidad que has inventado para justificar la distracción. Una real, con evidencia.

Cuando tienes los recursos para lanzar algo nuevo sin comprometer lo que ya funciona. Porque crear mientras lo existente se descuida es la receta para perder los dos.

¿Cuándo no tiene sentido?

Cuando la razón principal es el aburrimiento. Cuando llevas menos tiempo del necesario con el producto actual para saber si funciona de verdad. Cuando el síntoma es que "ya no me emociona" sin que haya datos que respalden que el mercado ha dejado de responder.

En ese caso, lo que necesitas no es un producto nuevo. Es un sistema para sostener el trabajo en lo que ya tienes cuando la novedad inicial ha desaparecido. Que es exactamente donde el TDAH te va a fallar si no tienes estructura.

El foco como músculo del emprendedor

¿Qué pregunta hacerse antes de tomar la decisión?

"Si tuviera exactamente la misma energía y entusiasmo que tuve al lanzar esto, ¿qué haría con el producto existente?"

Si la respuesta incluye mejoras reales, iteraciones posibles, segmentos de clientes sin explorar, eso es lo que toca trabajar. El aburrimiento es el obstáculo, no la señal.

Si la respuesta es "básicamente lo que tengo ya está bien y no hay mucho más que hacer", entonces la conversación sobre crear algo nuevo tiene más sentido.

La diferencia entre ambas situaciones es importante. Una es una limitación de tu energía. La otra es una limitación del producto.

Solo una de las dos justifica empezar de cero.

Esto también aplica cuando el negocio depende demasiado de ti: añadir un producto nuevo antes de sistematizar el existente no escala nada. Solo divide tu atención entre más cosas que dependen de ti para funcionar.

Antes de crear, termina.

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