Estoy matando mi fuente de ingresos y lo estoy haciendo a propósito
El contenido que quiero hacer no es el que me da de comer. Y aun así voy a seguir haciéndolo. Por qué estoy pivotando mi canal de YouTube sabiendo que duele.
Voy a contar algo incómodo. El contenido que me apetece hacer no es el que paga las facturas.
Y aun así lo estoy haciendo. A sabiendas. Sin paracaídas. Sin plan B. Como el que se tira de cabeza a una piscina sin comprobar si hay agua.
Esto se llama pivotar un canal. O pegarse un tiro en el pie. Depende del día.
¿Por qué no puedes cambiar de tema sin más?
Porque YouTube no es un blog donde tú publicas lo que te da la gana y la gente entra si le interesa. YouTube es un algoritmo, y el algoritmo es un bicho que ha aprendido a ponerte delante de ciertas personas porque tú hablabas de ciertas cosas. Y si de repente cambias el qué, el algoritmo se queda mirándote con cara de "perdona, ¿pero tú quién eres?".
Las buenas prácticas del manual te lo dicen claro. Un canal, un nicho. Si quieres hablar de otra cosa, ábrete otro canal. Punto. Aparca el viejo, empieza de cero y listo.
Yo llevo años hablando de Notion. Mi canal creció con eso. La gente me conoció así. Y ahora resulta que me apetece hacer otra cosa.
Podría hacerle caso al manual. Abrir un canal nuevo, empezar de cero, dejar el otro en modo museo. Pero no me da la gana. Porque la audiencia que tengo no la tengo por Notion. La tengo porque hay miles de personas con TDAH, con cerebros dispersos, con la misma cabeza caótica que tengo yo, que se han quedado por lo que cuento más allá de la herramienta de turno.
Y eso no se replica abriendo otro canal. Eso se pierde.
¿Qué pasa cuando el algoritmo no sabe qué hacer contigo?
Pasa esto. Que estoy en tierra de nadie.
Llevo una temporada intentando hacer la transición y lo que he conseguido es liar al algoritmo del todo. Si ahora vuelvo a hacer un vídeo de Notion, no sabe dónde meterlo. Si hago un vídeo del día a día, tampoco. He roto la etiqueta que el sistema me tenía puesta y todavía no he construido la nueva.
Y esto, aunque suene a desastre, está bien.
Significa que la cosa está cambiando. Que el algoritmo está dejando de verme como "el tío de Notion" y todavía no sabe verme como otra cosa. Es el limbo. La pausa antes de que el sistema entienda quién eres ahora.
El problema no es estar en el limbo. El problema es cuánto dura el limbo.
Y ahí es donde entra el miedo. Porque mi negocio depende en buena parte de que esos vídeos funcionen. Y pivotar no es gratis. Pivotar tiene un coste muy concreto que se paga en analíticas bajando, en vistas cayendo, en ingresos que dejan de entrar mientras el algoritmo se aclara.
Esto es lo mismo que me encuentro cada vez que algún creador se sienta conmigo a hablar de su canal. El algoritmo no es el enemigo, es un espejo de lo que has publicado. Y cuando cambias de reflejo, el espejo tarda en ajustarse.
El dilema que tiene todo creador tarde o temprano
Este es un punto al que llegan casi todos los creadores en algún momento. El día en que te das cuenta de que el nicho donde te metiste, el que te dio tu primera audiencia, ya no te interesa. O no solo te interesa eso. O eres mucho más que eso.
Y hay dos formas de lidiar con ese momento.
La primera es no cambiar. Seguir dándole al mismo palo porque es lo que funciona, porque paga, porque es lo seguro. Y acabar quemado. Odiando tus propios vídeos. Grabando a desgana. Notándose en pantalla.
La segunda es cambiar. Asumir el coste, pegar el tirón, aceptar que vas a pasar una temporada por el desierto y confiar en que al otro lado hay algo mejor.
Si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí, por cierto. Pensando en voz alta, como hago siempre.
Yo he elegido la segunda. No porque sea más valiente ni más inteligente. Sino porque la primera me estaba convirtiendo en un tío que no me caía bien.
"He venido a jugar y va a pasar lo que tenga que pasar"
Esta es la frase que me repito cuando el miedo aprieta. Y aprieta bastante, no te voy a engañar.
Me tiré a la piscina de cabeza. Sin agua. Sin manguitos. Sin ningún tipo de protección. Porque al final, si has decidido que tu contenido va a ser el que tú quieres hacer y no el que el algoritmo te pide, hay un momento en el que o lo haces o no lo haces.
Y yo no he venido a hacer un canal que funcione sin mí. He venido a hacer un canal que me represente a mí. Si eso implica perder vistas por el camino, vale. Si implica que el algoritmo me ignore seis meses, vale. Si implica tener que replantear todo el negocio porque mis ingresos principales ya no vienen de donde venían, vale también.
Esto último parece una tragedia, pero no lo es. Es simplemente cambiar la estrategia. Mover las piezas. Apoyarme en la formación en lugar de en la afiliación de herramientas, apoyarme en el email en lugar de en las vistas de YouTube, construir una lista de correo que no dependa de ningún algoritmo.
No es un problema. Necesita tiempo, eso sí. Y paciencia. Y dormir con la incertidumbre de no saber cuánto va a durar el ajuste.
Cosas que van a cambiar en los vídeos
La duración, para empezar.
Antes estaba pendiente de alargarlo todo. Un vídeo de 10 minutos, de 15, que durara lo que tocaba durar según lo que se supone que YouTube premia. Y muchas veces acababa repitiéndome. Decía lo mismo de tres maneras distintas para llenar. Ya por costumbre. Por pura inercia del formato.
Ahora me da igual.
Si un vídeo dura cuatro minutos, dura cuatro minutos. Si dura dos, dos. Si dura veintisiete, veintisiete. Lo que tenga que durar. No voy a inflar contenido para contentar al reloj. La gente no se queda porque tu vídeo sea largo. Se queda porque lo que cuentas le interesa.
Y la temática.
Voy a seguir siendo un creador con una cabeza muy concreta. Una persona con TDAH, dispersa, que te cuenta cómo resuelve sus problemas cotidianos. Las herramientas que usa, los gadgets, las ideas raras que se le ocurren, las reflexiones del día. No un tío que habla de una sola app. Un tío que habla de cómo se las apaña con su puñetero cerebro, que es lo que de verdad interesa a la gente que lleva ahí meses.
Eso es nicho también. Solo que es un nicho más ancho, más honesto y mucho más mío.
El miedo sigue ahí, pero no manda
No te voy a mentir. Tengo miedo. Bastante. De que la cosa no vaya como espero, de que el algoritmo tarde más de la cuenta en entenderme, de que el negocio se resienta durante el proceso.
Pero tengo fe. Y tengo algo más valioso que la fe, que son años de haberme equivocado lo suficiente como para saber que las veces que mejor me han ido las cosas han sido siempre las mismas. Las que he hecho caso a mi intuición aunque racionalmente no fuera lo que el manual decía.
Además, sé que pase lo que pase voy a sacar algo adelante. Tengo red. Tengo formaciones que funcionan. Tengo una lista de correo. Tengo una relación con una audiencia que no se construyó en tres días y que no se pierde en una semana porque cambie el tipo de vídeo que subo.
Me la puedo jugar. Y me la estoy jugando.
Dentro de un año o dos me gustaría grabar otro vídeo reaccionando a este. Diciendo: menos mal que hice caso a mi intuición. O diciendo: menos mal que aprendí la lección de lo mal que salió. Cualquiera de las dos cosas me vale. Lo que no me vale es no haberlo intentado.
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