El pitch perfecto no existe: vende con la verdad
No necesitas un guion de ventas perfecto. Necesitas decir la verdad sobre lo que haces y por qué lo haces. Así se vende con TDAH.
Llevo años intentando tener un pitch perfecto.
Un párrafo. Treinta segundos. La frase que haga que la persona que tienes delante diga "hostia, necesito eso". Me he grabado, me he escuchado, me he reescrito el pitch entero 47 veces en un Notion que después abandoné como quien abandona un gimnasio en febrero.
Y un día, en una comida con un tío que acababa de conocer, me preguntó qué hacía. Y en vez de soltar la frase pulida, le dije la verdad.
"Pues mira, tengo TDAH, y ayudo a gente con TDAH a no arruinar su negocio por culpa de su cerebro. Porque yo arruiné el mío primero."
El tío se quedó callado dos segundos. Y luego dijo: "Joder, eso es exactamente lo que le pasa a mi hermano."
Vendí más en esa comida con una frase espontánea que en tres meses con un pitch ensayado.
¿Por qué tu cerebro TDAH odia los guiones de venta?
Porque los guiones requieren secuencia. Y tu cerebro no funciona en secuencia. Funciona en explosiones.
Te aprendes el pitch. Lo ensayas. Te lo sabes de memoria. Y en el momento de soltarlo, tu cerebro hace una de estas:
- Se queda en blanco. Como un PowerPoint que no carga.
- Empieza bien pero a la tercera frase ya estás hablando de otra cosa.
- Lo suelta tan rápido que suena a teleoperador de compañía telefónica.
Y entonces piensas que no sabes vender. Que no sirves para esto. Que necesitas un curso de ventas, un mentor, un guion mejor.
No necesitas nada de eso. Necesitas dejar de fingir.
La verdad vende más que cualquier estructura
He tenido llamadas de venta que me daban más miedo que hablar en público. Las preparaba con bullet points, con objeciones previstas, con un cierre ensayado. Y cuando llegaba el momento, sonaba a robot.
Las veces que he vendido de verdad, las veces que alguien me ha dicho "quiero trabajar contigo", no fue por mi pitch. Fue por una historia. Una verdad. Algo que dije sin pensar.
"Yo también he estado ahí. Mi padre tuvo que llamar a mis clientes porque yo no podía ni coger el teléfono."
Eso no lo ensayas. Eso lo vives. Y cuando lo dices, la persona que tienes delante lo nota. Nota que no estás vendiendo. Estás compartiendo.
La trampa de "primero aporta valor, después vende"
Este consejo es de los que suenan genial en un reel y luego son un desastre en la vida real.
Porque el cerebro TDAH lo interpreta así: aporta valor infinitamente y no vendas nunca. Así no molestas a nadie, no te rechazan, y puedes seguir cómodo detrás de la pantalla creando contenido que nadie te paga.
Te lo digo por experiencia. Estuve un año entero creando contenido gratis sin vender nada. Un año. Doce meses de trabajo gratuito porque me daba vergüenza pedir dinero por algo que sabía hacer bien.
No es generosidad. Es miedo al rechazo disfrazado de estrategia de marketing.
Vender no es convencer, es filtrar
Cuando vendes con la verdad, pasa algo raro: la mitad de la gente se va. Y eso está bien. No, en serio. Está genial.
Porque la gente que se queda es la que realmente necesita lo que ofreces. No la que te va a dar problemas, ni la que va a pedir reembolso a los dos días, ni la que te va a escribir a las 11 de la noche con emergencias que no son emergencias.
Tu pitch no tiene que gustarle a todo el mundo. Intentar venderle a todo el mundo es la forma más rápida de no venderle a nadie. Tiene que gustarle a las 10 personas correctas.
¿Y entonces qué digo cuando me preguntan qué hago?
Di lo que te salga. En serio. La frase que te sale cuando estás relajado, tomando una cerveza, sin pensar en KPIs ni en tasas de conversión. Esa es tu verdad. Ese es tu pitch.
Si tu verdad es "ayudo a emprendedores con TDAH a no pegarse un tiro financiero", ese es tu pitch. Si suena raro, bien. Si suena poco profesional, mejor. Porque emprender con TDAH ya es un deporte de riesgo. No necesitas sonar profesional. Necesitas sonar real.
La gente no compra perfección. La gente compra a alguien que ha estado donde ellos están y ha salido. No con una masterclass de 297 euros. Con cicatrices.
Y si no me crees, pruébalo. La próxima vez que alguien te pregunte qué haces, no le sueltes el elevator pitch. Cuéntale la verdad. La fea. La incómoda.
Te garantizo que venderás más.
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