Haz menos. En serio.
Más proyectos, más tareas, más canales. El emprendedor con TDAH siempre quiere hacer más. Pero el crecimiento real llega cuando aprendes a hacer menos y.
La primera vez que alguien me dijo "haz menos" pensé que era uno de esos consejos vagos que suena bien pero no sirve para nada.
El problema era que yo tenía demasiadas ideas buenas. Eso no es un eufemismo. Las ideas eran buenas de verdad. El problema era que eran cuatro al día y solo tenía energía para ejecutar bien una cada dos semanas.
Cuatro ideas al día que no ejecutas bien no son cuatro activos. Son cuatro borradores de abandono.
¿Por qué el emprendedor con TDAH tiende a hacer demasiado?
Porque la mente va más rápido que las manos.
El cerebro con TDAH genera conexiones constantemente. Ve oportunidades en todos lados. Ve cómo una idea lleva a la siguiente. Ve proyectos donde otros ven vacíos. Y eso, bien gestionado, es una ventaja real en los negocios.
Mal gestionado, es el camino más rápido al caos.
Porque cada idea que no se convierte en "no" se convierte en "quizás". Y el quizás no desaparece. Se queda en algún rincón de la cabeza, ocupando espacio, compitiendo por atención con las cosas que ya tienes en marcha. Acumulas quizases hasta que el peso de todo lo que podrías estar haciendo te impide hacer bien lo que estás haciendo.
¿Cuántas cosas se pueden hacer bien al mismo tiempo?
Menos de las que crees.
No hay un número universal. Pero hay un test sencillo: ¿puedes decir con claridad cuál es el proyecto más importante de tu negocio ahora mismo y cuánto tiempo le has dedicado esta semana?
Si tardas más de tres segundos en responder, tienes demasiadas cosas.
Si la respuesta es "bueno, depende, tengo varios importantes", tienes demasiadas cosas.
Si la respuesta es diferente el lunes que el jueves, tienes demasiadas cosas.
Uno. En serio. Un proyecto principal al que va el grueso de tu energía. Lo demás puede existir, pero no puede competir en prioridad. El emprendedor que pivotar o persiste con demasiadas cosas a la vez no toma decisiones. Las aplaza. Y el aplazamiento de decisiones es el coste oculto más grande que existe en un negocio.
¿Qué pasa con las ideas que no ejecutas?
La mayoría desaparece sola.
Eso que te parecía urgentísimo el martes, el jueves siguiente ya no te parece tan necesario. El proyecto que ibas a lanzar el mes que viene, tres meses después ni te acuerdas. No todas las ideas que tu cerebro genera son buenas. Muchas son estimulantes. Son distintas cosas.
La idea estimulante activa el sistema de recompensa del cerebro. Es nueva. Tiene posibilidades. No tiene todavía el peso del trabajo real que requiere. Claro que la quieres ejecutar. Pero si esperas dos semanas, muchas de esas ideas te parecen peores de lo que parecían.
Un sistema simple: apunta las ideas en algún sitio y revisalas en dos semanas. Las que siguen pareciendo buenas después de dos semanas merecen consideración. Las que ya no emocionan, no las habrías ejecutado bien de todas formas.
¿Por qué hacer menos es más difícil que hacer más?
Porque hacer más tiene la forma del esfuerzo.
Cuando tienes seis proyectos activos parece que estás trabajando mucho. Cuando tienes uno, aunque estés dándole todo, parece que estás haciendo menos. El ego no lo tolera fácil.
Además, decir que no a proyectos nuevos requiere una claridad sobre lo que realmente importa que muchos emprendedores no tienen. Si no sabes con certeza cuál es tu prioridad, cualquier oportunidad nueva parece tan válida como lo que ya tienes. Y decir que no a lo que podría ser una oportunidad da miedo.
El emprendedor que aprende a delegar empieza por aprender a eliminar. Porque no puedes delegar lo que no has elegido conscientemente no hacer tú. Primero decides qué no existe. Luego decides qué no haces tú. Es en ese orden.
Haz menos. Pero hazlo tan bien que no tenga competencia.
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