Cómo pedir feedback de verdad en vez de cumplidos con forma de opinión

Pedir feedback a las personas equivocadas, con las preguntas equivocadas, solo te da cumplidos disfrazados de validación. Así es como funciona el feedback.

Le mandas tu página de ventas a tres amigos y te dicen que está muy bien.

Le enseñas tu nuevo producto a tu pareja y te dice que le parece genial. Le preguntas a tu hermano qué le parece tu precio y te dice que lo ve correcto. Le pides opinión a alguien de tu red sobre tu contenido y te dice que está chulo, que sigue así.

Y tú, con esa información, tomas decisiones. O no las tomas, que es igual de malo.

El problema no es que te hayan mentido. El problema es que te han dado lo que le pediste a quien se lo pediste. Y eso no tiene nada que ver con lo que necesitabas.

¿Por qué el feedback que recibes habitualmente no sirve para nada?

Porque la persona que te da feedback tiene dos objetivos en conflicto: darte información útil y no dañar la relación contigo.

Cuando esos dos objetivos entran en conflicto - y casi siempre entran en conflicto, porque la información útil suele ser incómoda - gana el segundo. Siempre. No porque sean cobardes o malas personas. Porque esa es la función social del feedback informal: reforzar el vínculo, no optimizar tu negocio.

Tu amigo no sabe lo que piensa tu cliente objetivo. Tu pareja no puede predecir si ese precio es demasiado alto para el mercado al que te diriges. Tu hermano no ha tenido que decidir si comprar algo parecido a lo tuyo nunca. No tienen la información que necesitas para dártela. Solo tienen la voluntad de no hacerte sentir mal.

Y tu cerebro con TDAH, que busca validación de forma activa porque la dopamina responde muy bien a la aprobación social, toma esos cumplidos como señal de que vas por buen camino. Cuando lo único que confirman es que tus allegados te quieren.

¿A quién le pides feedback y cómo se lo pides?

El feedback útil viene de personas que han pagado por algo parecido a lo tuyo, que son tu cliente objetivo real, o que tienen experiencia específica en el área que estás evaluando.

No es lo mismo pedirle feedback a un amigo emprendedor que a alguien que ha comprado exactamente este tipo de producto. El primero puede darte perspectiva de emprendedor. El segundo puede decirte si lo compraría o no, y por qué. Eso es radicalmente diferente.

La pregunta también importa. "¿Qué te parece?" abre la puerta al cumplido. "¿Qué es lo primero que cambiarías?" o "¿qué te frena a comprarlo?" o "¿qué parte no te queda clara?" obliga a buscar algo concreto. El cerebro no puede responder esas preguntas con "está muy bien". Tiene que pensar.

Y hay una pregunta que pocas personas se atreven a hacer directamente: "¿Lo comprarías tú? ¿Por qué no?". Es directa, incómoda, y te da información real. Las personas que dicen que sí cuando en realidad es no, se notan. Las que dicen que no y te explican por qué, te están regalando algo valioso.

¿Qué haces cuando el feedback que recibes sí es real pero no quieres escucharlo?

Ese es el problema verdadero. No el feedback falso. El feedback verdadero que no quieres creer.

Alguien te dice que el precio es demasiado alto y buscas tres razones para justificar que no. Alguien te dice que la propuesta de valor no está clara y decides que es porque no entiende el mercado. Alguien te dice que el diseño está anticuado y lo descartas porque "es una opinión personal".

Hay un patrón en esto: cuando el feedback duele, lo rechazamos. Cuando valida, lo amplificamos. Y así construimos una imagen del negocio que tiene muy poco que ver con la realidad.

El feedback útil muchas veces duele. No porque quien lo da quiera herirte, sino porque señala algo real. Y cuando alguien señala algo real que no habías querido ver, la reacción natural es el rechazo. Como cuando el perfeccionismo paraliza en vez de proteger: no es que el estándar sea demasiado alto, es que no quieres ejecutar porque ejecutar revela la verdad.

Aprende a notar cuándo rechazas feedback porque es incorrecto y cuándo lo rechazas porque es correcto y es incómodo. La diferencia está en cómo te sientes al recibirlo. El feedback incorrecto produce frustración o indiferencia. El feedback correcto que no querías escuchar produce algo más parecido a la incomodidad reconocible.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

Esa incomodidad es la señal. No la ignores.¿Tu TDAH está saboteando tu negocio? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes dónde se te escapa el dinero.

Relacionado

Sigue leyendo