Cuando tus padres no entienden tu negocio y tú ya has dejado de intentar explicarlo

Les dices que vendes cursos online. Te preguntan si es como ser profesor. Les explicas el embudo. Te miran como si hablaras en otro idioma. Y en algún.

La primera vez se lo explicaste bien.

Les dijiste que tenías un negocio online. Que creabas contenido, que construías una audiencia, que vendías formación a esa audiencia. Usaste palabras sencillas. Hiciste analogías. Viste en sus caras que algo no cuadraba pero que hacían el esfuerzo de seguirte.

La segunda vez fue más corta. La tercera, más corta todavía. Y en algún punto, sin que lo decidieras exactamente, dejaste de explicarlo.

Ahora cuando te preguntan qué haces, dices "trabajo con internet" y cambias de tema.

¿Por qué es tan difícil explicar este tipo de negocio?

Porque el modelo de negocio no existe en el mapa mental de la generación que te crió.

Tus padres entienden trabajo porque hay un jefe que te paga por hacer algo concreto en un lugar concreto durante horas concretas. Entienden negocio porque hay una tienda, un local, un producto físico, algo que se ve y se toca. Pero un negocio que existe en internet, que vende conocimiento, que genera ingresos mientras duermes, que no requiere estar en un sitio específico y que en los meses buenos facturas más que en un trabajo estable y en los malos no sabes cuánto vas a ingresar... eso no cabe en ninguna categoría que tengan disponible.

No es falta de inteligencia. Es falta de referentes. Ellos no conocen a nadie que haga esto. No tienen un cajón mental donde meterlo. Y cuando el cerebro humano no tiene cajón para algo, lo aproxima a lo más parecido que conoce. Que suele ser bastante lejano a la realidad.

Tu padre sigue creyendo que eres "como un profesor pero por internet". Tu madre le dice a sus amigas que "trabajas con ordenadores". Y tú ya no corriges porque la corrección requiere una conversación de media hora que acaba con ellos más confundidos que al principio.

¿Qué es lo que realmente molesta de que no entiendan?

Que la incomprensión viene cargada de preocupación no pedida.

Si no entendieran y les diera igual, sería fácil. Pero no les da igual. La incomprensión viene con preguntas cargadas de ansiedad. "¿Y si un mes no ingresas nada?" "¿Tienes plan de pensiones?" "¿Por qué no buscas algo más estable?" "Tu primo trabaja en una empresa muy bien, ¿no podrías tú también?"

No lo dicen con mala intención. Lo dicen porque te quieren y porque les genera angustia no entender cómo funciona lo que haces. La incertidumbre de tu modelo de negocio se convierte en su incertidumbre también, amplificada, porque encima no tienen el contexto para gestionarla.

Y eso cansa. Porque ya llevas bastante con tu propia incertidumbre como para gestionar también la de ellos.

La soledad del emprendedor que nadie entiende tiene muchas formas. Esta es una de las más silenciosas: la sensación de que en tu propia casa, en las personas que más te conocen, hay una parte de tu vida que es completamente invisible.

¿Hay que conseguir que lo entiendan?

No necesariamente.

Hay cosas que no necesitan ser comprendidas para ser respetadas. Y el respeto puede existir sin la comprensión completa. Tus padres pueden no entender exactamente qué haces y aun así confiar en que sabes lo que haces. Eso es suficiente. No perfecto, pero suficiente.

Lo que sí merece tu atención es la necesidad de su validación. Si parte de la frustración viene de querer que entiendan porque necesitas que aprueben, eso es un trabajo tuyo, no de ellos. La separación de tu autoestima de lo que opinen los demás sobre tu negocio incluye también los demás más cercanos.

El día que dejas de necesitar que lo entiendan para sentir que está bien lo que haces, la conversación en la comida del domingo se vuelve mucho más ligera.

Les puedes contar lo que pasa. O no. Y las dos opciones están bien.

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