Olvidar comer con TDAH: cuando tu cerebro no registra que tienes un cuerpo

Con TDAH puedes pasar horas sin comer y no darte cuenta. No es disciplina, es un cerebro que ignora las señales del cuerpo.

Son las 5 de la tarde. No he comido. No tengo hambre. Bueno, sí tengo hambre, pero mi cerebro no me lo ha dicho porque estaba ocupado con otras 47 cosas.

Y cuando por fin me levanto de la silla, no es porque sienta hambre. Es porque me mareo.

Así funciona. No es que decida no comer. No es que esté haciendo intermitente a propósito ni que me haya olvidado "un poquito". Es que mi cerebro, literalmente, no registra la señal. El estómago manda el mensaje, pero nadie contesta al teléfono. El cerebro está en otra llamada. En tres llamadas, en realidad. Y ninguna de ellas es "oye, que llevas 8 horas sin meter comida en tu cuerpo".

A las 5 de la tarde abro la nevera, me quedo mirando los estantes como si esperara que alguien me diera instrucciones, cojo un trozo de queso y vuelvo al portátil. Eso no es una comida. Eso es un parche de supervivencia.

Y lo peor es que ni siquiera me preocupa. Porque no me doy cuenta de que es un problema hasta que alguien me dice "¿has comido hoy?" y tengo que pensarlo durante 10 segundos antes de contestar.

¿Por qué el TDAH te hace olvidar que tienes cuerpo?

Porque tu cerebro funciona por prioridades. Pero no las tuyas. Las suyas.

Un cerebro neurotípico gestiona varias señales a la vez: hambre, sed, cansancio, ganas de ir al baño, temperatura. Las procesa en segundo plano sin que tengas que pensar en ellas. Es como el sistema operativo de un ordenador manteniendo los procesos básicos mientras tú trabajas en otra cosa.

Un cerebro con TDAH no hace eso. Cuando está metido en algo, apaga todos los procesos de fondo. Todo. El hambre, la sed, la necesidad de ir al baño, el dolor de espalda. Todo queda en silencio mientras la cosa que te tiene enganchado ocupa el 100% de los recursos.

Y no es solo cuando estás en hiperfoco. También pasa cuando estás saltando entre tareas, cuando estás en modo caos, cuando tienes la cabeza en 12 sitios a la vez. En esos momentos tu cerebro tampoco tiene ancho de banda para procesar que llevas horas sin comer. Está demasiado ocupado intentando no perder el hilo de las otras 47 cosas.

El resultado es que tu cuerpo manda señales y tu cerebro las manda a spam.

No es falta de apetito, es falta de recepción

Esto es importante. Porque mucha gente confunde "no tengo hambre" con "no necesito comer". Y no es lo mismo.

Tienes hambre. Tu estómago está vacío. Tu cuerpo necesita combustible. Pero la señal no llega. O llega tan bajita que tu cerebro la descarta como si fuera un email de newsletter que nunca abriste.

Y cuando por fin la señal es lo suficientemente fuerte como para interrumpirte, ya no es hambre. Es hambruna. Es un bajón de azúcar que te deja temblando, con la cabeza nublada, de mal humor y sin capacidad para decidir qué comer. Porque ahora encima de tener hambre extrema tienes que tomar una decisión. Y tomar decisiones con hambre y TDAH es como intentar resolver un puzzle con los ojos cerrados.

Así que haces lo de siempre. Abres la nevera 6 veces y acabas cenando cereales. O pides comida a domicilio. O comes lo primero que pillar que no requiera preparación. Pan con lo que sea. Galletas. Un plátano y un café. Cena de campeones.

Y al día siguiente, lo mismo.

La trampa de la medicación

Si tomas medicación para el TDAH, esto se multiplica.

Los estimulantes suprimen el apetito. Es uno de los efectos secundarios más comunes. Así que no solo tienes un cerebro que ignora las señales de hambre, sino que además la medicación las reduce activamente. Doble silenciador.

Hay gente que con la medicación come una vez al día. Y no porque esté eligiendo. Sino porque genuinamente no siente hambre hasta las 8 de la noche cuando el efecto se pasa. Y entonces come como si llevara tres días en el desierto.

No voy a decirte que dejes la medicación. Si te funciona, te funciona. Pero sí voy a decirte que la medicación no te quita la responsabilidad de alimentarte. Solo hace que sea más difícil recordarlo. Lo cual es la hostia de irónico, porque la medicación se supone que te ayuda a funcionar mejor, pero te hace olvidar la cosa más básica que necesitas para funcionar: comer.

¿Y qué hago entonces?

No voy a darte un plan de nutrición. No soy nutricionista ni pretendo serlo. Pero sí puedo contarte lo que funciona para un cerebro que no registra las señales del cuerpo.

Alarmas. Sí, alarmas para comer. Suena absurdo. Suena a que estás roto. Pero es que nadie pone alarmas para comer porque se supone que el hambre te avisa. Y el tuyo no te avisa. Así que pones una alarma a la 1 y otra a las 8. No negociables. Suena la alarma, comes algo. Lo que sea. Pero comes.

Comida visible. Misma regla que con las llaves y el gancho de la puerta. Si no lo ves, no existe. Pon fruta en un bol encima de la mesa. Pon frutos secos en un tarro transparente al lado del portátil. Si tu cerebro lo ve, tiene más probabilidades de registrar "ah, eso se come". Si está dentro del armario, olvidado.

Cero decisiones. No te pongas a pensar qué comer a las 2 de la tarde con hambre y el cerebro frito. Eso es pedirle a tu cerebro algo que no puede hacer en ese momento. Decide la noche anterior. O mejor: come lo mismo todos los días entre semana. Suena aburrido. Funciona de maravilla. Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina, y quitarle decisiones es darle oxígeno.

Comer no es un premio. Es combustible. No tienes que "ganarte" la comida siendo productivo primero. No tienes que "terminar esto" antes de comer. Comes y luego sigues. Siempre. Sin negociar.

Tu cerebro no te odia, pero no te cuida

Esto es lo que intento entender cada día.

Mi cerebro no me ignora a propósito. No es malicia. Es un sistema operativo diferente que asigna recursos de manera diferente. Y en esa asignación, las funciones corporales básicas pierden prioridad frente a lo que sea que tenga la atención en ese momento.

No es pereza. No es un trastorno alimentario. No es "ya comeré luego". Es un cerebro que cuando está ocupado, y siempre está ocupado, olvida que vive dentro de un cuerpo que necesita mantenimiento.

Y el cuerpo no espera. No se queda en pausa hasta que tú decidas prestarle atención. Se va deteriorando en silencio. Te baja el azúcar, te falla la concentración, te duele la cabeza, te pones irritable. Y tú piensas "vaya día tan malo" sin darte cuenta de que llevas 9 horas funcionando con un café y medio trozo de queso.

No es un día malo. Es un cuerpo pidiendo a gritos lo que tu cerebro no le deja escuchar.

Pon la alarma. Come algo. Tu cerebro no va a hacerlo por ti.

No soy médico. Todo lo que lees aquí viene de vivir con TDAH, no de diagnosticarlo. Para eso necesitas un profesional.

Si esto de olvidar comer, ignorar señales del cuerpo y funcionar en modo automático te suena familiar, quizá no es solo "ser despistado". Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro funciona así.

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