No todo es culpa del TDAH y hay que aceptarlo

El TDAH explica muchas cosas pero no todo. Llega un momento en que tienes que distinguir entre lo que es neurología y lo que es una decision que tomaste.

El diagnóstico de TDAH fue un alivio. Después de años pensando que era un vago, un irresponsable o simplemente alguien que no terminaba las cosas, tener una explicación médica fue como soltar una mochila que llevabas años cargando sin saber que estaba ahí.

Y entonces empieza el otro problema.

Porque el diagnóstico se convierte en una herramienta muy útil. Demasiado útil. Tan útil que empiezas a usarla para todo. ¿Llegué tarde? TDAH. ¿No terminé el proyecto? TDAH. ¿Le respondí mal al cliente? TDAH. ¿Gasté más de lo que debía? TDAH.

Y en algún punto hay que parar y preguntarse: ¿o a lo mejor tomé una decisión mala y ya está?

¿Cuándo el TDAH es una explicación y cuándo es una excusa?

La diferencia no siempre es obvia. Y el ego no te ayuda a distinguirla porque el ego prefiere la explicación neurológica a la responsabilidad personal. Una dice "así estoy hecho". La otra dice "me equivoqué". La primera duele menos.

Pero hay una prueba sencilla: si el TDAH explica el patrón pero no la decisión puntual, es una explicación. Si el TDAH explica cada decisión puntual independientemente, es una excusa.

Me explico. El TDAH puede explicar que tengo dificultad para estimar tiempos. Eso es neurología. Pero si prometí un plazo que sabía que era imposible cumplir porque no quería decepcionar al cliente en ese momento, eso no es TDAH. Eso es que tomé una decisión cobarde y debo hacerme cargo de ella.

¿Qué decisiones malas metí en la caja del TDAH que no pertenecían ahí?

Muchas. Pero la que más me costó admitir fue la del dinero.

Durante mucho tiempo expliqué mi mala gestión financiera como consecuencia del TDAH. "Es que no puedo con los números". "Es que no proceso bien la información abstracta". "Es que el dinero a futuro no es real para mi cerebro". Todo verdad, por cierto. Pero toda esa verdad me tapaba otra verdad más incómoda: que tampoco lo había intentado de verdad.

No había buscado ayuda. No había contratado a nadie que llevara las cuentas. No había implementado un sistema sencillo para no perder el control. Había asumido que no podía y había dejado de intentarlo. Y eso no es TDAH. Eso es rendirse antes de empezar.

Cuando facturar no es ganar y llevas meses sin entender por qué, la respuesta puede estar en el TDAH pero también puede estar en que nunca te sentaste a entender realmente tus números. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez.

¿Cómo se acepta esto sin que se convierta en autoflagelación?

Con cuidado. Porque el otro extremo tampoco funciona. El extremo de "deja de excusarte, eres un irresponsable" tampoco es útil. El TDAH es real. Las dificultades son reales. Ignorarlas no te hace más responsable, te hace más frustrante.

La postura útil es la que distingue. El TDAH como contexto, no como absolución. "Tengo dificultad genuina con X, por tanto necesito adaptaciones o sistemas" es sano. "Tengo dificultad con X, por tanto no soy responsable de nada relacionado con X" es el problema.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo

¿Vale la pena llegar a esta conclusión?

Sí. Aunque duela más al principio.

Porque cuando dejas de meter todo en la caja del TDAH, empiezas a ver con más claridad qué sí puedes cambiar. El TDAH no lo controlas. Las decisiones que tomas a pesar del TDAH sí. Y esa distinción es exactamente donde está el margen de mejora real.

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