No todo el mundo necesita escalar: a veces un negocio pequeño es la respuesta

Te dicen que tienes que escalar, crecer, contratar. Pero nadie te pregunta si quieres. Un negocio pequeño y rentable puede ser la mejor decisión.

Facturo lo suficiente. Trabajo las horas que quiero. Tengo tiempo para vivir. Y aun así, cada dos semanas alguien me dice que debería escalar.

"Tío, con tu audiencia podrías facturar el triple." "¿Por qué no contratas a 5 personas y montas una agencia?" "Deberías lanzar un segundo producto, un tercero, un cuarto."

Y siempre sonrío y digo que sí, que ya veremos. Pero por dentro pienso: ¿y si no quiero?

¿Y si un negocio pequeño, controlable, rentable y que me deja vivir es exactamente lo que necesito?

La presión de crecer por crecer

Vivimos en un mundo donde "escalar" es la palabra mágica. Si no estás creciendo, estás muriendo. Si no facturas más cada año, estás fracasando. Si tu equipo no crece, tu ambición es sospechosamente baja.

Es una narrativa que viene de Silicon Valley y que se ha colado en todos los rincones del emprendimiento. Incluido el de un tío que vende cursos online desde Wroclaw. Incluido el tuyo.

Pero esa narrativa tiene un problema gordo: no tiene en cuenta lo que tú quieres. Asume que todo el mundo quiere más. Más dinero, más clientes, más empleados, más responsabilidad. Y no todo el mundo quiere eso.

Hay gente que quiere un negocio que pague sus facturas, le deje tiempo libre, y no le provoque úlceras. Y eso está perfectamente bien. De hecho, es mucho más difícil de conseguir que facturar un millón con 3 empleados y una ansiedad crónica.

Lo que pasa cuando escalas sin querer

Conozco a emprendedores que escalaron porque "era lo que tocaba" y acabaron odiando su propio negocio. Tenían equipo, facturaban bien, y estaban más estresados que cuando empezaron solos.

Porque escalar significa más responsabilidad. Más personas que dependen de ti. Más nóminas. Más reuniones. Más decisiones. Más de todo lo que no te gustaba del trabajo por cuenta ajena y que creías que habías dejado atrás cuando emprendiste.

Más grande no siempre es mejor

El TDAH y los negocios pequeños

A ver, yo tengo una teoría. Y es que los negocios pequeños son ideales para cerebros TDAH.

¿Por qué? Porque en un negocio pequeño tú controlas todo. No en el sentido de micromanagement tóxico, sino en el sentido de que las decisiones son rápidas, los pivotes son instantáneos, y la estructura es simple.

Un cerebro TDAH funciona fatal con burocracia, con procesos largos, con jerarquías. Funciona bien con velocidad, con flexibilidad, con la posibilidad de cambiar de dirección sin pedir permiso a 7 departamentos.

Un negocio de una o dos personas tiene eso. Un negocio de 15 personas no.

No digo que un cerebro TDAH no pueda gestionar una empresa grande. Hay gente que lo hace y lo hace bien. Pero para muchos de nosotros, la felicidad está en lo simple. Y no hay nada de malo en elegir eso.

Señales de que escalar no es para ti

Si la idea de contratar a alguien te genera más ansiedad que emoción. Si cada vez que piensas en "crecer" te imaginas más problemas en vez de más oportunidades. Si lo que más valoras de tu negocio es la libertad y la flexibilidad. Si el dinero extra no te compensa el estrés extra.

Entonces quizás no necesitas escalar. Quizás necesitas optimizar. Hacer más con menos. Cobrar más a menos clientes. Eliminar lo que no funciona en vez de añadir más cosas.

La diferencia entre escalar y optimizar es enorme. Escalar es añadir. Optimizar es quitar. Y con TDAH, quitar suele funcionar mejor que añadir.

El negocio de una persona no es un fracaso

Hay un estigma raro alrededor de los negocios unipersonales. Como si no tener empleados significara que no es un negocio "de verdad". Como si facturar 5.000 al mes tú solo fuera menos legítimo que facturar 50.000 con un equipo de 10.

Pues mira. El tío de los 5.000 sin equipo se queda con 4.500 después de gastos. El de los 50.000 con equipo se queda con 4.000 después de nóminas, herramientas, alquiler, gestoría y los 87 problemas que tiene cada semana.

¿Quién vive mejor? No es una pregunta retórica. De verdad, ¿quién vive mejor?

Elige tu juego

Al final, emprender es elegir a qué juegas. Y hay muchos juegos válidos. No solo el de "crecer hasta ser enorme".

Puedes jugar al juego de la libertad. Un negocio que te da suficiente dinero y suficiente tiempo. Sin empleados, sin oficina, sin complicaciones innecesarias.

Puedes jugar al juego del impacto. Un negocio grande que llega a mucha gente. Con equipo, con estructura, con toda la complejidad que eso implica.

Los dos son válidos. Pero solo tú sabes cuál te hace feliz. No tu mentor. No tu coach. No el tío de LinkedIn que factura millones. Tú.

Porque la soledad del emprendedor ya es bastante dura como para encima estar atrapado en un negocio que no querías tener. Elige el tamaño que te deje dormir. Y si alguien te dice que deberías escalar, pregúntale si él duerme bien.

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