Llevas años dejando que el negocio te devore las noches y no lo llamas adicción

Hay una diferencia entre ser apasionado de tu trabajo y no poder parar aunque quieras. El problema es que desde dentro las dos cosas se sienten igual.

Son las once y media de la noche.

Deberías estar durmiendo. Mañana tienes cosas. Eres consciente de que el cansancio acumulado está afectando tu capacidad de tomar decisiones - lo sabes porque lo has leído, porque lo has notado, porque alguien que te quiere te lo ha dicho ya más de una vez.

Y aun así estás delante de la pantalla. No porque haya una urgencia real. Sino porque hay algo que terminar. Siempre hay algo que terminar.

No lo llamas adicción. Lo llamas pasión. Y es posible que tengas razón. El problema es que si tuvieras una adicción real al trabajo, también lo llamarías pasión. Y desde dentro las dos cosas se sienten exactamente igual.

¿Cuál es la diferencia real entre pasión y adicción al trabajo?

La pregunta correcta no es cuántas horas trabajas. Es si puedes parar cuando quieres.

La pasión tiene también horas largas. El artesano que ama su oficio trabaja mucho. El atleta comprometido entrena cuando no tiene ganas. La pasión puede coexistir con mucho esfuerzo y con sacrificio real.

Pero si te preguntan de dejar de trabajar esta noche y descansar, y puedes hacerlo sin que se monte un ruido interno considerable, probablemente es pasión.

Si la idea de no abrir el portátil esta noche te genera una incomodidad que no tiene proporción con ninguna consecuencia real que puedas identificar - si hay algo que te empuja hacia el trabajo aunque sepas que deberías parar y no seas capaz de ubicar exactamente qué es ese algo - el territorio ya es más complejo.

La adicción al trabajo que ya tiene un post propio en este blog se parece mucho a la pasión en los síntomas externos. La diferencia está en el grado de control sobre cuándo paras.

¿Por qué el emprendedor con TDAH tiene más riesgo?

Hay dos características del TDAH que combinadas crean las condiciones perfectas para esta dinámica.

La primera es el hiperfoco. Cuando algo te engancha de verdad, el tiempo deja de existir. Puedes trabajar durante horas en un estado que se siente muy parecido al flow, sin aburrimiento, sin necesidad de pausas, sin percibir el cansancio físico hasta que ya está muy acumulado.

La segunda es la dificultad con la regulación emocional. Para muchos cerebros con TDAH, el trabajo es también una herramienta de regulación. Cuando estás ansioso, trabajar te da sensación de control. Cuando estás deprimido, un proyecto absorbente te saca del bucle. Cuando la vida personal es complicada, el negocio es el lugar donde las reglas son más claras.

Eso convierte el trabajo en algo que cumple funciones que van mucho más allá de la productividad. Y cuando algo que haces cumple esas funciones, parar se vuelve mucho más difícil de lo que debería.

¿Cómo sabes si el negocio te está devorando o tú lo estás eligiendo?

Hay algunas preguntas que son más útiles que mirar el número de horas.

¿Cuándo fue la última vez que dejaste de trabajar antes de que te agotaras? ¿Tienes algún mecanismo que te haga parar antes de ese punto o siempre esperas a que el cuerpo te obligue? ¿Las personas con las que compartes espacio han dejado de intentar convencerte de que pares porque ya saben que no sirve de nada?

¿Cuando no puedes trabajar - por enfermedad, por una obligación ineludible - lo vives con alivio o con ansiedad?

Las respuestas no te dan un diagnóstico. Te dan información sobre si el patrón que tienes te está costando algo que no estás midiendo.

El negocio que depende completamente de ti no solo es un problema estructural. Es también el síntoma de que no has creado el espacio para que pueda funcionar sin que estés encima de él en todo momento. Y ese espacio empieza por saber cuándo eres tú el que elige estar ahí y cuándo eres tú el que no puede no estar.

Llevarlo las noches siempre no es entrega. A veces es la forma más lenta de arruinar lo que construiste.

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