El precio de ser honesto en internet
Mostrar vulnerabilidad online genera engagement. Pero tiene un coste que nadie te explica antes de empezar a publicar.
El post que más alcance ha tenido en mi vida entera fue el que más me costó publicar.
Hablaba de una época mala. De números que no cuadraban. De dudas reales sobre si lo mío tenía sentido. No era un post bonito. Era incómodo, torpe, demasiado honesto para lo que estaba acostumbrado a publicar.
Le di a publicar temblando. Y en cuarenta y ocho horas tenía más comentarios que en el último mes.
Desde entonces tengo una relación complicada con la vulnerabilidad online.
¿Por qué funciona tan bien mostrar debilidad en internet?
Porque casi nadie lo hace de verdad.
El 90% del contenido de emprendedores en internet es éxito filtrado. Los lanzamientos que fueron bien, los clientes que quedaron contentos, las métricas que subieron. Todo en pasado perfecto, con moraleja aprendida y narrada con la distancia segura de quien ya ha salido del agujero.
Cuando alguien habla desde dentro del agujero, sin saber todavía cómo va a terminar, es tan raro que la gente se detiene. Porque reconocen algo. Porque eso lo están viviendo ellos ahora mismo y nadie más lo está nombrando.
El problema es que lo que parece vulnerabilidad y lo que es vulnerabilidad real son cosas distintas. Hay una diferencia entre contar que tuviste un momento difícil hace dos años y contar que lo estás pasando mal ahora. La primera es narrativa. La segunda es exposición. Y exponerse tiene consecuencias que el algoritmo no tiene en cuenta.
¿Qué pasa después de que publicas algo demasiado honesto?
Que la gente te recuerda por eso.
El post de la época mala me persiguió durante meses. Gente que me escribía para preguntarme cómo estaba. Clientes potenciales que me preguntaban en las llamadas si había superado "aquello". Conocidos que me miraban con esa mezcla de pena y curiosidad que no termina de ser cómoda.
Contaste tu historia. Pero cuando la gente la consume, la guarda con el filtro que a ellos les conviene. Y tú no controlas eso.
Hay contenido que crea audiencia pero no comunidad. El contenido vulnerable suele ser el primero. Atrae atención, genera likes, dispara el alcance. Pero si no hay algo más debajo, si la honestidad es la estrategia y no el resultado de tener algo que decir, la gente que llegó por el drama se va cuando el drama termina.
La línea que no quieres cruzar y que no sabes dónde está hasta que la cruzas
Hay un punto en que la vulnerabilidad deja de ser auténtica y empieza a ser rendimiento.
Cuando empiezas a calcular cuánto te va a funcionar lo que estás a punto de contar. Cuando revisas el post buscando si tiene el tono suficientemente emotivo. Cuando piensas en el titular antes de pensar en si de verdad quieres contarlo.
En ese momento, ya no estás siendo vulnerable. Estás actuando la vulnerabilidad. Y la gente lo nota. No siempre lo dice, pero lo nota.
El contenido que da vergüenza un año después suele ser el más honesto. El que calculaste que funcionaría suele envejecer mal.
¿Cómo decides qué compartir y qué no?
La pregunta que uso es: ¿estaría bien que esto apareciera en un periódico con mi nombre?
No porque vaya a aparecer. Sino porque esa pregunta filtra las cosas que publico desde el impulso del momento y las que publicaría igual con tiempo para pensarlo. Las primeras a veces son las mejores. Pero a veces son las que luego no puedes deshacer.
Hay cosas que son tuyas. Que no tienen que ser del algoritmo. Que la persona con la que estás, tu familia, las personas que te importan, merecen que sean solo suyas antes de que sean del feed.
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