Mi nivel de energía no coincide con el de nadie: estoy activo cuando todos duermen

Si tu energía no sigue horarios normales y estás activo a las 2 de la mañana pero muerto a las 10, no es desorden. Tu cerebro tiene su propio reloj.

Son las dos de la mañana. Mi novia lleva tres horas dormida. El edificio entero está en silencio. Y yo estoy aquí, en el escritorio, con cinco pestañas abiertas, escribiendo como si me fuera la vida en ello.

A las dos de la mañana.

Cuando se supone que debería estar durmiendo. Cuando mañana tengo que madrugar. Cuando sé, porque lo sé perfectamente, que esto me va a pasar factura.

Pero es que a las dos de la mañana es cuando mi cerebro decide funcionar. No a las nueve, cuando abro el portátil y lo miro como si fuera un alien. No a las tres de la tarde, cuando se supone que debería estar rindiendo. A las dos de la mañana. Cuando el mundo se calla. Cuando no hay notificaciones, ni ruido, ni expectativas.

A esa hora, mi motor arranca. Y no hay quien lo pare.

¿Por qué mi energía no tiene horario?

Toda mi vida he funcionado así. A oleadas. Sin patrón. Sin lógica aparente.

Hay días que me levanto y estoy encendido. Desde el minuto uno. Sin café, sin ritual, sin nada. Me siento y trabajo cuatro horas seguidas sin pestañear. Y pienso: "Vaya, hoy me he curado". Como si la cosa fuera un virus que se pasa solo.

Y al día siguiente, nada. Me despierto y es como si alguien hubiera desconectado los cables durante la noche. Misma cama. Misma hora. Misma vida. Pero la energía no está. No es que esté baja. Es que no existe. Mi cuerpo está ahí. Mi cabeza está de vacaciones en un lugar al que no me ha invitado.

Y esto no es cansancio normal. El cansancio normal lo entiendes. Dormiste poco, trabajaste mucho, comiste mal. Tiene causa y efecto. Lo mío no tiene ninguna lógica. Puedo dormir ocho horas y levantarme destruido. Puedo dormir cuatro y estar como una moto. Mi energía va por oleadas que no controlo y llevo años intentando encontrarle un patrón.

No lo tiene.

¿Te suena la rutina de despertarte agotado?

Imagínate un depósito de gasolina. Pero en vez de tener un medidor que va bajando poco a poco, el tuyo funciona a lo loco. A veces está lleno por la mañana. A veces está vacío. A veces se llena de golpe a las once de la noche, justo cuando necesitas dormir.

Pues así funciono yo.

Y el problema no es solo la energía. El problema es todo lo que construyes alrededor de ella. Porque la sociedad entera está diseñada para gente que se levanta a las siete, rinde de nueve a cinco, y se acuesta a las once. Un horario. Una curva de energía. Un patrón predecible.

El mío es todo menos predecible.

Y claro, he intentado forzarlo. He probado levantarme a las cinco de la mañana. Ponerme alarmas. Hacer ejercicio a primera hora. Cenar ligero. Nada de pantallas después de las nueve. Melatonina. Infusiones. El circo entero.

¿Y sabes qué? A veces funciona. Una semana. Dos si tengo suerte. Y luego mi cuerpo vuelve a lo suyo. Como un río al que le pones un dique y que al final encuentra otro camino. Siempre encuentra otro camino.

¿Por qué me agoto cuando los demás están bien?

Hay otra cosa que me fastidia especialmente. El agotamiento desproporcionado.

Voy a una cena con amigos. Dos horas. Buena conversación. Risas. Nada estresante. Y vuelvo a casa como si hubiera corrido una maratón. Necesito una hora en silencio total para recuperarme. Mi novia llega fresca como una lechuga y yo parezco un superviviente de guerra.

O un día de trabajo normal. Ocho horas. Reuniones, tareas, lo de siempre. Mis compañeros terminan y van al gimnasio. Yo termino y necesito tumbarme en el sofá a mirar al techo durante media hora antes de poder hacer otra cosa.

Y me agoto más rápido que los demás, eso ya lo sé. Pero durante mucho tiempo pensé que era un tema de forma física. De dormir mal. De estrés. De mil cosas.

Resulta que no.

Resulta que mi energía no tiene lógica porque el sistema que la gestiona no funciona como el de la mayoría. Y eso tiene una explicación que tardé bastante en encontrar.

¿Y si tu reloj no es que esté roto?

Te voy a contar lo que descubrí.

Mi cerebro tiene TDAH. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Y una de las cosas que nadie te cuenta del TDAH es que afecta directamente a la regulación de la energía.

No es solo atención. No es solo distracción. Es un problema de regulación global. Tu cerebro no regula bien la atención, pero tampoco la energía, ni las emociones, ni el sueño, ni la motivación. Todo funciona con un sistema de dopamina que no produce lo suficiente ni lo produce cuando toca.

Por eso estás encendido a las dos de la mañana y apagado a las diez. Porque tu cerebro no responde a la disciplina, responde a la dopamina. Y la dopamina aparece cuando le da la gana. A veces es la novedad la que la activa. A veces es la presión del último minuto. A veces es el silencio de la madrugada, cuando por fin no hay ruido externo y tu cabeza puede hacer lo suyo.

El DSM-5 habla de dificultades en la función ejecutiva. Y la función ejecutiva es la que gestiona, entre otras cosas, la regulación del arousal. Que es una forma elegante de decir que tu nivel de activación no responde a los mismos estímulos que el del resto.

No es que seas vago por las mañanas. No es que seas búho por elección. No es que "no te cuides". Es que tu cerebro tiene su propio reloj, y ese reloj no coincide con el que te vendieron.

Esto no sustituye un diagnóstico profesional. Si te identificas con lo que lees, consulta con un psicólogo o psiquiatra que conozca el TDAH en adultos.

Entonces, ¿qué hago con un reloj que va a su bola?

Mira, yo no he arreglado esto. No te voy a engañar. Sigo teniendo noches en las que mi cerebro decide encenderse a las once y no se apaga hasta las tres. Sigo teniendo mañanas en las que me despierto como si hubiera dormido en una zanja.

Pero lo que sí he hecho es dejar de pelearme con ello. Dejé de intentar forzar un horario que mi cuerpo rechaza. Dejé de sentirme culpable por no ser una persona de mañanas. Dejé de pensar que si tuviera más disciplina esto se arreglaría.

Porque no se arregla con disciplina. Se gestiona con información. Y la información empieza por entender que hay una razón por la que todo te cuesta más. No es pereza. No es desorden. Es tu cerebro funcionando con un hardware diferente al que diseñó el horario de nueve a cinco.

Si llevas años sin entender por qué tu energía no sigue las reglas de nadie, hice un test de 43 preguntas que puedes hacer en 10 minutos. No es un diagnóstico. Es el primer paso para dejar de forzar un reloj que no es el tuyo y empezar a entender el que tienes.

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