Cuando tu mejor amiga también se diagnostica TDAH
Tu mejor amiga acaba de recibir el diagnóstico de TDAH. Las dos a la vez. Lo que pasa en una amistad cuando el mismo caos tiene por fin el mismo nombre.
Hay una situación que es rara y al mismo tiempo muy frecuente.
Dos amigas que llevan años siendo amigas de esa forma caótica y entrañable que solo ocurre cuando dos personas funcionan igual de raro. Las dos llegan tarde. Las dos se olvidan de responder mensajes y luego se mandan un audio de diez minutos como si no hubiera pasado nada. Las dos tienen proyectos a medias y entusiasmos de duración exacta de dos semanas.
Y entonces una se diagnostica. Y le dice a la otra. Y la otra dice: "Espera, que yo igual también."
No lo conocía ni Dios cuando le pasó a una persona que conozco. Pero luego lo cuento y resulta que es más común de lo que parece.
¿Qué pasa en una amistad cuando las dos tenéis TDAH?
Varias cosas, y no todas las que esperas.
Lo primero que pasa es el reconocimiento. De repente todo el catálogo de situaciones absurdas que habéis protagonizado juntas tiene sentido. Las dos dejando planes a medias. Las dos olvidando que habíais quedado. Las dos teniendo la conversación de "pero ¿a qué hora era?" cuatro veces antes de llegar al sitio.
Hay algo muy liberador en ese momento. Porque ya no es "somos unas desastre", es "nuestros cerebros funcionan de una manera concreta y hemos construido una amistad que funciona dentro de ese caos".
Lo segundo que pasa, y esto es lo que nadie cuenta, es que de repente os dais cuenta de que la amistad ha sobrevivido sin red de seguridad organizativa. Sin la amiga que siempre organiza. Solo las dos, navegando el caos juntas.
Eso dice algo muy bonito sobre la amistad. Aunque también explica por qué habéis dejado caer tantos planes.
El diagnóstico compartido como punto de partida nuevo
Hay una ventaja brutal de vivir este proceso con alguien.
No tienes que explicarte. No tienes que convencer a nadie de que el TDAH es real, de que los síntomas tienen sentido, de que no es pereza. La otra persona lo está viviendo exactamente igual que tú.
Y eso crea un espacio de conversación que es difícil de encontrar en otro lugar. Podéis hablar de cómo os está afectando la medicación, de qué estrategias os están funcionando, de los momentos en los que el cerebro os juega malas pasadas. Sin tener que construir el contexto desde cero cada vez.
Lo que también puede pasar, y vale la pena que estéis alerta a ello, es que la amistad empiece a girar demasiado alrededor del diagnóstico. El TDAH es parte de quiénes sois, no toda vuestra identidad. Si cada conversación se convierte en sesión de terapia informal, puede desgastar la relación.
El equilibrio es ese: que el diagnóstico sea un elemento de la amistad que la hace más honesta, no el tema central de todas las conversaciones.
Sobre el otro lado de una amistad TDAH, hay cosas que merece la pena leer.
¿Qué cambia en la dinámica práctica?
Esto es lo concreto.
Si las dos tenéis dificultades con la planificación, hay que ser explícitas sobre eso. No funciona esperar que la otra lo gestione. Hay que construir sistemas externos: el grupo de WhatsApp que sirve solo para confirmar planes, la regla de "si no lo confirmamos 24 horas antes, no existe", el pacto de que ninguna se enfada si la otra cancela con poca antelación porque el cerebro ese día no da para más.
Eso no hace la amistad más rígida. La hace más honesta. Y una amistad honesta entre dos personas que se conocen de verdad es bastante invencible.
La RSD que complica las amistades con TDAH puede aparecer incluso cuando las dos tenéis diagnóstico. Que lo sepáis de antemano hace que sea más fácil nombrarlo cuando pasa.
Si todavía no tienes diagnóstico y lo que lees te suena, el test que construí puede ser un primer paso. Lo puedes hacer aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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