Me han dicho que tengo mucho potencial toda mi vida pero nunca lo demuestro del todo

Tienes potencial, eres listo, podrías dar más. Llevas escuchándolo toda tu vida. Y cada vez duele más. Hay una razón.

"Tienes mucho potencial."

Si me dieran un euro por cada vez que me han dicho eso, no necesitaría trabajar. Lo he escuchado de profesores, de jefes, de amigos, de familia, de parejas. Todos ven algo en mí que yo, aparentemente, no soy capaz de materializar.

Y duele. Duele más de lo que la gente cree.

Porque "tienes potencial" no es un cumplido. Es un recordatorio de todo lo que deberías ser y no eres. Es alguien diciéndote: "Eres capaz de mucho más, pero por algún motivo no lo haces." Y como no saben el motivo, asumen que es vagancia. Desinterés. Falta de ambición.

Y tú tampoco lo sabes. Así que asumes lo mismo.

¿Por qué no puedo hacer lo que sé que puedo hacer?

Esta es la pregunta que me ha perseguido toda la vida.

Porque no es que no puedas. Es que puedes a veces. Y ese "a veces" es la trampa más cruel que existe.

Si nunca pudieras, si siempre fueras incapaz, la gente bajaría las expectativas. Dejarían de esperar. Y tú dejarías de exigirte. Pero no. Tú puedes. Lo has demostrado. Has tenido momentos brillantes. Días en los que todo ha salido. Proyectos que has bordado. Resultados que han dejado a la gente con la boca abierta.

Y por eso no te creen cuando dices que no puedes. Porque te han visto poder. Y si puedes un martes, ¿por qué no puedes un miércoles?

Es como un atleta que un día corre 100 metros en 10 segundos y al siguiente no baja de 15. Todo el mundo le diría: "Pero si ayer corriste en 10, ¿qué pasa hoy?" Y él no tendría respuesta. Porque no la sabe.

Yo he sido ese atleta toda mi vida. Brillante a ratos. Mediocre el resto. Y la distancia entre lo que soy capaz de hacer y lo que hago de forma consistente es el agujero por donde se cuela toda la frustración, la culpa y la vergüenza.

La frase más dañina del mundo

"Podrías dar más."

Esa frase parece motivación. Parece que alguien cree en ti. Y quizá la intención es buena. Pero lo que tu cerebro escucha es: "No estás dando suficiente. Otra vez."

Y lo has escuchado tantas veces que ya te lo dices tú solo. Sin necesidad de que nadie lo diga. Te miras al espejo y piensas: "¿Qué estás haciendo con tu vida? Eres listo. Eres capaz. Y aquí estás, otra vez sin dar la talla."

Y la cosa es que te esfuerzas. Más de lo que nadie ve. Pero tu esfuerzo no produce resultados constantes. No porque no esfuerces lo suficiente, sino porque tu cerebro no convierte esfuerzo en resultado de forma predecible.

A mí me tomo todo personal aunque no vaya conmigo. Un comentario inocente me puede hundir. Imagínate lo que me hace escuchar "tienes potencial" con esa cara de "pero no lo usas" que pone la gente.

¿Y si el potencial no funciona como crees?

A ver, esto me lo explicó mi psicóloga y me hizo clic.

El potencial no es una cantidad fija que tienes dentro y que solo tienes que "activar". No es como una batería cargada que solo necesita que pulses el botón. El potencial es la capacidad máxima de tu cerebro en condiciones óptimas. Y la palabra clave es "óptimas".

Para la mayoría de gente, las condiciones son óptimas la mayor parte del tiempo. Su cerebro produce lo que necesita, cuando lo necesita, de forma más o menos fiable. Para ti, las condiciones óptimas son la excepción, no la norma. Tu cerebro puede llegar a ese nivel, pero solo cuando todo se alinea: la motivación, la novedad, la dopamina, el estado de ánimo, la hora del día, lo que has comido, si has dormido bien, si la luna está en cuarto creciente.

Estoy exagerando. Pero no tanto.

Así que cuando alguien dice "tienes potencial", tiene razón. Lo tienes. Lo que no tienes es acceso constante a él. Y eso no es vagancia. Es neurología.

Si alguna vez tu jefe ha pensado que no te esfuerzas, es por esto. Porque ve tu potencial, ve tus picos, y no entiende los valles. Nadie entiende los valles cuando ha visto los picos.

El peso de ser "el listo que no rinde"

Hay pocas cosas más agotadoras que vivir con la etiqueta de "inteligente pero inconsistente".

Porque la gente asume que si eres listo, deberías rendir. Y cuando no rindes, la conclusión es que no quieres. No que no puedes. Y eso crea una soledad brutal. Porque no puedes explicar algo que tú mismo no entiendes.

Yo he pasado años pensando que era un fraude. Que el potencial que la gente veía en mí no existía. Que algún día se darían cuenta de que no soy tan listo como creen y que todo se derrumbaría.

Hasta que entendí algo. Lo que me pasaba no era un misterio sin resolver. Tenía una explicación concreta. Y esa explicación no era "soy vago" ni "no me importa". Era que mi cerebro funciona con otras reglas. Y en un mundo diseñado para cerebros estándar, los que funcionan diferente parecen que "no rinden".

Pero rinden. Solo que de forma distinta. A ráfagas. Con picos y valles. Con una intensidad que cuando aparece es brutal, y cuando desaparece, no deja rastro.

El potencial desaprovechado

Esto no sustituye la opinión de un profesional. Si llevas toda la vida escuchando "podrías dar más" y no entiendes por qué no puedes, un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a encontrar la respuesta.

Si la frase "tienes potencial" te duele más de lo que te motiva, quizá es momento de entender por qué. Hice un test de 43 preguntas que puede ser un primer paso. Diez minutos. Gratis. Sin humo, sin promesas. Solo respuestas. Hazlo aquí.

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