Me copiaron el negocio entero y fue lo mejor que me ha pasado
Un tío copió mi producto, mi copy, hasta mis emails. Me enfadé tres días. Luego entendí que me había hecho el mayor favor posible.
Un día abrí el portátil y vi mi landing page. Pero no era mi landing page. Era la de otro tío, con mis textos, mi estructura, mis argumentos de venta, hasta el mismo orden de las secciones. Solo había cambiado el nombre y la foto.
Mi primera reacción fue la que esperas: rabia. Una rabia de esas que te suben del estómago al cerebro en tres segundos y te hacen escribir un email que no deberías escribir. Abrí Twitter, empecé a redactar un hilo de denuncia pública con capturas de pantalla, nombres y todo.
No lo publiqué. Y menos mal.
¿Qué haces cuando alguien te copia descaradamente?
Pues mira, lo que hice fue cerrar el portátil, irme a dar un paseo por Wroclaw y pensar. Porque mi cerebro TDAH quería reaccionar AHORA, quería justicia AHORA, quería que el mundo supiera que ese tío era un impostor AHORA.
Pero ya me conozco. Sé que las decisiones que tomo en caliente con TDAH son, literalmente, las peores decisiones posibles. Así que me obligué a esperar 72 horas.
Y en esas 72 horas pasó algo que no esperaba.
Empecé a analizar lo que había copiado. Y al ver mi propio trabajo desde fuera, con la distancia de verlo en otro contexto, me di cuenta de todas las cosas que estaban mal. Textos que sonaban forzados. Una propuesta de valor que no quedaba clara. Secciones enteras que sobraban.
O sea, el tío me copió algo mediocre y yo estaba ahí montando un drama como si me hubiera robado la Mona Lisa.
Lo que realmente significa que te copien
Si alguien te copia, significa que has hecho algo visible. Punto. Nadie copia al que no tiene nada que copiar. Es como enfadarte porque alguien te ha sacado una foto en la calle. Tío, si estás en la calle, la gente te ve.
¿Sabes qué no pueden copiar? Tu voz. Tus historias. Tus metidas de pata reales. Tu forma de contar las cosas que viene de haber vivido esto de verdad y no de haber leído un libro sobre emprendimiento en el AVE.
El tío copió mis palabras, pero no podía copiar que yo perdí 40 kilos y mi negocio mejoró. No podía copiar que mi padre llamó a mis clientes por mí cuando yo no podía ni coger el teléfono. No podía copiar nada de eso porque no era su historia.
Y sin historia, los textos son carcasas vacías. Suenan bien tres segundos. Luego suenan a lo que son: a mentira.
El favor que me hizo sin saberlo
Tres cosas pasaron después de que me copiaran:
Primera: rehíce toda mi landing. La que tenía era perezosa. Me había acomodado. Ver mis textos en otro sitio fue como oírte en una grabación. Te das cuenta de todo lo que suena mal.
Segunda: me obligué a crear contenido que fuera imposible de copiar. Más historias personales, más anécdotas concretas, más detalles que solo yo podía saber. Eso hizo que mi contenido fuera infinitamente mejor.
Tercera: dejé de proteger y empecé a producir. Cuando intentas venderle a todo el mundo y a la vez proteges todo lo que haces, te quedas en un punto muerto. Generas poco, compartes poco, y creces poco. Cuando aceptas que te van a copiar, la única estrategia es ir más rápido que el que copia.
Y con un cerebro TDAH, ir rápido es justamente lo que mejor se nos da.
¿Deberías preocuparte si te copian?
No. Y te lo digo después de haberme preocupado yo, que es como te lo debería decir cualquiera que dé un consejo: después de haberlo vivido.
El mercado no se queda con el que llegó primero. Se queda con el que conecta mejor. Y conectar requiere autenticidad, consistencia y una voz que no se pueda plagiar.
¿El tío que me copió? Desapareció a los cuatro meses. Porque mantener un negocio con las palabras de otro es insostenible. En cuanto un cliente le preguntaba algo fuera de guion, no tenía respuestas. Porque las respuestas no las había vivido.
Ahora, cuando veo que alguien me copia, sonrío. No de suficiencia. De alivio. Porque significa que sigo haciendo cosas que valen la pena copiar. Y porque sé que mi ventaja no está en lo que escribo, sino en todo lo que hay detrás de lo que escribo.
Que te copien es el halago más honesto que existe en internet. El tío no te va a decir "oye, me gusta lo que haces". Va a coger tus textos directamente. Y si no estás ahí para que te los cojan, es que no has hecho suficiente ruido.
Así que haz ruido. Que ya te copiarán.
¿Tu TDAH está saboteando tu negocio sin que te des cuenta? Hice un test de 15 preguntas que diagnostica cómo afecta a tu negocio en 5 dimensiones: dinero, foco, decisiones, energía y mentalidad. 5 minutos y sabes exactamente qué arreglar.
Sigue leyendo
Matar un producto que amas es la decisión más difícil de tu carrera
Has puesto meses de trabajo, noches sin dormir y parte de tu identidad en ese producto. Y ahora tienes que matarlo. Así se hace.
Pasé de cobrar por hora a cobrar por resultado y todo cambió
Cobrar por hora te pone un techo. Cobrar por resultado te quita ese techo. El cambio más difícil y más rentable que hice.
Mi primer lanzamiento vendió cero unidades y no es una exageración
Preparé mi primer producto digital durante 4 meses. Lo lancé. Vendí cero unidades. Literalmente cero. Lo que aprendí cambia cómo veo cada lanzamiento.
Más grande no es mejor y nadie te dice cuándo parar de crecer
Más clientes, más productos, más ingresos. ¿Y si escalar tu negocio fuera justo lo que lo está hundiendo? A veces crecer es el problema.