Lo que no delego a una IA (y no pienso delegar nunca)
Delego casi todo el trabajo a una IA. Estas son las cosas que no le paso nunca y el criterio que tienen todas en común.
Delego casi todo. El código, los primeros borradores, la documentación, las bases de datos, media bandeja de correo. Y aun así hay una lista corta de cosas que no le paso a una IA y que no pienso pasarle.
No es por principios ni por romanticismo del trabajo artesanal. Es que cada vez que lo he intentado, el resultado ha sido peor que hacerlo yo. Tardé bastante en ver que todas esas cosas tenían algo en común.
La lista primero. El criterio al final, que es lo que de verdad sirve.
Decidir qué hay que hacer
Esta es la gorda.
Le puedo pedir a Claude Code que me escriba el guion de un vídeo. Lo que no le puedo pedir es que decida qué vídeo hay que grabar esta semana. Cada vez que lo he intentado me ha devuelto una lista razonable, ordenada, con títulos que suenan bien, y absolutamente ninguna de esas ideas venía de haber hablado con nadie.
Un modelo hace una media de lo que ha visto. Y la media, en contenido y en negocio, es exactamente el sitio donde no quieres estar.
Lo mismo pasa con las prioridades. Le pides que te ordene la semana y te la ordena. Con criterio de manual. Sin saber que hay un cliente cabreado, que Fer está de viaje o que la mitad de esa lista lleva tres meses sin importarle a nadie.
Lo uso al revés: yo decido, y luego le pido que me diga por qué es mala idea. Ahí sí que es útil, porque criticar una decisión concreta es una tarea acotada. Elegirla no lo es.
Las conversaciones con personas
No dejo que escriba mensajes personales. Ni respuestas a alguien que me escribe cabreado, ni mensajes a amigos, ni nada donde la otra persona sea alguien que conozco.
El texto sale correcto. Ese es justo el problema. Sale con la temperatura de un correo comercial, y la persona al otro lado nota que ahí hay algo que no eres tú aunque no sepa señalar qué. Lo he visto recibiéndolos: cuando te llega una respuesta de esas, te das cuenta.
Correos operativos sí. "Confirmo la reunión del jueves a las diez" no lleva alma dentro y me da igual quién lo redacte. La frontera es si el mensaje tiene que llevar una relación dentro.
Hay una versión más larga de esto en cuándo la IA estorba en lo cotidiano, porque el patrón se repite en un montón de sitios que no son el correo.
La primera versión de algo que va a llevar mi nombre
Aquí matizo, porque es donde más gente se lía.
Uso IA para escribir. Muchísimo. Lo que no hago es pedirle el primer borrador de algo que va a salir con mi nombre y mi cara. Porque el primer borrador es donde se decide el ángulo, y el ángulo es lo único que hace que un texto sea mío y no de cualquiera.
Lo que hago es al revés: escribo yo un churro de quince líneas, mal puntuado, con las ideas desordenadas, y a partir de ahí trabajamos. Ese churro tiene el ángulo dentro. Lo demás es acabado.
Si empiezo por el otro lado, el texto sale más limpio y me pasa lo mismo siempre: al releerlo, no tengo nada que discutir con él. Está bien. No dice nada. Es la diferencia entre un texto correcto y un texto que alguien reenvía a un amigo.
Sobre esto tengo un post entero, cuándo no usar IA para escribir, con los casos concretos.
Lo que tiene consecuencias legales o de dinero
Contratos, facturas, temas fiscales, cualquier cosa que un tercero pueda usar en mi contra.
No es que la IA se invente cosas todo el rato. Es que se las inventa con la misma seguridad con la que dice las verdaderas, y en un contrato eso no lo detectas leyendo por encima. Lo detectas seis meses después, cuando alguien te señala la cláusula.
Aquí el cálculo es simple. El ahorro es de una hora. El error puede costar lo que cuesta un abogado arreglándolo. La asimetría está clarísima y no hace falta darle más vueltas.
Sí la uso para entender un contrato que ya existe. Pegarle un PDF de veinte páginas y preguntarle qué me está obligando exactamente es de las cosas más útiles que hace. Eso es leer, no firmar.
Aprender algo que voy a necesitar de verdad
Esta es la que menos gente se plantea y la que más caro sale.
Cuando quiero entender una tecnología nueva de verdad, no le pido a la IA que me la resuelva. Le pido que me explique, y luego lo hago yo a mano una vez. Aunque sea más lento. Aunque el resultado sea peor.
Porque si nunca lo haces a mano, no desarrollas criterio, y sin criterio no puedes revisar lo que te devuelve. Acabas aprobando cosas que no entiendes. Y eso funciona hasta el día que deja de funcionar y no sabes ni por dónde empezar a mirar.
Es la diferencia entre usar una calculadora sabiendo multiplicar y usarla sin saberlo. En el primer caso, si el resultado sale raro, lo notas.
¿Qué tareas no conviene delegar a una IA?
El criterio que tienen todas estas cosas en común es que en ninguna de ellas puedo revisar el resultado.
Suena raro dicho así, porque el texto de un correo personal se puede leer. Pero no puedo verificarlo. No hay un test que me diga si ese mensaje sonaba a mí o a un modelo. No hay un compilador que me avise de que la prioridad de la semana estaba mal elegida. No hay error visible, solo un resultado que parece bien y que resulta ser mediocre a los tres meses.
Cuando delego código, la revisión es barata: lo ejecuto y veo si funciona. Cuando delego una decisión, la revisión tarda un trimestre en llegar y para entonces ya has tomado otras veinte encima.
Así que la regla, en una línea: delega todo lo que puedas verificar rápido y barato. Quédate con lo que solo se puede verificar con el tiempo.
Es una regla que además envejece bien, porque no depende de lo listo que sea el modelo. Aunque el modelo mejore un 50%, sigues sin poder comprobar hoy si la decisión era buena.
¿En qué caso me estaría equivocando?
Me equivocaría si el problema no fuera la verificación sino la calidad del modelo. Es decir, si dentro de un año un modelo escribe mensajes personales que nadie distingue y elige prioridades mejor que yo porque tiene delante todo mi historial, mi calendario, mis conversaciones y mis números.
Puede pasar perfectamente. Ya lo hace mejor de lo que hacía hace un año.
Pero fíjate en lo que hace falta para eso: contexto. No un modelo más listo, sino un modelo que sepa lo que yo sé. Y ese trabajo, el de darle contexto, no lo puede hacer él. Lo tengo que hacer yo. Con lo cual la tarea no desaparece, se transforma.
Mientras tanto, la lista de arriba me ha ahorrado bastantes disgustos. Y si quieres el mapa completo de en qué sí la uso a diario, lo tengo en IA para el día a día, que es donde están todas las tareas del otro lado de la lista.
Si no tienes claro qué parte de tu trabajo conviene delegar primero y cuál conviene tocar tú, tengo un test corto que te lo dice en un par de minutos.
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