La doble jornada invisible de las mujeres con TDAH

Trabajar fuera y dentro de casa con TDAH no es el doble de trabajo. Es el cuadruplo. La doble jornada invisible que nadie ve y que nadie cuenta.

Imagina que llegas al trabajo después de una mañana en la que has gestionado los desayunos, has recordado que hoy era el día de la foto del cole, has localizado unas medias sin carreras, has firmado dos autorizaciones, has discutido con alguien porque no encontrabas las llaves, y has llegado al transporte con dos minutos de margen.

Y eso era antes de empezar a trabajar.

Ahora imagina que todo ese proceso lo haces con un cerebro que tiene el doble de dificultad para la planificación, la gestión del tiempo y la memoria de trabajo.

Eso es la doble jornada con TDAH.

¿Por qué hablamos de "doble jornada invisible"?

La doble jornada ya es un concepto conocido en el feminismo: las mujeres trabajan fuera de casa y luego tienen otra jornada entera dentro. Cocinar, limpiar, gestionar la agenda familiar, hacer el seguimiento de los hijos, coordinar las citas médicas, recordar los cumpleaños, comprar los regalos.

Todo eso existe aunque nadie lo vea. Es el trabajo invisible que no aparece en ninguna nómina pero que tiene un coste real en energía, tiempo y capacidad cognitiva.

Para las mujeres con TDAH, este trabajo invisible es especialmente agotador por una razón muy concreta: gran parte de él depende de la función ejecutiva. La planificación, la memoria prospectiva (acordarte de que el martes tienes que llevar el bote de pintura al cole), el cambio de contexto, la gestión de múltiples hilos a la vez.

Exactamente las funciones que el TDAH compromete.

O sea, que la doble jornada, que ya es pesada para cualquier mujer, para una mujer con TDAH tiene una fricción añadida en cada tarea. No es que le cueste más por ser menos capaz. Es que tiene que usar el doble de recursos cognitivos para hacer lo mismo.

Lo que nadie ve

Nadie ve el esfuerzo que cuesta recordar que hay que encargar el regalo de cumpleaños del amigo del cole con suficiente antelación. Nadie ve el número de alarmas que necesitas para no olvidar la cita del pediatra. Nadie ve que te has levantado veinte minutos antes de lo necesario para tener margen de error y aun así llegaste justa.

Nadie ve que llevas toda la reunión de trabajo procesando a la vez la conversación, el hilo de mensajes del grupo de padres, y la lista mental de lo que falta comprar para la cena de esta noche.

Solo ven el resultado. Y si el resultado es "llegó a tiempo, los niños están bien, el trabajo está hecho", concluyen que todo está bajo control.

Lo que no ven es a qué precio.

El punto en el que el sistema se rompe

El problema no es que puedas hacerlo un día, o una semana, o incluso meses. El problema es que se acumula.

El TDAH ya tiene un coste energético alto en condiciones normales. La doble jornada añade una carga constante sobre un sistema que ya funciona con menos margen de lo que la gente cree. Y cuando el sistema se sobrecarga, la respuesta no siempre es visible de fuera.

Puede ser que de repente no puedas levantarte. Que una semana todo se caiga. Que pierdas el hilo de algo importante que antes llevabas bien. Que te irrites más, que llores más, que estés más plana.

No es que hayas "dejado de funcionar". Es que llevabas mucho tiempo funcionando por encima de tu capacidad real.

Esto conecta directamente con la carga invisible que ya explico en detalle en este post y con lo que la guía completa de TDAH en mujeres describe sobre por qué las mujeres llegan al diagnóstico más tarde: porque compensan. Muy bien. Durante mucho tiempo.

Y luego un día el cuerpo dice basta.

Qué se puede hacer

No hay una solución mágica. Pero hay cosas que ayudan.

Hacer visible lo invisible. Literalmente: poner en papel o en una app todo lo que gestionas. No para presumir. Para que tú misma veas el volumen y para que las personas de tu entorno puedan verlo también. Lo que no se nombra, no existe para los demás.

Redistribuir. Las conversaciones sobre quién lleva el peso de la doble jornada son incómodas pero necesarias. No son peleas. Son negociaciones sobre cómo funciona la unidad familiar de manera más sostenible.

Y automatizar lo que se pueda, como ya cuento en este post sobre automatizar la vida doméstica con TDAH. No porque seas vaga. Porque tu energía cognitiva es un recurso limitado que merece protegerse.

La doble jornada invisible existe. Con TDAH pesa más. Y nombrarlo ya es una forma de empezar a gestionarlo.

Si sospechas que detrás de ese agotamiento hay algo más que el ritmo de vida, el test puede ayudarte a entender qué parte de ello tiene que ver con cómo funciona tu cerebro. Lo encuentras aquí.

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Este post es orientativo y no sustituye el diagnóstico ni tratamiento profesional.

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