Intuicion de negocio o los datos: cuál de los dos te está mintiendo

Los datos dicen una cosa. Tu instinto dice otra. Y con TDAH, saber cuál escuchar es más difícil de lo que parece.

Los datos decían que no lo hiciera.

La tasa de apertura de los emails estaba bien, pero las ventas no cuadraban con lo que esperabas. El contenido funcionaba en métricas, pero no convertía. Todo apuntaba a que el problema era el producto. Pero tú tenías la sensación de que el problema era otro. Que la oferta no estaba bien explicada. Que la gente llegaba con las expectativas equivocadas.

¿Hiciste caso a los datos o a tu instinto?

Si eres como la mayoría de emprendedores con TDAH, esta pregunta te genera una incomodidad particular. Porque tu cerebro es capaz de detectar patrones que los datos no muestran todavía. Pero también es capaz de inventarse patrones que no existen.

¿Cuándo los datos te están dando información real y cuándo solo confirman lo que ya creías?

Los datos son útiles cuando miden lo correcto. Y esa condición es más difícil de cumplir de lo que parece.

Si mides páginas vistas pero tu negocio depende de conversaciones, los datos te dicen algo verdadero sobre algo irrelevante. Si mides seguidores pero lo que necesitas es compradores, tienes números que se sienten bien y no te llevan a ningún sitio. El sesgo de confirmación con TDAH es especialmente traicionero: buscas los datos que confirman lo que ya intuyes, los encuentras, y los usas como prueba de que tu instinto tenía razón. Pero no era tu instinto. Era tu sesgo de confirmación disfrazado de análisis.

La forma de evitarlo es decidir antes qué métrica va a determinar tu decisión. No después de ver los datos. Antes. Si la tasa de conversión supera X, lanzas. Si no la supera, no. Sin excepciones ni interpretaciones creativas.

¿De dónde viene realmente la intuicion de negocio?

La intuición no es magia. Es experiencia procesada de forma rápida e inconsciente. Cuando llevas años observando patrones en tu sector, en tus clientes, en lo que funciona y lo que no, tu cerebro acumula esa información. Y cuando surge una situación nueva, la recupera de golpe. Eso es la intuición.

El problema es que funciona en las áreas donde tienes experiencia real. Fuera de esas áreas, lo que sientes como intuición puede ser simplemente deseo. Quieres que algo funcione y lo interpretas como señal de que va a funcionar. No es lo mismo.

Con un cerebro TDAH hay otro factor: la hiperfocalización. Puedes obsesionarte con una idea durante semanas y generar una convicción tan fuerte que se siente como intuición profunda. Pero esa convicción viene del tiempo que has invertido pensando en ello, no de evidencia real de que es correcto.

¿Qué haces cuando el instinto y los datos apuntan en direcciones opuestas?

Depende de qué tipo de decisión es.

Si es reversible, ejecuta rápido y aprende de los resultados. No tiene sentido pasarse semanas analizando algo que puedes testear en tres días. Lanza la oferta, manda los emails, publica el contenido. Los datos reales de lo que pasó siempre son más útiles que los datos hipotéticos de lo que podría pasar.

Si es irreversible, o muy costosa, ahí sí vale la pena frenar. Contratar a alguien, cerrar un proyecto, cambiar de nicho. En esos casos el instinto solo es un punto de partida. Necesitas más.

Y en cualquier caso: matar el producto que amas basándote solo en datos fríos, sin entender por qué no funcionó, es tan peligroso como mantenerlo vivo solo porque te encanta. Los datos te dicen qué pasó. La intuición te ayuda a entender por qué. Los necesitas a los dos.

¿Cuándo deberías ignorar tu instinto aunque te duela?

Cuando llevas más de tres meses con la misma corazonada y no has hecho nada para testearla. En ese punto, el instinto ya no es información fresca. Es un deseo que se ha solidificado con el tiempo y que tu cerebro interpreta como certeza.

También cuando el instinto coincide exactamente con lo más cómodo o con lo que menos esfuerzo requiere. Eso no es intuición. Eso es tu sistema de evitación de incomodidad disfrazado de sabiduría interior.

Y cuando el coste de estar equivocado es asimétrico: si acertar solo te da un pequeño beneficio pero equivocarte te cuesta mucho, ahí los datos mandan. El instinto puede esperar.

El lanzamiento que no funcionó pocas veces falla por falta de intuición. Falla por no saber cuándo escucharla y cuándo ponerla en cuarentena. Esa distinción es la que separa a los emprendedores que aprenden de sus errores de los que los repiten.

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