Pagar impuestos trimestrales con TDAH es una tortura silenciosa

El trimestre de impuestos te pilla siempre por sorpresa. No es desorganización, es un cerebro que no percibe el futuro hasta que es hoy.

20 de enero. 20 de abril. 20 de julio. 20 de octubre.

Cuatro fechas. Solo cuatro. Se repiten cada año. Desde que eres autónomo. Desde que existe el modelo 303 y el 130. Cuatro fechas que llevan ahí más tiempo que tu negocio.

Y cada trimestre, sin excepción, te pillan por sorpresa.

No es la primera vez. No es la segunda. Llevas 3 años de autónomo y el trimestre de impuestos te sigue llegando como si alguien hubiera cambiado el calendario mientras dormías.

¿Por qué algo tan predecible se siente siempre como una emergencia?

Porque tu cerebro TDAH no tiene futuro.

No me refiero a que no vayas a tener futuro. Me refiero a que el cerebro TDAH percibe el tiempo de forma diferente. Para nosotros existen dos categorías temporales: "ahora" y "no ahora". Y "no ahora" puede ser mañana, la semana que viene, o el 20 de abril. Todo va al mismo cajón de "ya lo haré".

Hasta que "no ahora" se convierte en "ahora". Y "ahora" es el 18 de abril a las 11 de la noche y no tienes las facturas organizadas, no sabes cuánto tienes que pagar, y tu gestor te ha mandado 3 emails que no has abierto.

Es la misma razón por la que tu cerebro salta cada 4 minutos cuando tienes un deadline. El TDAH no es falta de inteligencia. Es falta de noción temporal.

Mi historial de desastres fiscales

Te cuento mi palmarés para que no te sientas solo:

Primer trimestre como autónomo: no sabía que existía el modelo 303. Mi padre tuvo que explicármelo por teléfono mientras yo pensaba que me estaba hablando de una carretera.

Segundo trimestre: lo entregué tarde. Recargo del 5%. 87 euros que podría haberme gastado en algo útil, como no sé, comer.

Tercer trimestre: lo entregué a tiempo pero con las cifras mal. Mi gestor me llamó con ese tono de "vamos a ver, Rubén". Ese tono.

Cuarto trimestre: por primera vez en mi vida, lo hice bien. Me sentí como si hubiera ganado un Nobel. Le mandé un audio a mi madre. Ella no entendió por qué estaba tan contento.

El sistema que me salvó (y es ridículo)

No voy a decirte que montes un Excel con 14 pestañas y un dashboard de finanzas en Notion. Si tuvieras la capacidad de mantener eso, probablemente no estarías leyendo este post.

Lo que hice fue lo siguiente: cada vez que me pagan, transfiero el 25% a una cuenta separada. Automáticamente. Sin pensar. Sin calcular si este trimestre será más o menos. El 25%.

¿Es exacto? No. A veces me pasa y a veces me quedo corto por unos euros. Pero la diferencia entre tener el 90% del dinero del trimestre apartado y tener el 0% es la diferencia entre una molestia y un infarto.

Y para las fechas, tengo una alarma el día 1 de cada mes de impuestos que dice: "Manda las facturas al gestor HOY, no mañana, HOY, que mañana no lo vas a hacer y lo sabes".

Parece una tontería, pero la alarma lleva un año sin fallarme. Mi memoria, 30 años fallándome.

La vergüenza de no saber

Hay algo que no se habla lo suficiente: la vergüenza.

La vergüenza de no entender los impuestos cuando llevas 3 años de autónomo. La vergüenza de tener que preguntar qué es un modelo 130. La vergüenza de que tu gestor te explique algo por cuarta vez y tú sigas sin entenderlo porque a mitad de la explicación tu cerebro se fue a pensar en una idea para un vídeo.

Esa vergüenza es la que hace que no preguntes. Que no llames al gestor. Que dejes las facturas sin organizar. Que ignores los emails de Hacienda. Y que cada trimestre sea peor que el anterior.

No es que no te importe. Es que la vergüenza pesa más que la motivación.

Y mira, la burocracia mata más negocios que la falta de clientes. De verdad. He visto a gente brillante dejar de ser autónomos no porque no supieran vender, sino porque no podían con el papeleo.

Lo que necesitas no es disciplina

Necesitas tres cosas: un gestor que no te juzgue, una cuenta separada para impuestos, y aceptar que tu cerebro no va a recordar las fechas por mucho que te lo propongas.

No es que seas un desastre. Es que emprender con TDAH requiere sistemas que compensen lo que tu cerebro no hace bien. Y la gestión fiscal es probablemente lo que peor hace.

Así que si el próximo trimestre te vuelve a pillar por sorpresa, no te machaques. Pon la alarma, abre la cuenta, manda el email. Y si ya has pasado por esto 12 veces, bienvenido al club. Aquí estamos todos.

Es lo que hay.

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