La gratitud forzada que el emprendedor practica sin que le funcione

Te dicen que practiques gratitud para ser más feliz emprendiendo. Funciona para algunos. Para otros es una forma cara de mentirse a uno mismo.

La gratitud vende muy bien.

Journals de gratitud. Aplicaciones de gratitud. Rutinas matutinas donde escribes tres cosas por las que estás agradecido antes de revisar el correo. Todo muy limpio, muy Instagram, muy neurociencia positiva. Y hay gente para quien funciona. De verdad. Le cambia el estado de ánimo. Le ayuda a empezar el día desde otro sitio.

Y hay emprendedores para los que eso es, sin adornos, una forma cara de mentirse a uno mismo.

No porque sean cínicos. No porque tengan algún problema con la positividad. Sino porque cuando estás en un momento real de dificultad, que te digan "escribe tres cosas por las que estás agradecido" tiene algo de insulto bien intencionado.

¿Por qué la gratitud forzada no funciona en momentos difíciles?

Porque el cerebro no es tan fácil de engañar.

Puedes escribir en tu journal "estoy agradecido por tener salud, por mi familia, por poder trabajar en lo que me gusta". Puedes creerlo mientras lo escribes. Y dos minutos después seguir con la misma angustia financiera que tenías antes de abrir el cuaderno.

La gratitud forzada no resuelve el problema subyacente. En el mejor caso, lo tapa temporalmente. En el peor, añade una capa de culpa adicional: "debería sentirme bien, tengo muchas cosas por las que estar agradecido, ¿qué me pasa?" Ahora no solo tienes el problema original. Tienes el problema más la sensación de que eres incapaz de gestionarlo correctamente.

Para un cerebro con TDAH, que ya tiene una relación complicada con la regulación emocional, añadir esa capa de "deberías sentirte diferente" es especialmente destructivo.

¿Cuándo se convierte la gratitud en mecanismo de evasión?

Cuando la usas para no mirar lo que hay que mirar.

Si llevas tres meses sin cerrar suficientes ventas y tu respuesta es meditar más, practicar más gratitud y leer más libros de mentalidad - en algún punto eso deja de ser crecimiento personal y empieza a ser distracción.

El problema no siempre es la mentalidad. A veces el problema es el modelo de negocio. O la oferta. O el canal de captación. O que estás trabajando sin descanso y lo que necesitas no es más gratitud sino irte a dormir una semana.

La industria del desarrollo personal tiene un interés legítimo en hacerte creer que todos los problemas se resuelven desde adentro. Algunos sí. Pero algunos problemas se resuelven arreglando lo que está roto por fuera, no reprogramando tus creencias.

¿Qué funciona cuando la gratitud forzada no funciona?

Contacto con la realidad. Real, sin filtro.

No "estoy agradecido por lo que tengo". Sino "esto es lo que está pasando: aquí va bien, aquí va mal, esto lo puedo cambiar, esto no depende de mí". La honestidad radical sobre la situación real - sin catastrofismo pero también sin barniz positivo - es más útil que cualquier práctica de gratitud cuando las cosas van mal.

Si tienes un proceso que te sostiene cuando el negocio falla, ese proceso debería incluir un diagnóstico honesto. No "estoy agradecido por seguir aquí" sino "¿qué está funcionando y qué no?" La segunda pregunta te da información accionable. La primera te da alivio temporal.

También funciona hablar con alguien que pueda entender de verdad lo que está pasando. No para que te diga que todo va a salir bien. Para que te ayude a ver la situación desde fuera. La soledad estructural del emprendedor no se resuelve con más introspección. Se resuelve con más conversaciones reales.

¿Entonces hay que tirar la gratitud a la basura?

No. Hay que usarla en el momento correcto.

La gratitud funciona como mantenimiento, no como rescate. Cuando las cosas van razonablemente bien, una práctica de gratitud te ayuda a no darte cuenta tarde de lo que tienes. Te ancla en lo que funciona y evita que el cerebro se vaya por defecto a escanear amenazas.

Pero cuando estás en un momento de crisis real - financiera, emocional, de dirección - la gratitud forzada no es la herramienta. Es como ponerle una tirita a una fractura. No daña si está bien puesta, pero tampoco resuelve nada.

El emprendedor que aprende a distinguir cuándo necesita gratitud y cuándo necesita acción tiene una ventaja sobre el que aplica la misma solución a todos los estados. La salud emocional en emprendimiento no es tener siempre el mismo estado. Es saber qué necesitas en cada momento.

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