Lo que hacer con el feedback que duele pero no sirve para nada

Hay feedback que no es feedback. Es desahogo con formato de crítica. Saber distinguirlos te ahorra horas de trabajo y semanas de duda.

El cliente te manda un audio de cuatro minutos.

Tú escuchas. En algún momento entre el minuto uno y el minuto dos te das cuenta de que esto no es feedback. Esto es una persona procesando su frustración en voz alta y usando tu trabajo como pared contra la que rebotar.

No hay nada concreto. No hay "cambia esto por aquello". Hay "no sé, es que no me convence", "creo que falta algo pero no sé qué", "lo vi a mi mujer y tampoco le gustó mucho". Y al final, como si eso lo cerrara todo, "ya tú sabrás".

Tú ya sabrás. Genial.

¿Qué diferencia el feedback real del ruido con forma de crítica?

El feedback real señala algo concreto y, aunque no te diga la solución, puedes deducir hacia dónde ir. "El tono es demasiado serio para nuestra audiencia" es feedback. "No sé, no me llega" no lo es.

El ruido disfrazado de crítica tiene tres características. Primera, es vago. Segunda, no propone nada. Tercera, incluye terceras personas cuya opinión no fue contratada y cuyas razones nunca conocerás.

El problema con el TDAH es que tu cerebro trata ambas cosas igual. Recibe el input, lo registra como amenaza, y empieza a generar respuestas a un problema que en realidad no existe. Puedes pasarte dos horas rehaciendo algo que funcionaba perfectamente porque alguien dijo "no sé" con suficiente convicción.

Eso es tiempo real. Energía real. Que desaparece en el agujero del feedback que no era feedback.

¿Cómo respondes sin validar lo que no tiene base?

Con una pregunta específica.

"¿Qué parte concretamente no te convence?" No lo dices con agresividad. Lo dices como si fuese la siguiente cosa lógica en la conversación, porque lo es. Si hay algo concreto, ahora aparece. Si no hay nada concreto, el cliente tiene que pensar en voz alta y a veces, solo con ese ejercicio, se da cuenta de que lo que tenía era una sensación y no una objeción real.

Esto no es manipulación. Es hacer tu trabajo bien. Porque si ejecutas cambios sobre feedback vago, el resultado seguirá siendo vago y habrás desperdiciado tiempo de los dos.

Lo mismo aplica a cuando el cliente llega con "mi equipo dice que...". Pides que el equipo sea específico. Pides que te lo pongan por escrito. No porque seas difícil, sino porque las revisiones en cadena de teléfono roto entre personas que no están en la llamada son una de las formas más eficientes de destruir un proyecto bueno.

¿Qué pasa cuando el feedback destructivo viene de alguien que tiene razón en el fondo?

Eso es lo más complicado.

Porque a veces el cliente está frustrado, el feedback suena fatal, y aun así hay algo verdadero debajo del ruido. Que el proyecto no va en la dirección correcta. Que algo no encaja. Que hay un problema real que ninguno de los dos ha sabido nombrar hasta ahora.

Aprendes a separar el contenedor del contenido. La forma en que te dicen algo puede ser un desastre y aun así haber algo útil dentro. Eso requiere dejar el ego aparcado, que cuando tienes TDAH y llevas días trabajando en algo es bastante difícil.

Pero es necesario. Porque la alternativa - descartar todo lo que viene envuelto en frustración - también te hace perder información válida. Y eso te cuesta dinero y tiempo a largo plazo.

¿Cómo proteges tu energía sin perder al cliente?

Con estructura en las revisiones.

Rondas de feedback acordadas desde el principio. Formato escrito, no audio de cuatro minutos a las 11 de la noche. Un solo punto de contacto por parte del cliente, no seis personas con opiniones distintas enviando mensajes por separado.

Esto no lo pones como exigencia. Lo presentas como cómo trabajas mejor, porque es verdad. Y los clientes que respetan el proceso lo aceptan. Los que no lo aceptan te están diciendo, antes de empezar, que su forma de trabajar y la tuya no son compatibles.

Mejor saberlo antes que después de tres semanas de audios de cuatro minutos.

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