El fracaso que publiqué en LinkedIn me llevó más lejos que cualquier éxito

Publiqué un fracaso gordo en LinkedIn esperando silencio incómodo. Lo que pasó fue lo contrario. Y desde entonces entendí algo sobre la autenticidad que.

Estaba esperando que nadie reaccionara.

O peor: que reaccionaran con ese silencio educado de cuando alguien dice algo incómodo en una cena y todo el mundo cambia de tema.

Había publicado que un lanzamiento mío había salido mal. No vagamente mal. Mal de verdad. Meses de trabajo, casi cero ventas, y la sensación de haber estado construyendo en el vacío. Lo escribí sin filtro, sin giro positivo al final, sin "pero aprendí mucho y os comparto los 5 aprendizajes". Solo el fracaso. Solo lo que pasó.

Lo que pasó después fue lo contrario de lo que esperaba.

¿Por qué la gente conecta más con tus fracasos que con tus éxitos?

Porque los éxitos crean distancia. Los fracasos la eliminan.

Cuando publicas que tu empresa factura el doble que el año pasado, la gente que está en el año uno de su negocio no se ve reflejada. Se ve separada. Piensa "qué bien para él" y sigue scrolleando. No hay conexión real. Hay admiración fría, si acaso, y ya.

Cuando publicas que tu lanzamiento definitivo no funcionó, todo el que ha pasado por eso para el scroll. Porque se ve. Porque eso sí que lo entiende. Y en ese momento entre el post y el lector hay algo que no puede fabricarse artificialmente: reconocimiento.

El problema es que publicar fracasos da mucho más miedo que publicar éxitos. Los éxitos refuerzan tu imagen. Los fracasos la exponen. Y tu cerebro, aunque seas el tío más valiente del mundo, interpreta exposición como peligro.

¿Qué es un fracaso público bien contado?

No es una queja. No es víctima-posting disfrazado de vulnerabilidad.

Un fracaso bien contado tiene un hecho concreto, una consecuencia real y lo que hiciste después. Sin moraleja forzada. Sin "y por eso hoy soy más fuerte". Solo la historia, limpia.

La gente no quiere que les enseñes. Quiere que les cuentes.

Hay una diferencia enorme entre "os voy a compartir mis aprendizajes del fracaso" y "os cuento lo que pasó". El primero pone distancia. El segundo la quita. El primero te sitúa como profesor. El segundo te sitúa como alguien que también la caga.

Y la gente confía más en alguien que la caga que en alguien que solo sabe dar lecciones desde arriba.

¿Tiene sentido construir marca personal sobre fracasos?

Tiene sentido construir marca personal sobre honestidad. Y los fracasos son la parte de la honestidad que más escasea.

Todo el mundo publica victorias. El emprendedor que muestra sus derrotas tiene un espacio libre que la mayoría no quiere ocupar porque da miedo. Ese miedo es exactamente la razón por la que funciona. La soledad del emprendedor tiene mucho que ver con que todos fingen que les va bien todo el tiempo. Romper eso tiene un valor enorme.

No tienes que vivir en el fracaso ni convertirte en el influencer del desastre. Pero una historia real de algo que salió mal, contada sin maquillaje, dice más de ti que diez posts sobre lo mucho que has crecido.

Y de paso, te ayuda a procesar lo que pasó. Porque escribirlo obliga a ordenarlo. Y ordenarlo te da perspectiva que no tienes cuando el fracaso está todavía caliente.

¿Y si la gente te juzga?

Te van a juzgar de todas formas. Publiques lo que publiques.

Si publicas éxitos te llaman prepotente. Si publicas fracasos te llaman perdedor. Si no publicas nada te llaman irrelevante.

El juicio no desaparece eligiendo el contenido correcto. Desaparece cuando deja de importarte más de lo que te importa tu propio negocio.

Ese lanzamiento que publiqué como fracaso me trajo tres clientes directos que me escribieron diciendo que confiaban en mí precisamente porque no lo había maquillado. Clientes que buscaban a alguien real, no a alguien con un historial impoluto de victorias.

El fracaso bien contado vende más que el éxito mal contado.

Aprende a usarlo.

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