Las fortalezas que crees tener y las que tienes de verdad
Todo emprendedor tiene una lista mental de en qué es bueno. Casi siempre está equivocada. Saber dónde resides de verdad es la ventaja competitiva que.
Hay una pregunta que parece fácil y no lo es: ¿en qué eres bueno?
La respuesta que das en un pitch o en LinkedIn es la versión que te gustaría que fuera cierta. La que has construido con las cosas que te gustan hacer, con lo que has estudiado, con lo que admiras en otros emprendedores.
No necesariamente con lo que de verdad eres bueno.
¿Por qué nos equivocamos tanto al evaluar nuestras fortalezas?
Porque confundimos lo que nos gusta con lo que hacemos bien. Son dos listas distintas que a veces se solapan y a veces no.
Me gustaba pensar que era bueno estrategizando. Pasaba horas planificando, dibujando flujos, pensando en el largo plazo. Lo disfrutaba. Lo hacía con gusto. Luego miraba los resultados reales de esa estrategia y eran mediocres. Porque ser bueno estrategizando requiere cosas que yo no hacía bien: seguimiento, consistencia, ajuste fino. Yo era bueno generando la estrategia inicial. El 80% del trabajo de la estrategia, que ocurre después de generarla, se me daba regular.
¿Era la estrategia mi fortaleza? En el sentido de "disfruto haciéndolo", sí. En el sentido de "produzco resultados superiores aquí", no tanto.
La confusión entre ambas cosas te cuesta dinero y tiempo. Porque construyes el negocio alrededor de lo que crees que haces bien, delegas lo que crees que haces mal, y luego descubres que tus suposiciones sobre ambas cosas estaban equivocadas.
¿Cómo se descubre dónde resides de verdad?
No con introspección. Con datos.
La introspección está sesgada por lo que quieres creer. Los datos no.
¿Qué proyectos que has llevado de inicio a fin han funcionado mejor? ¿Qué partes de tu trabajo generan los mejores resultados con menos fricción? ¿Qué te dice la gente que haces bien, repetidamente, de forma espontánea, sin que tú se lo hayas preguntado?
Esas tres fuentes juntas te dan una imagen más honesta de tus fortalezas reales que cualquier test de personalidad o reflexión personal.
Con TDAH hay un patrón que se repite con frecuencia. Somos buenos en cosas que requieren pensamiento divergente, conexión de ideas poco relacionadas, y alta energía en fases de arranque. Somos menos buenos en cosas que requieren mantenimiento sostenido, seguimiento sistemático, y atención al detalle repetitivo.
Saber eso no es resignarse. Es construir el negocio de forma que tus zonas de excelencia real estén al frente y tus zonas de dificultad real estén cubiertas por otros o por sistemas.
¿Qué pasa cuando construyes el negocio sobre fortalezas percibidas en vez de reales?
Que trabajas el doble para la mitad de resultados.
He visto emprendedores que se autodefinen como "buenos vendiendo" y llevan años con un negocio que no crece porque la venta real, la que requiere seguimiento, escucha activa y gestión de objeciones, no es donde residen. Son buenos abriendo conversaciones. Son malos cerrándolas. Y como creen que son buenos vendiendo, no buscan ayuda ni compensan esa parte.
El síndrome del impostor en cada lanzamiento a veces viene de ahí. Crees que deberías ser bueno en algo que en realidad no dominas. El abismo entre la expectativa y la realidad lo interpretas como fracaso personal, cuando en realidad es simplemente que estabas aplicando en el lugar equivocado.
La pregunta correcta no es "¿cómo mejoro en mis puntos débiles?". Es "¿estoy usando mis puntos fuertes reales en los lugares donde más importa?"
¿Se pueden cambiar las fortalezas o hay que aceptar las que tienes?
Ambas cosas, en distintos plazos.
A corto plazo, lo más inteligente es construir el negocio alrededor de lo que ya haces bien de verdad. No de lo que te gustaría hacer bien, sino de lo que produce resultados reales ahora mismo. Eso te da tracción inmediata.
A largo plazo, sí puedes desarrollar nuevas fortalezas. Pero ese desarrollo requiere práctica deliberada, tiempo, y paciencia. Y no puedes hacer ese desarrollo en todas las áreas a la vez. Tienes que elegir dónde invertir el desarrollo.
En emprender con TDAH la ventaja competitiva no está en ser bueno en todo. Está en saber exactamente en qué eres bueno y aprovechar eso al máximo mientras gestionas activamente lo que no haces bien.
El autoconocimiento aquí no es un ejercicio de desarrollo personal. Es una decisión de negocio.
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