Tu cuerpo no es una herramienta y si se rompe no hay repuesto en Amazon
Tratas tu cuerpo como si fuera un portátil: lo fuerzas, lo ignoras cuando falla y esperas que siga funcionando. Así no funciona.
Te voy a hacer una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo por tu cuerpo que no fuera meterle café?
Espera, reformulo. ¿Cuándo fue la última vez que pensaste en tu cuerpo como algo que necesita mantenimiento y no como ese trasto que te lleva del sofá al escritorio y del escritorio al sofá?
Si la respuesta no te sale inmediatamente, bienvenido al club. Somos muchos y estamos todos jodidos.
El emprendedor que trata su cuerpo peor que su portátil
Es que es literal. Tu portátil le cambias la batería, le limpias el teclado, le actualizas el software, le pones una funda protectora. A tu cuerpo le metes comida basura a las 2 de la mañana, duermes 5 horas y cuando te duele la espalda le dices "ya se pasará" como si tu columna vertebral tuviera botón de reset.
No tiene botón de reset.
Yo lo aprendí de la peor forma posible. Me fui al médico después de meses emprendiendo a lo bestia, sin dormir, sin comer bien, sin moverme, y los análisis dijeron que tenía la edad metabólica de un anciano. Anciano. Con menos de 30 años. Mi cuerpo tenía la edad de alguien que podría ser mi abuelo.
¿Y sabes qué estaba haciendo mientras mi cuerpo se desmoronaba? Optimizando un funnel. Que no vendía nada. O sea, ni siquiera me estaba matando por algo que funcionara.
¿Por qué los emprendedores con TDAH somos especialmente malos en esto?
Porque nuestro cerebro prioriza la dopamina. Y cuidar el cuerpo no da dopamina inmediata. Comer una ensalada no te activa el mismo centro de recompensa que cerrar una venta o terminar un proyecto a las 4 de la mañana.
Además, con TDAH tenemos una desconexión brutal con las señales del cuerpo. El hambre la ignoramos hasta que estamos temblando. El cansancio lo tapamos con café hasta que no podemos más. El dolor lo minimizamos hasta que se convierte en algo crónico.
Y luego está el hiperfoco. Cuando estás en hiperfoco, tu cuerpo no existe. Puedes pasar 8 horas sin levantarte de la silla, sin comer, sin ir al baño, sin beber agua. Tu cerebro está en otro mundo y tu cuerpo se queda solo en este, esperando a que vuelvas.
Lo que me pasó cuando mi cuerpo dijo "hasta aquí"
No podía levantarme de la cama
Mi cuerpo no me dio un aviso suave. Me dio un portazo. Un "hasta aquí hemos llegado" que no admitía negociación.
Y lo peor: todo el mundo a mi alrededor me decía "ya te lo dije". Mi novia, mi madre, mi psicóloga. Todos me habían avisado. Y yo había ignorado cada aviso con la misma frase: "sí, ya, pero ahora no puedo, tengo que terminar esto".
"Esto" nunca se termina. Siempre hay otro "esto" detrás. Si esperas a terminar todo para cuidarte, no te vas a cuidar nunca.
Tu cuerpo es tu único vehículo y no puedes comprarte otro
Imagina que tienes un coche. Solo uno. Para toda la vida. No puedes cambiarlo, no puedes comprarte otro. ¿Le meterías gasolina mala? ¿Lo dejarías sin aceite durante meses? ¿Conducirías 18 horas seguidas sin parar?
No, ¿verdad?
Pues tu cuerpo es ese coche. Y le estás metiendo Monster a las 11 de la noche y esperando que arranque fresco a las 7 de la mañana. No funciona así. Nada funciona así.
Lo que cambié y lo que cambió todo
Cuando perdí los 40 kilos, mi negocio mejoró sin que tocara nada del negocio. No cambié de estrategia. No aprendí marketing nuevo. No lancé un producto nuevo. Simplemente tenía más energía, más claridad mental y más capacidad de concentración.
Porque resulta que cuando tu cuerpo está bien, tu cerebro funciona mejor. Qué locura, ¿no? Casi como si estuvieran conectados.
Ahora tengo tres reglas no negociables:
Dormir 7-8 horas. No 5. No 6. Siete u ocho. Mi cerebro TDAH con 5 horas de sueño es un desastre. Con 8 horas es solo medio desastre, que ya es una mejora considerable.
Moverme todos los días. Gym, paseo, lo que sea. Pero moverme. No para tener abdominales. Para que mi cerebro tenga la química que necesita para funcionar.
Comer comida de verdad. No perfecta. De verdad. Que tenga color, que no venga en un sobre y que no se pueda hacer en el microondas en 3 minutos.
¿Es sexy? No. ¿Vende como consejo de negocio? Tampoco. ¿Funciona? Más que cualquier curso de productividad que haya comprado en mi vida.
Tu cuerpo no es una herramienta. Es tu casa. Y si se derrumba, da igual lo bonito que sea el negocio que hayas montado dentro.
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