Puse mis finanzas en manos de la IA un trimestre: qué detectó

Tres meses dejando que una IA categorizara mis gastos y me avisara. Lo que encontró que yo no veía y los sitios donde se equivocó de lleno.

Mi sistema de finanzas personales era mirar el saldo de vez en cuando y sacar conclusiones. Un método que tiene la ventaja de ser rapidísimo y el inconveniente de no servir para nada.

Así que hice un experimento durante un trimestre: dejar que una IA categorizara todos mis movimientos, me mandara avisos y me diera un resumen mensual. Yo solo miraba.

Aquí está lo que detectó que yo no veía, dónde se equivocó y qué me he quedado ahora que el experimento terminó.

Qué monté exactamente

Dos capas, porque una sola no me valía.

La primera, una herramienta de finanzas personales con IA que conecta con los bancos, lee los movimientos y los clasifica sola. Yo usé Zypper, que es de las que se centran en eso: categorización automática y avisos cuando algo se sale de lo normal. Hay varias parecidas y el planteamiento es el mismo en casi todas.

La segunda capa fue exportar los movimientos ya clasificados a un archivo y sentarme a hacerle preguntas a Claude una vez al mes. No para clasificar, que eso ya estaba hecho, sino para preguntarle cosas que a mí no se me ocurre mirar. Cómo llevar esas conversaciones sin volverse loco lo cuento en controlar los gastos del mes con IA.

La primera capa es vigilancia. La segunda es análisis. Y son cosas distintas: la herramienta te dice qué ha pasado, la conversación te dice qué significa.

¿Acierta la IA llevando tus cuentas?

En lo mecánico, mucho. En lo que requiere saber quién eres, no.

La categorización automática funciona bien con lo evidente. El supermercado es comida, la gasolinera es transporte, la suscripción mensual con nombre de empresa conocida se clasifica sola y bien. Diría que ocho o nueve de cada diez movimientos entran donde tienen que entrar sin que yo toque nada.

Donde falla es en el contexto. Un mismo cargo puede ser gasto personal o gasto del negocio, y la diferencia no está en el concepto bancario, está en para qué lo usé yo. Una comida puede ser una comida o una comida de trabajo. Un ordenador puede ser un capricho o una herramienta.

La IA no puede saber eso. Y lo que hace, que es lo peligroso, es decidir con confianza. No te pone un interrogante. Te lo mete en una categoría y sigue.

El primer mes me fie. El segundo empecé a repasar la lista de movimientos grandes una vez a la semana, dos minutos, y a corregir los que estaban mal. A partir de ahí la cosa empezó a ser útil de verdad, porque aprende de las correcciones y los mismos comercios dejan de fallar.

Lo que detectó que yo no veía

Tres cosas, y las tres me dieron rabia por lo evidentes que eran una vez señaladas.

Las suscripciones fantasma. Servicios que probé, que dejé de usar y que seguían cobrando. Ninguno era caro por separado, ahí está el truco. Cada uno se movía entre unos pocos euros y unas decenas al mes, cantidades que no te llaman la atención en el extracto. Sumadas y multiplicadas por doce, la cifra ya no daba risa. La IA las cazó porque buscó cargos recurrentes del mismo importe, algo que yo nunca me había parado a hacer.

El gasto que crece sin avisar. Un mismo concepto que iba subiendo mes a mes sin que yo lo notara, porque nunca comparaba un mes con el anterior. Al ver los tres meses en fila, la línea subía. Y no era una subida de precio del proveedor, era que yo estaba consumiendo más.

El patrón por días. Esto no me lo esperaba. Al preguntarle por concentraciones de gasto, me dijo que había días de la semana con mucho más gasto pequeño que otros. Y al mirarlo, tenía sentido: eran los días que trabajo fuera de casa. Comer fuera, café, transporte. No es un descubrimiento cósmico, pero es información accionable: si el gasto está atado a un hábito, se toca el hábito, no la fuerza de voluntad.

Esa es la parte que más me interesó del experimento. La IA no descubrió nada que no estuviera en mis datos. Descubrió cosas que yo tenía delante y no miraba porque nunca me sentaba a mirarlas.

Dónde se equivocó de lleno

Dos fallos gordos.

El primero, ya lo he dicho: mezclar personal y negocio. Cualquier gasto que pudiera ser de los dos lados, lo metía donde le parecía. Y como el resultado era coherente por dentro, no cantaba. Solo lo pillas si repasas.

El segundo fue peor porque venía disfrazado de consejo. En uno de los resúmenes mensuales me señaló una categoría como "gasto excesivo comparado con tus ingresos" y sugería reducirla. La categoría era formación y herramientas de trabajo.

O sea, la IA me estaba recomendando recortar exactamente lo que hace que mi trabajo funcione, porque desde el punto de vista de un patrón estadístico ese porcentaje se salía de lo habitual. Y no se sale de lo habitual porque yo esté tirando el dinero. Se sale porque yo no soy el usuario medio con el que se comparan esas proporciones.

Ahí es donde toca acordarse de que una IA con tus datos te da observaciones, no criterio. La observación es correcta: gastas más en eso que la mayoría. La conclusión es tuya: sí, y está bien que así sea.

También pasó lo contrario, para ser justos. Hubo un par de recomendaciones que sí eran buenas y que ejecuté sin pensarlo mucho, y de ahí salió parte de lo que cuento en lo que me ahorró la IA este año.

Cuánto trabajo me dio de verdad

Menos del que esperaba, pero no cero.

El montaje inicial fue una tarde: conectar cuentas, revisar las categorías que trae por defecto, ajustar unas cuantas a mi manera de organizarme.

Después, unos minutos a la semana para repasar y corregir clasificaciones, y una media hora al mes para la conversación de análisis. Llámalo dos o tres horas al trimestre.

Comparado con lo que me llevaba antes hacerlo a mano, que era no hacerlo, cualquier cosa era mejora. Pero conviene decirlo claro, porque el discurso de "la IA lleva tus cuentas solas" no es cierto: la IA lleva la parte mecánica y tú llevas la parte de decidir. Si desaparece la segunda, tienes un sistema muy ordenado que te lleva a conclusiones equivocadas.

Qué me he quedado y qué he tirado

Me he quedado la categorización automática y los avisos. Eso es puro ahorro de trabajo sin decisiones de por medio: si algo se sale de lo normal, me entero el mismo día en vez de a fin de mes.

Me he quedado el repaso semanal de dos minutos. Es lo que hace que el sistema no se degrade.

He tirado los consejos automáticos. Los desactivé. No porque sean siempre malos, sino porque leer una recomendación mal calibrada cada mes te acostumbra a ignorar el resumen entero, y entonces te pierdes también lo bueno.

Y he cambiado la pregunta que le hago. Antes le pedía "dime cómo puedo ahorrar". Ahora le pido "dime qué ha cambiado respecto al mes pasado y por qué". Lo segundo devuelve hechos. Lo primero devuelve consejos genéricos de blog de finanzas.

Es la misma lógica que aplico con la IA en todo lo demás, y que resumo en la guía de IA para el día a día: sirve para ver, no para decidir. Ver mis propios datos ordenados durante tres meses me cambió dos hábitos. Ninguna de las recomendaciones automáticas me cambió nada.

Si quieres saber por dónde te conviene empezar a meter IA en tus cosas del día a día, tengo un test corto que te lo dice en cinco minutos.

Hacer el test

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