Los amigos que perdiste por emprender y los que se quedaron

Emprender filtra las amistades. No porque quieras que pase, sino porque el tiempo y la energía son limitados y el mundo se reorganiza.

Hay amigos de antes del negocio y amigos de después del negocio.

Y la distancia entre los dos grupos, si llevas suficiente tiempo emprendiendo, puede ser enorme. No porque hayas decidido alejarlos. No porque seas mejor ni peor persona que antes. Sino porque cuando emprendes, tu mundo cambia de forma que es muy difícil de explicar desde fuera.

El primero que se fue era el amigo de toda la vida. El de los domingos, el de los planes de última hora, el de las conversaciones largas sin propósito concreto. Se fue sin drama. Sin ruptura. Simplemente dejaron de cuadrar los horarios, luego los contextos, luego las conversaciones. Ahora os dais un like en Instagram de vez en cuando.

¿Por qué el emprendimiento aleja a las amistades sin que nadie quiera que pase?

Porque cambia tu relación con el tiempo. Para un empleado, el fin de semana es tiempo libre. Para ti, el fin de semana es tiempo potencialmente productivo al que renuncias si decides usarlo en otra cosa. Eso no significa que no quieras ver a tus amigos. Significa que verlos tiene un coste diferente.

Y tus amigos no perciben ese coste. Ven que cancelas planes o que estás distraído cuando estáis juntos. Lo interpretan como que ya no te importa, cuando en realidad lo que pasa es que estás gestionando una carga que ellos no ven.

Con TDAH hay otro problema. Tu capacidad social tiene un límite. Cuando llevas toda la semana gestionando el hiperfoco del negocio, las interacciones sociales requieren un tipo de energía que a veces simplemente no tienes. Y cancelar esa cena no es rechazo. Es supervivencia. Pero desde fuera, si ocurre suficientes veces, es abandono.

¿Qué tipo de amistades sobreviven al emprendimiento?

Las que no necesitan cantidad para funcionar.

Los amigos que están bien con un café cada dos meses pero ese café dura tres horas y es real. Los que entienden que cancelas sin que sea una señal de que no les importas. Los que tienen sus propias cosas intensas en la vida y no necesitan que tú estés disponible constantemente.

También sobreviven las amistades que se construyen alrededor del emprendimiento en sí. Personas en situaciones similares, que entienden sin que tengas que explicar, que pueden hablar de los mismos miedos sin juzgar. La soledad del emprendedor es real, pero se alivia mucho cuando tienes cerca a alguien que la ha vivido.

Lo que no sobrevive: las amistades que necesitan disponibilidad constante para mantenerse vivas. Las que se basan en la rutina de quedar todas las semanas. Las que requieren que seas la versión de ti que eras antes del negocio.

¿Deberías sentirte culpable por ello?

No. O al menos, no más de lo razonable.

Perder amistades por emprender no es una señal de que estás haciendo algo mal. Es una consecuencia natural de que has entrado en un modo de vida que es incompatible con ciertos tipos de relación. No eres la misma persona que eras antes del negocio. No tienes los mismos recursos. No tienes la misma cabeza.

Lo que sí tiene sentido revisar es si la pérdida de amistades es una señal de que el negocio te está consumiendo más de lo que debería. Si ya no tienes ninguna amistad que no sea de negocio. Si todas tus conversaciones son sobre trabajo. Si la última vez que hiciste algo sin ningún propósito productivo no recuerdas cuándo fue.

Eso ya no es el emprendimiento filtrando amistades. Eso es el emprendimiento sustituyendo todo lo demás.

¿Vale la pena hacer el esfuerzo de mantener amistades cuando el tiempo escasea?

Sí. Pero hay que ser selectivo.

No puedes mantener vivas todas las amistades con la misma energía que antes. No tienes esa energía. Así que la pregunta no es "¿cómo mantengo todas mis amistades?" sino "¿cuáles de estas amistades quiero que sobrevivan y qué estoy dispuesto a hacer para que eso pase?"

Eso requiere una elección activa que la mayoría de la gente no hace porque parece calculador. Pero no hacerla también es una elección. La diferencia es que la elección inconsciente suele favorecer al negocio por defecto.

Los amigos que se quedaron lo hicieron porque valen la pena y porque los trataste como tales, aunque fuera con menos frecuencia. Los que se fueron no siempre se fueron por tu culpa.

Emprender con TDAH es un deporte de riesgo en el que nadie te da manual.

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