Elon Musk: el cerebro que no puede hacer una sola cosa a la vez
Elon Musk tiene Asperger confirmado, pero su cerebro funciona con rasgos que cualquiera con TDAH reconocería al instante. Cinco empresas a la vez no es normal.
Tesla, SpaceX, X, Neuralink, The Boring Company.
Elon Musk no tiene una empresa. Tiene cinco. Simultáneamente. Y tuitea a las tres de la mañana como si dormir fuera opcional.
La mayoría de directivos del planeta necesitan un año para integrar una adquisición. Musk compra una red social un viernes, despide al ochenta por ciento de la plantilla el lunes, y el martes ya está tuiteando memes sobre ello. Mientras tanto, lanza cohetes, fabrica coches y planifica colonias en Marte.
Eso no es simplemente ser ambicioso. Eso es un cerebro que funciona a un ritmo que la mayoría de la gente no puede ni imaginar.
Lo primero: lo que Musk ha confirmado y lo que no
Antes de seguir, hay algo importante que aclarar.
Elon Musk tiene Asperger. Lo confirmó él mismo en 2021 cuando presentó Saturday Night Live. Lo dijo así, sin rodeos, delante de millones de personas. Eso está fuera de toda duda.
Lo que Musk no ha confirmado nunca es un diagnóstico de TDAH.
Y eso importa. Porque en este blog no inventamos diagnósticos ni jugamos a ser psicólogos de salón. Lo que sí podemos hacer es observar patrones de comportamiento que son públicos, documentados, y que cualquier persona con TDAH reconoce al instante. Porque si has vivido con un cerebro que no para, sabes identificar uno cuando lo ves.
Y el de Musk tiene todas las papeletas.
¿Cómo se ven los posibles rasgos TDAH en Elon Musk?
Vamos por partes. Porque hay material para rato.
La hiperfocalización brutal. Cuando Musk se mete en algo, desaparece del mundo. Sus empleados en SpaceX han contado cómo puede pasarse días sin salir de la fábrica, durmiendo en el suelo, comiendo lo que le traigan, completamente absorto en un problema de ingeniería. Eso no es disciplina. Eso es un cerebro que ha encontrado algo que le enciende y que no tiene botón de apagar hasta que se agota la batería.
Si tienes TDAH, sabes exactamente de qué hablo. Es esa sensación de sentarte a hacer algo a las siete de la tarde y cuando levantas la cabeza son las cuatro de la mañana. No porque seas irresponsable. Porque tu cerebro eligió ese tema y punto.
Los saltos entre proyectos. Coches eléctricos. Cohetes. Túneles. Chips cerebrales. Redes sociales. Lanzallamas. Literalmente lanzallamas. La mayoría de personas con éxito encuentran un nicho y profundizan. Musk salta de industria en industria como si cada nueva idea fuera la única que importa. Hasta que llega la siguiente.
Eso tiene un nombre en el mundo del TDAH: la búsqueda constante de novedad. El cerebro necesita estímulo nuevo. Lo conocido aburre. Lo que ya funciona deja de ser interesante. Y aparece la siguiente obsesión.
Jeff Bezos tiene un patrón parecido
La impulsividad. Si necesitas un ejemplo de impulsividad, solo tienes que abrir la cuenta de X de Elon Musk. Tuits a las tres de la mañana. Respuestas sin filtro. Decisiones que mueven mercados hechas con la misma reflexión previa que tú usas para elegir qué cenar. El famoso "funding secured" que le costó una multa de veinte millones de dólares a la SEC fue un tuit escrito en el momento, sin consultar a nadie.
Un cerebro que actúa primero y piensa después. Cualquiera con TDAH se ha visto reflejado ahí al menos una vez a la semana.
La gestión del tiempo… creativa. Musk ha admitido que duerme seis horas o menos. Que trabaja entre ochenta y cien horas a la semana. Que programa reuniones de cinco minutos y las corta cuando se aburre. Que ha dormido en fábricas durante semanas enteras.
Eso no es productividad. Es un cerebro que no sabe descansar. Que no distingue entre "quiero seguir" y "debería parar". Que funciona a tope hasta que se estrella y luego vuelve a arrancar como si nada.
El Asperger y el TDAH no son lo mismo. Pero se llevan muy bien.
Aquí viene lo interesante.
El Asperger (que ahora se clasifica dentro del espectro autista) y el TDAH son condiciones diferentes. Pero se solapan con una frecuencia que no es casualidad. Estudios recientes sugieren que entre el 30 y el 80 por ciento de personas autistas también cumplen criterios de TDAH.
Con Musk, lo que vemos públicamente son rasgos que encajan en ambos mundos. La intensidad obsesiva puede venir del autismo. La impulsividad y los saltos entre proyectos encajan más con el TDAH. La falta de filtro social podría ser cualquiera de los dos. O los dos a la vez.
No necesitamos un diagnóstico oficial para reconocer que ese cerebro no funciona como el estándar. Y que esa diferencia es exactamente lo que le ha llevado donde está.
Lo que nadie ve: el precio de un cerebro que no para
Steve Jobs pagó un precio similar
Musk tiene varias exparejas. Al menos once hijos reconocidos. Relaciones públicas turbulentas. Empleados que le describen como inspirador y como insoportable en la misma frase. Conflictos públicos constantes. Una presencia en redes que oscila entre lo genial y lo preocupante.
Porque un cerebro que funciona a esta velocidad no viene con manual de instrucciones. No se apaga cuando llegas a casa. No se vuelve amable y paciente porque ahora toca ser padre. Sigue ahí. Sigue disparando. Sigue necesitando más.
Y eso agota. No solo a quien lo tiene, sino a todos los que están cerca.
Lo que el caso Musk nos dice sobre los cerebros diferentes
Que puedes construir cinco empresas valoradas en cientos de miles de millones y seguir siendo un cerebro que no encaja en la definición estándar de "normal".
Que la misma energía que los empresarios con TDAH transforman en negocios es la que a los quince años les hacía suspender y escuchar que eran vagos.
Que el cerebro de Musk no es mejor ni peor que el tuyo. Es diferente. Y esa diferencia, canalizada con los recursos y las circunstancias adecuadas, puede cambiar industrias enteras. O destrozar relaciones. Normalmente las dos cosas a la vez.
Y que si tienes un cerebro que no puede hacer una sola cosa a la vez, que salta de idea en idea, que se obsesiona y luego se aburre, que funciona a las tres de la mañana y no puede arrancar a las nueve, no estás roto.
Tienes un cerebro que funciona de otra manera. La pregunta no es si eso es bueno o malo. La pregunta es qué haces con ello.
Si alguna vez te has sentido identificado con esa forma de funcionar, con los saltos, la intensidad, la incapacidad de hacer solo una cosa, quizá no sea un defecto. Quizá sea tu cerebro pidiéndote que lo entiendas.
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