El tiempo que regalas gratis sin saberlo

No es solo el trabajo que haces sin cobrar. Es el tiempo que das a otros antes de darte a ti mismo. El emprendedor con TDAH regala tiempo constantemente.

Hay un tipo de generosidad que arruina negocios.

No la generosidad de dar valor a tu audiencia, de ayudar a clientes, de compartir lo que sabes. Esa tiene sentido. La que arruina negocios es la otra. La de dar tiempo sin llevar la cuenta. La de responder mensajes a deshora porque te parece lo cortés. La de alargar reuniones porque el cliente parece que quiere seguir hablando. La de atender peticiones urgentes de personas que nunca pagan urgente.

Esa generosidad no te hace mejor persona. Te hace más pobre.

¿Cuánto tiempo das gratis cada semana?

No lo sabes. Ese es el problema.

Si llevaras la cuenta real de todo el tiempo que dedicas a actividades que no generan nada, el número te daría vértigo. No estoy hablando de las reuniones que ya sabemos que sobran. Estoy hablando de cosas más sutiles.

El prospecto que lleva tres semanas pidiéndote "una llamada rápida para entender bien lo que ofreces" y que nunca va a contratar. La persona de tu sector que te pregunta cosas que debería saber ella, no tú. El cliente pequeño que te escribe a las 10 de la noche esperando respuesta inmediata porque "es que es urgente". El ex-alumno que quiere que le revises algo "en cinco minutos" y son cuarenta.

Cada uno de esos momentos, por separado, parece pequeño. Juntos, son horas semanales que salen de tu cuenta personal sin que nadie te las devuelva.

Y lo más cruel es que muchas veces el cerebro con TDAH ni siquiera registra que está pasando. Vas de una cosa a la otra, respondiendo, atendiendo, resolviendo. Y al final del día te preguntas por qué no has avanzado nada de lo que querías avanzar.

¿Por qué el TDAH hace que regales más tiempo que otros?

Varias razones. Todas incómodas.

La primera es la impulsividad. Cuando llega una petición, el cerebro responde antes de evaluar si debe responder. No hay filtro. La petición entra, el cerebro activa, la respuesta sale. El análisis de si eso es buena idea llega después, cuando ya has dicho que sí.

La segunda es la dificultad para poner límites en caliente. Decir "ahora no puedo, te digo cuándo" requiere pausar, evaluar, y comunicar un no suavizado. Eso cuesta energía cognitiva. Y cuando el cerebro está activado en modo respuesta, esa energía no está disponible.

La tercera es la búsqueda de aprobación. No en todos los emprendedores con TDAH, pero sí en muchos. Ayudar da dopamina inmediata. El agradecimiento del otro es una recompensa rápida. Y el cerebro con TDAH va detrás de recompensas rápidas como si le fuera la vida en ello.

El resultado es que terminas siendo muy generoso con el tiempo de los demás y muy poco generoso con el tuyo propio. Y tu tiempo es exactamente lo que hace que tu negocio funcione o no.

¿Cómo sabes a quién merece la pena dar tu tiempo?

La pregunta correcta no es quién lo merece. Es qué produce.

No en términos estrictamente económicos. Hay tiempo que das a personas que no te pagan y que vale la pena. Ayudar a alguien que está empezando, sin esperar nada a cambio, puede ser una inversión de reputación a largo plazo. O simplemente puede ser lo correcto.

Pero hay que ser consciente de que es una elección. No una obligación. Y cuando es una elección, la puedes gestionar.

El problema es cuando el tiempo se va sin que hayas elegido darlo. Cuando simplemente ocurre, porque no tienes un sistema que lo filtre. Ahí es donde se produce el agujero.

Lo que me funcionó fue crear fricción artificial para las peticiones de tiempo que no generaban nada. Si alguien me pide una llamada, hay un proceso. Si alguien quiere que revise algo, hay un canal específico. Si alguien necesita respuesta urgente fuera de horario, hay un coste asociado.

No es ser antipático. Es no depender de que nadie te haga el favor de respetar tu tiempo.

¿Hay algo que recuperar o el tiempo regalado ya está perdido?

El tiempo ya está perdido. Pero el patrón no tiene que repetirse.

Lo primero es hacer el inventario. Una semana entera, sin cambiar nada, registrando todo. Cada conversación, cada respuesta, cada petición atendida. Al final de la semana tienes el dato real de dónde se va el tiempo.

Lo segundo es decidir qué quieres eliminar, qué quieres reducir, y qué quieres mantener aunque no genere nada económico. Con los ojos abiertos.

Lo tercero es construir el sistema que proteja esas decisiones. Porque el sistema es lo que funciona cuando no tienes energía para decidir en tiempo real.

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