Me siento demasiado para todo el mundo: TDAH e intensidad emocional
Sentirte excesiva, demasiado intensa, demasiado ruidosa, tiene una explicación concreta si tienes TDAH. No eres demasiado. Eres diferente.
Demasiado ruidosa.
Demasiado entusiasta. Demasiado intensa. Demasiado sensible. Demasiado todo.
Es una frase que las mujeres con TDAH escuchan en versiones distintas toda la vida. No siempre literal. A veces es una mirada. A veces es el silencio incómodo después de que hayas hablado con demasiado entusiasmo de algo que a nadie más le importa tanto como a ti en ese momento.
Y al final, después de suficientes veces, no hace falta que te lo digan. Te lo dices tú sola.
"Soy demasiado para todo el mundo."
¿Por qué las mujeres con TDAH sienten tan intenso?
No es exageración. No es inmadurez emocional. Tiene una base neurológica bastante específica.
El TDAH está relacionado con cómo el cerebro regula la dopamina. Y esa desregulación no afecta solo a la atención o a la organización. Afecta también a cómo se procesan las emociones. Las emociones con TDAH no llegan en dosis normales. Llegan a tope.
La alegría es euforia. La frustración es rabia desproporcionada. El entusiasmo por algo nuevo es obsesión durante tres días seguidos. El dolor por una crítica menor es como si el mundo se hundiera.
Hay un concepto que se llama disforia sensible al rechazo, o RSD en inglés. Es la tendencia a percibir el rechazo, real o imaginado, de una forma extremadamente intensa. Una mirada rara en una reunión se convierte en "les caigo fatal". Un mensaje sin contestar es abandono.
Y cuando llevas años experimentando emociones en modo alta definición mientras el mundo te dice que estás exagerando, aprendes a desconfiar de lo que sientes. Aprendes que tus emociones son el problema.
El coste de intentar achicarse
Aquí está lo que pasa cuando pasas años intentando ser menos.
Aprendes a frenarte. A no decir lo que piensas con toda la energía que tienes. A bajar el entusiasmo dos puntos para no asustar. A no emocionarte tanto en público para no parecer rara.
Y eso tiene un nombre: enmascaramiento. Es agotador. Y tiene un coste enorme en términos de identidad, porque al final ya no sabes muy bien dónde estás tú y dónde está la versión filtrada que has aprendido a mostrar.
La vergüenza crónica en mujeres con TDAH está muy relacionada con esto. Con años aprendiendo que ser como eres es un problema para los demás.
La intensidad no es el problema
Esto es lo que me parece importante decir.
La intensidad emocional del TDAH tiene un lado oscuro, sí. La RSD es real y dolorosa. La desregulación emocional puede sabotear relaciones y situaciones si no se gestiona.
Pero la misma intensidad que hace que sufras cuando algo va mal, es la que hace que te apasiones por las cosas de una forma que muy poca gente puede. La que hace que cuando conectas con alguien, conectas de verdad. La que hace que si algo te importa, le pones una energía que abruma a quienes te rodean.
El problema no es ser intensa. El problema es no saber qué hacer con esa intensidad y creer que el objetivo es desactivarla.
Si te has pasado años creyendo que eres demasiado, te recomiendo mirar esto desde otro ángulo: qué significa reconstruir la identidad después del diagnóstico. Porque la identidad que construiste tratando de ser menos no es la tuya.
Si quieres entender cómo funciona tu cerebro, el test que tengo tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un cuestionario de revista. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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