Parálisis de decisión en mujeres con TDAH: ni sé qué comer
¿Tardas 20 minutos en decidir qué cenar? La parálisis de decisión es un síntoma TDAH en mujeres muy infradiagnosticado. Esto es lo que pasa en tu cerebro.
Son las dos del mediodía. Tienes hambre. Abres la nevera, la cierras. Abres el armario, lo cierras. Abres el móvil para buscar una receta y cuarenta minutos después sigues con el móvil en la mano, con más hambre que antes, completamente bloqueada.
No has elegido qué comer. No puedes.
Y lo peor no es el hambre. Lo peor es la sensación de que estás siendo ridícula. "¿Cómo puede costarte tanto algo tan sencillo?"
¿Por qué las mujeres con TDAH se quedan paralizadas ante decisiones pequeñas?
A ver, vamos a entender qué pasa ahí dentro.
El cerebro con TDAH tiene un problema específico con la función ejecutiva, que es básicamente el sistema de gestión interna que te permite priorizar, iniciar tareas y tomar decisiones. No es que seas indecisa de carácter. Es que tu semáforo interno tiene un cable flojo y a veces se queda en rojo aunque no haya tráfico.
Cuando hay varias opciones igual de válidas, o cuando ninguna opción genera suficiente dopamina para activar la respuesta, el cerebro TDAH simplemente... no arranca. Es como intentar encender un coche con la batería casi muerta. A veces sale. A veces el motor gira y gira y no pasa nada.
Y esto no pasa solo con la comida.
Pasa con la ropa. "¿Qué me pongo hoy?" puede convertirse en veinte minutos mirando el armario sin decidir nada, llegar tarde, y empezar el día ya con la sensación de que eres un desastre. Pasa con películas, con destinos de vacaciones, con qué responder a un mensaje. Cualquier decisión donde no hay una respuesta claramente mejor que las demás puede convertirse en un atasco de tráfico cerebral sin solución aparente.
Lo que hace que esto sea especialmente invisible en mujeres es que solemos enmascararlo bien. Delegamos la decisión a la pareja. Pedimos siempre lo mismo en el restaurante para no tener que pensar. Hacemos listas de lo que hay en casa para no tener que procesar opciones en tiempo real. Estrategias de supervivencia que nadie ve y que, desde fuera, parecen manías o indecisión de siempre.
"Pero si eres muy lista, ¿cómo no puedes decidir qué cenar?"
Esta frase me llega mucho.
O sea, hay algo muy retorcido en que una mujer pueda dirigir un equipo de trabajo, gestionar una logística familiar compleja o hablar cuatro idiomas, y luego quedarse veinte minutos paralizada delante del supermercado porque hay demasiadas opciones de pasta.
Pero eso es exactamente lo que pasa con el TDAH. No es un problema de inteligencia. Es un problema de activación. La inteligencia no compensa la disfunción ejecutiva, del mismo modo que ser buena conductora no arregla una rueda pinchada.
Lo que sí ayuda, y que muchas mujeres aprenden solas por puro ensayo y error, es reducir las opciones antes de que llegue el momento de la decisión. Menús semanales, no para comer siempre lo mismo, sino para no tener que decidir con el cerebro en blanco y el estómago rugiendo. Uniformes de trabajo. Capetas fijas de ropa para "días malos". Eliminar variables donde puedas para guardar energía cognitiva para cuando de verdad importa.
Parece una tontería, pero es gestión de recursos cerebrales, que es literalmente lo que le piden a alguien cuya neurología no distribuye esos recursos de forma eficiente.
Si te ves reflejada en esto, puede tener más sentido que te hayas pensado. La guía completa sobre TDAH en mujeres explica por qué estos síntomas pasan tan desapercibidos durante años. Y si quieres entender cómo la disfunción ejecutiva afecta específicamente al lenguaje y la memoria, el post sobre olvido de palabras en mujeres con TDAH también te va a encajar.
La parálisis de decisión no es un defecto de personalidad. Es un síntoma. Y reconocerlo como tal cambia bastante cómo te tratas a ti misma cuando vuelve a pasar.
Si sospechas que lo que describes tiene nombre, el test que construí puede ser un primer punto de orientación. 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. Puedes hacerlo aquí.
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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.
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