Dejé de hacer todo yo y facturé el doble
Hacía todo: marketing, soporte, contenido, contabilidad. El día que solté empecé a facturar el doble. La historia real.
En 2023, mi semana tenía esta pinta:
Lunes: crear contenido para YouTube. Martes: editar vídeos. Miércoles: escribir emails. Jueves: contestar alumnos. Viernes: contabilidad. Sábado: estrategia. Domingo: lo que no me daba tiempo entre semana, que era casi todo.
Facturaba bien. No voy a mentir. Pero trabajaba 60 horas semanales. Dormía mal. No hacía ejercicio. Mi relación de pareja consistía en estar en la misma habitación mirando pantallas diferentes.
Y un día me di cuenta de algo que debería haber visto antes: estaba ganando dinero, pero estaba perdiendo todo lo demás.
El primer eureka no fue inspirador, fue humillante
Un colega me preguntó cuánto ganaba por hora. No lo sabía. Hice el cálculo. 60 horas semanales, 240 horas al mes. Dividí mi facturación entre 240.
El número que salió era vergonzoso. Menos que lo que cobraba un freelance decente por hora. Yo, con 14 productos, con miles de alumnos, con años de experiencia, ganaba por hora menos que el tío que me editaba los vídeos.
Porque el tío que me editaba los vídeos hacía UNA cosa. Y yo hacía TODO.
¿Por qué el cerebro TDAH quiere hacerlo todo?
Porque somos adictos al control. No al control sano, al neurótico. Al de "si no lo hago yo, sale mal". Al de "nadie entiende mi visión". Al de "enseñarle a alguien me cuesta más tiempo que hacerlo yo".
Todo eso es verdad a corto plazo. Sí, enseñarle a alguien a editar tus vídeos toma tiempo. Sí, al principio no lo hará como tú. Sí, te va a costar soltar.
Pero a largo plazo, hacerlo todo tú es la mejor forma de no poder levantarte de la cama con un negocio que gestionar.
Lo primero que solté fue lo que más me costaba
No empecé delegando lo que no me gustaba. Empecé delegando lo que peor se me daba. Que resulta que era la contabilidad.
Contraté a una gestora. Me costaba 150 euros al mes. Y en el primer mes me ahorró una multa de 400 euros por una declaración que yo había presentado mal. Eso es un ROI del 267% en 30 días. Ninguna inversión en bolsa te da eso.
Lo segundo que solté fue la edición de vídeo. Me dolió. En serio. Porque yo sentía que la edición era "mi estilo". Pero la verdad es que mi estilo era pasar 6 horas editando un vídeo de 10 minutos porque mi cerebro TDAH se perdía en cada transición.
Lo que pasó cuando dejé de hacer todo
Pasó algo que no esperaba: empecé a pensar.
Suena raro, pero cuando estás ejecutando 12 horas al día, no piensas. No tienes espacio. No tienes margen. Tu cerebro está en modo supervivencia permanente.
Cuando liberé 20 horas semanales, de repente tenía hueco para sentarme y pensar en el negocio. No trabajar EN el negocio. Pensar SOBRE el negocio. Y ahí fue donde empezó a crecer de verdad.
Vi productos que no estaban funcionando y los eliminé. Vi oportunidades que no estaba aprovechando y las desarrollé. Vi que mi forma de cobrar por hora me estaba limitando y cambié el modelo.
La facturación se duplicó en 6 meses. No porque trabajara más. Porque trabajaba en las cosas correctas.
La trampa de "nadie lo hace como yo"
Es verdad. Nadie lo hace como tú. ¿Y qué?
Tu editor no edita como tú. Edita diferente. Y "diferente" no es "peor". Es diferente. Y a veces es mejor, porque esa persona lleva años especializándose en eso mientras tú estabas jugando a ser diseñador, contable, community manager y CEO al mismo tiempo.
No puedes hacerlo todo y lo sabes, pero sigues intentándolo
El ejercicio que me cambió la perspectiva
Haz una lista de todo lo que haces en una semana. Todo. Desde contestar emails hasta subir stories.
Ahora divídela en dos columnas: "solo yo puedo hacer esto" y "técnicamente cualquiera podría hacer esto".
La segunda columna va a ser el 70% de tu lista. Como mínimo.
Ese 70% es tiempo que estás regalando. Tiempo que podrías estar usando para crear, para vender, para pensar, para vivir. Que emprender con TDAH ya es bastante deporte de riesgo como para encima correr con pesas en los tobillos.
Suelta. Delega. Confía.
Tu negocio no necesita que lo hagas todo tú. Necesita que hagas lo que solo tú puedes hacer. Y el resto, que lo haga alguien que cobra por hacerlo bien.
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