El cliente que me demandó me enseñó más que un MBA sobre contratos

Trabajé sin contrato, confié en la buena fe y un cliente me amenazó con demandarme. Lo que aprendí sobre protegerte cuando emprendes solo.

Nunca pensé que necesitaría un abogado.

En serio. Cuando empecé a hacer proyectos de software para clientes, mi proceso era el siguiente: el cliente me explicaba lo que quería, yo decía que sí, lo hacía, me pagaba y ya. Sin contrato. Sin presupuesto formal. Sin nada firmado. Un apretón de manos virtual y a currar.

Funcionó durante un año. Hasta que dejó de funcionar.

El proyecto que empezó bien y acabó en amenaza

Era un cliente que llegó recomendado. Buen presupuesto, proyecto interesante, persona maja. Todo pintaba perfecto. Le hice una propuesta por email, me dijo que sí, y me puse a trabajar.

El problema empezó en la semana tres. Empezó a pedir cambios. No cambios pequeños - cambios estructurales. "Oye, ¿y si en vez de hacer esto hacemos lo otro?" "Ah, y esto que habíamos dicho, mejor cámbialo por completo." "Se me ha ocurrido una cosa nueva, ¿lo añadimos?"

Yo, buen chaval, iba diciendo que sí a todo. Sin cobrar extra. Sin documentar los cambios. Sin ningún papel que dijera qué estaba incluido y qué no.

Cuando llegó el momento de entregar, el proyecto no se parecía en nada a lo que habíamos hablado al principio. Él decía que faltaban cosas. Yo decía que esas cosas nunca estuvieron en el plan. Pero no había plan. No había contrato. No había nada.

Y entonces dijo la frase: "Voy a hablar con mi abogado."

El momento en que te das cuenta de que eres vulnerable

Esa frase te cambia. No importa si tienes razón o no. No importa si al final no pasa nada. En el momento en que alguien te dice "voy a hablar con mi abogado", se te cae el mundo encima.

Porque tú no tienes abogado. Tú eres un tío solo, en su habitación, haciendo proyectos para pagar el alquiler. No tienes departamento legal. No tienes seguro de responsabilidad civil. No tienes ni un puñetero documento que demuestre qué acordasteis.

Pasé dos semanas sin dormir bien. Buscando en Google "qué pasa si un cliente te demanda sin contrato". Leyendo foros de abogados a las 3 de la mañana. Calculando cuánto me costaría defenderme si llegaba a juicio.

Al final no llegó. Negociamos. Le devolví parte del dinero. Él se quedó con el trabajo hecho. Los dos perdimos.

Pero yo perdí algo más: la inocencia de pensar que la buena fe es suficiente.

Lo que hice al día siguiente

Lo primero fue llamar a un abogado. De verdad, busqué uno, pedí cita y fui. Me costó 150 euros la consulta y salí con un contrato tipo de prestación de servicios que uso desde entonces.

Lo segundo fue crear una plantilla de presupuesto con tres cosas: alcance exacto del proyecto, número de revisiones incluidas, y qué pasa si el cliente pide cosas fuera del alcance.

Lo tercero fue aprender a decir no. Porque decir no a un cliente no es perder un proyecto, es proteger tu salud mental y tu cuenta bancaria.

Parece obvio, ¿no? Pues cuando estás empezando y un cliente te dice "añade esto", tu cerebro dice: "Si digo que no, se va." Y te da más miedo perder al cliente que trabajar gratis.

Por qué los emprendedores solos somos tan vulnerables

Porque nadie nos enseña la parte legal. En ningún curso de emprendimiento te hablan de contratos, de cláusulas de resolución, de propiedad intelectual. Te hablan de funnels, de tráfico, de escalabilidad. Pero no de qué hacer cuando un cliente te dice que habla con su abogado.

Y cuando emprendes solo, no tienes a nadie que te cubra. No hay socio que negocie mientras tú trabajas. No hay equipo legal. Estás tú, tu ordenador y tu pánico.

Desde ese día, no empiezo un proyecto sin contrato. Me da igual que sea un amigo, un familiar o el cliente más majo del mundo. Contrato firmado antes de escribir una línea de código. Sin excepciones.

Y te digo más: los clientes buenos no se asustan por un contrato. Al contrario. Les da confianza. Les dice que trabajas en serio, que tienes procesos, que no eres un chaval improvisando en su cuarto. Los únicos que se asustan con un contrato son los que pretendían aprovecharse de no tener uno.

Ese filtro, solo eso, me ha ahorrado más problemas que cualquier herramienta de gestión de proyectos.

No es desconfianza. Es aprender por las malas que emprender sin protección es como hacer puenting sin cuerda. Puedes tener suerte muchas veces, pero solo necesitas una mala para que duela de verdad.

Y 150 euros de abogado es la mejor inversión que he hecho. Mejor que cualquier curso, herramienta o app que haya comprado jamás.

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