Dejar de compensar: el permiso que estabas esperando

Las mujeres con TDAH llevamos años fingiendo que podemos con todo. Dejar de compensar no es rendirse. Es la decisión más honesta que puedes tomar.

Hay una habilidad que las mujeres con TDAH desarrollamos a un nivel olimpico.

Compensar.

Aprendemos a llegar a tiempo aunque por dentro seamos un caos. A tener la casa presentable cuando viene alguien aunque los cajones sean un desastre de proporciones bíblicas. A entregar el trabajo en fecha aunque hayamos dormido tres horas. A sonreír en la reunión aunque no hayamos podido procesar lo que se habló en la anterior.

Compensamos tan bien que nadie sospecha nada. Y eso durante años nos hace creer que la estrategia funciona.

No funciona.

Funciona en el sentido de que los platos no caen. Pero el coste de mantenerlos en el aire lo paga alguien. Y ese alguien eres tú, siempre tú, sin que nadie lo vea.

¿Qué significa dejar de compensar?

No significa rendirse. No significa dejar de funcionar. No significa abandonar todo y encerrarte en casa a mirar el techo.

Significa dejar de gastar energía enorme en parecer que no tienes TDAH cuando lo tienes.

Es una diferencia sutil pero cambia todo.

Compensar es gastar el 80% de tu energía en fingir que tu cerebro funciona como el de los demás, y el 20% restante en hacer las cosas realmente importantes. Dejar de compensar es invertir esa proporción: usar la energía en estrategias que funcionan para tu cerebro, no en esconder que las necesitas.

Ejemplos concretos de lo que se ve cuando alguien deja de compensar:

Decir "necesito que me mandes eso por escrito" en vez de asentir en la reunión sabiendo que vas a olvidarlo.

Usar alarmas y recordatorios visibles sin sentirte mal por necesitarlos.

Pedir extensiones de plazos cuando los necesitas, sin inventar excusas.

Decir "no puedo llegar a eso" en vez de decir sí y luego quedarte sin energía.

Aceptar que tu entorno de trabajo tiene que ser diferente al de los demás para que funciones bien.

Nada de esto es rendirse. Es precisamente lo contrario: es hacer las cosas con las herramientas que realmente tienes, no con las que finges tener.

El permiso que nadie te da

Aquí viene la parte incómoda.

Nadie te va a dar ese permiso. No tu jefa. No tu pareja. No tu familia. No el sistema.

El permiso para dejar de compensar lo tienes que dar tú. Y eso es más difícil de lo que parece porque llevamos años construyendo nuestra identidad sobre la compensación. "Soy la que se las apaña." "Soy la que siempre llega aunque sea al límite." "Soy la que parece un desastre por dentro pero por fuera funciona."

Dejar eso atrás significa redefinir quién eres. Y eso no es pequeño.

Pero hay algo al otro lado que vale la pena.

Cuando dejas de gastar el 80% de tu energía en parecer normal, esa energía está disponible para otras cosas. Para los proyectos que siempre querías hacer. Para las relaciones que se merecen más de lo que les dabas cuando todo lo demás te estaba vaciando. Para estar presente de verdad en tu propia vida en vez de estar siempre en modo supervivencia.

La primera medicación para el TDAH adulto a veces ayuda a hacer ese espacio. A bajar el volumen del ruido interno lo suficiente para que la energía no se vaya toda en gestionar el caos. Pero la medicación sola no hace el trabajo. El trabajo es decidir que ya no vas a fingir.

Es un trabajo largo. No pasa de un día para otro. Pero empieza con una decisión.

Y esa decisión puedes tomarla tú, ahora, sin esperar que nadie te lo autorice.

Si quieres entender mejor qué parte de tu energía estás gastando en compensar y qué estrategias encajan con tu cerebro, el test que construí puede ser un buen punto de partida. 43 preguntas, resultados concretos. Puedes hacerlo aquí.

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Este post es orientativo y no sustituye el diagnóstico ni tratamiento profesional. Si sospechas que tienes TDAH, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado.

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