Los deberes con TDAH: la tortura diaria de madre e hijo

La hora de los deberes con TDAH es una batalla campal. Tuya y de tu hijo. Entender qué pasa es el primer paso para que sea menos infierno.

Las cuatro de la tarde.

Tú llevas todo el día intentando mantener la cabeza ordenada. Has llegado al punto del día en que tu cerebro ya está al límite. Y ahora hay que sentarse con tu hijo, que también lleva todo el día en el cole con el suyo, a hacer dos páginas de mates y un resumen de Sociales.

Lo que viene a continuación no lo llamo discusión. Lo llamo volcán con previo aviso.

¿Por qué los deberes son tan difíciles con una madre con TDAH?

Porque hay dos cerebros TDAH en la misma mesa.

O uno TDAH y uno que tiene todo el cansancio acumulado de las cinco horas de clase. O simplemente uno tuyo que ya llegó al límite hace rato y ahora tiene que aguantar que tu hijo pregunte cuántas veces más hay que escribir la misma palabra.

El TDAH tiene un problema muy específico con este momento del día. Se llama agotamiento de la función ejecutiva. Durante el día, tu cerebro ha estado usando a tope los recursos de planificación, organización y regulación emocional. Para las cuatro de la tarde, esos recursos están casi vacíos.

Y los deberes requieren exactamente eso. Organizarte. Regular tu frustración cuando tu hijo no entiende algo que tú sí entiendes. Mantener la atención. Recordar cómo se hace una división cuando llevas diez años sin hacer una.

Es como pedirle a alguien que ha corrido una maratón que escale una montaña al llegar a la meta.

El bucle del que nadie habla

Aquí está la parte que más cuesta admitir.

Cuando te frustras con los deberes, no es solo que el ejercicio sea difícil. Es que cada vez que tu hijo no avanza, sientes que estás fallando como madre. Que deberías ser más paciente. Que otras madres lo hacen mejor.

Y esa frustración que intentas tragar, porque si no la tragas explota, consume la poca energía que te queda.

El problema es que los niños notan la tensión aunque no digas nada. Y un niño que nota que mamá está al límite tiene una reacción bastante predecible: o se pone más difícil o se bloquea. Y ahí el bucle se cierra.

Esto conecta directamente con lo que pasa en las tardes de madre con TDAH. No es solo los deberes. Es que los deberes son el último eslabón de una cadena larga.

Qué puedes cambiar sin que sea un milagro

Una cosa que ayuda: no hacer los deberes en el peor momento del día.

Sí, ya sé que el sentido común dice que hay que hacerlos al llegar del cole. Pero si al llegar del cole tú estás a cero y tu hijo también está a cero, el resultado va a ser una batalla. A veces tiene más sentido esperar una hora, merendar, que cada uno descargue un poco, y entonces sí.

Otra cosa: no tienes que estar encima físicamente todo el tiempo. Si tu hijo puede hacer una parte solo mientras tú estás cerca pero no mirando, ese espacio ayuda a los dos.

Y si sospechas que tu hijo también tiene TDAH, entender el diagnóstico a través de los hijos cambia la perspectiva completamente. No es que ninguno de los dos queráis hacerlo mal. Es que los dos estáis usando herramientas que no están diseñadas para vuestros cerebros.

Los deberes no van a desaparecer. Pero la culpa por no hacerlo bien, esa sí puede ir perdiendo peso.

Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, tengo un test de 43 preguntas basado en escalas clínicas reales. Lo puedes hacer aquí.

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Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si sospechas que tú o tu hijo tenéis TDAH, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado.

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