Tengo una biblioteca de cursos que no he terminado ninguno

Comprar cursos es fácil. Hacerlos es otra historia. El TDAH convierte la formación en un gasto de marketing disfrazado de inversión personal.

En algún momento de los últimos tres años he gastado más en cursos que en publicidad.

Y de la publicidad al menos puedo decir que la hice. Los cursos, en cambio, están ahí. En una carpeta de marcadores del navegador. En plataformas que me mandan emails recordándome que "tu progreso te está esperando". En Gumroad, en Teachable, en Kajabi, en un PDF que descargué de alguien en Twitter y que juro que algún día voy a leer.

Tengo un curso de copywriting al 40%. Un curso de YouTube al 60%. Dos de productividad al 0% ambos, lo cual tiene una ironía que no he terminado de digerir. Uno de ventas que llegué hasta el módulo 3 y luego pasó algo - no recuerdo qué - y nunca volví.

Es una biblioteca preciosa. Completamente inútil.

¿Por qué compramos cursos que no vamos a hacer?

Hay dos cosas que disparan la compra de un curso en un cerebro con TDAH.

La primera es el dolor agudo. Estás en un momento de crisis - un lanzamiento que no funciona, un cliente que se va, unas semanas de ingresos bajos - y buscas una solución. Encuentras un curso que promete resolver exactamente ese problema. El alivio de "pronto voy a saber cómo hacer esto" es casi tan satisfactorio como haberlo aprendido ya. Así que compras. Y el dolor pasa. Y el curso se queda sin hacer porque ya no sientes la urgencia.

La segunda es el optimismo de las rachas buenas. Te sientes bien, tienes energía, estás en modo expansión. Y en ese estado compras cosas que "el yo del futuro va a necesitar". Formación para dentro de seis meses. Recursos para cuando tengas ese problema que ahora no tienes. El yo del futuro nunca aparece a recoger esos deberes.

¿Qué diferencia a alguien que aprende de alguien que colecciona cursos?

La diferencia no es fuerza de voluntad. No es disciplina. No es que unos sean más listos o más constantes.

La diferencia es que unos aprenden para resolver un problema que tienen ahora mismo, y otros aprenden para sentirse preparados para problemas hipotéticos.

Si tienes un problema concreto esta semana - cómo estructurar una propuesta, cómo responder a una objeción de precio, cómo escribir un email de seguimiento - y encuentras un recurso que te ayuda a resolverlo, lo vas a consumir. Lo vas a terminar. Porque hay una urgencia real que lo impulsa.

Pero si compras el megacurso de "domina todo sobre X" para "tener una base sólida", ese curso no compite con ninguna urgencia real. Compite con tus clientes, con tus proyectos, con las mil cosas que tu cerebro considera más urgentes en cada momento. Y va a perder siempre.

¿Cuánto vale realmente un mentor frente a un curso en diferido?

El mentor en diferido - el que te habla desde vídeos pregrabados - tiene una limitación fundamental. No sabe dónde estás atascado. No puede hacerte la pregunta que necesitas que te hagan. No puede ver el error específico que estás cometiendo.

Los mejores aprendizajes que he tenido no han venido de cursos. Han venido de conversaciones con gente que había hecho lo que yo quería hacer. De leer el proceso que te salva cuando estás mal de alguien que lo ha documentado de verdad. De cometer un error que me costó dinero y entender por qué.

El conocimiento aplicado - el que surge del hacer - te cambia de una forma que ningún vídeo puede igualar.

No estoy diciendo que los cursos sean malos. Estoy diciendo que acumularlos sin condición es una forma cara de evitar empezar.

¿Cuándo para de aprender y cuándo empieza a actuar?

Hay emprendedores que llevan cinco años "preparándose". Haciendo cursos. Construyendo una base. Aprendiendo más antes de lanzarse.

Y siguen sin haberse lanzado.

El conocimiento tiene rendimientos decrecientes cuando no lo aplicas. Llega un punto en el que leer un libro más sobre ventas no te va a enseñar nada que una llamada real con un cliente potencial no te enseñe en diez minutos.

La formación es útil. Pero la acción es la única que genera resultados. Y en emprender con TDAH, donde la energía sube y baja sin previo aviso, gastar tus mejores horas en consumir contenido formativo en lugar de en hacer el trabajo que te paga es un lujo que no puedes permitirte.

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