Cómo escribo un correo diario sin quedarme nunca seco

Miles de personas esperando un correo todos los días. De dónde sale el material, cómo lo produzco y por qué no me quedo en blanco.

Mando un correo todos los días. Todos. Y la pregunta que más me hacen no es cómo lo escribo, es de dónde saco el tema.

Porque escribir un correo, si tienes algo que decir, son veinte minutos. El problema nunca es escribir. El problema es sentarte delante de la pantalla sin saber de qué va el de hoy.

Así que te cuento el sistema entero, que tiene menos glamour del que te imaginas.

¿De dónde sale el tema de cada correo diario?

De cosas que ya han pasado. Ese es todo el truco y no hay más.

No me siento a pensar temas. Si me sentara a pensar temas me quedaría seco en dos semanas, como le pasa a todo el mundo que lo intenta. Lo que hago es recoger: durante el día pasan conversaciones, decisiones, cabreos, cosas que aprendo trasteando con una herramienta, preguntas que me llegan. Todo eso se apunta en el momento.

Cuando llega la hora de escribir, no invento nada. Abro la lista y elijo.

La diferencia entre "generar ideas" y "recoger ideas" parece de matiz y es la diferencia entre publicar a diario o no publicar. Generar cansa. Recoger es gratis, porque las cosas pasan de todas formas.

El banco de ideas, que es el corazón de esto

Tengo una bandeja donde va cayendo todo. No es una libreta ni una app bonita: es un sitio al que le llegan ideas mientras trabajo, con una nota corta que explica de dónde salió cada una.

Lo importante no es dónde está, es la regla: la idea se apunta en el momento en que aparece, no al final del día. Al final del día no te acuerdas. Te acuerdas de que había algo, y eso no sirve para nada.

Cada idea lleva dos cosas. El titular, que es la idea en una línea. Y la nota de contexto, que es la situación concreta que la produjo. La nota es lo que hace que meses después puedas escribir el correo, porque sin ella tienes un titular vacío que ya no significa nada.

Cuando una idea se me repite (vuelve a salir en otra conversación, en otro contexto), le añado la nueva situación en vez de apuntarla otra vez. Y ahí pasa algo interesante: las ideas que acumulan varias apariciones son casi siempre los mejores correos, porque significa que es algo que de verdad me ocupa la cabeza.

El montaje completo de esa bandeja lo cuento en cómo montar un banco de ideas de contenido con IA.

Cómo es el rato de escribir

Abro la lista y elijo la idea que más me apetezca hoy. No la mejor, no la que toca por planificación. La que me apetezca. Si no me apetece escribirla, se nota al leerla.

Escribo el cuerpo primero. El asunto siempre al final, cuando ya sé de qué iba el correo, porque si lo pongo antes acabo escribiendo para justificar un asunto que me ha quedado bonito.

La estructura suele ser la misma sin que yo la fuerce: una escena concreta al principio, lo que aprendí de esa escena en el medio, y al final el enlace con lo que vendo, cuando toca.

Y luego está el papel de la IA, que es donde la gente se imagina algo distinto de lo que es. No le pido que escriba el correo. Le pido otras cosas:

  • Que me recuerde qué he contado ya, para no repetirme.
  • Que me diga si el correo se entiende sin el contexto que tengo yo en la cabeza.
  • Que me dé cinco asuntos alternativos cuando el mío no me convence.
  • Que me localice la frase donde el correo se cae, que casi siempre es la tercera.

Es un lector muy rápido y muy paciente, no un escritor. Cuando le he pedido que escriba, el resultado suena a nadie. Y un correo diario que suena a nadie no lo abre nadie.

Si quieres el panorama de qué herramientas uso para cada parte de la producción, lo tengo en herramientas del creador con IA.

Dónde se manda

Uso Kit, que es donde tengo la lista y desde donde sale el correo cada día a la misma hora.

De la herramienta lo que de verdad importa para esto es poco: que puedas programar, que puedas etiquetar a la gente según lo que hace, y que puedas mandar un correo a una parte concreta de la lista sin volverte loco. El resto de funciones son adorno.

Los precios de este tipo de plataformas van por número de suscriptores, así que el tuyo depende de tu lista. Confirma el importe en la web oficial, que cambian las tarifas cada temporada.

Si estás empezando de cero y no tienes ni la lista montada, lo tienes paso a paso en montar tu newsletter con Kit desde cero.

Lo que se te va a atascar

El día en que no ha pasado nada. Va a llegar. Y es justo el día en que descubres si tu sistema funciona, porque si el banco de ideas está lleno, el día vacío no existe. Escribes una idea de hace tres semanas y nadie nota nada.

Querer que todos los correos sean buenos. No lo van a ser. Hay correos que están bien y ya está. Publicar a diario significa aceptar que la media es lo que cuenta, no el pico. El día que decides que solo mandas correos brillantes, dejas de mandar correos.

Escribir con mucha antelación. Lo probé. Escribir diez correos de golpe suena eficiente y luego se nota: quedan planos, porque están escritos desde la misma cabeza y el mismo humor. Prefiero escribir cada uno cerca de su día, aunque me obligue a sentarme a diario.

Cambiar el sistema cuando lo que falla eres tú. Cuando llevas una racha mala, la tentación es rediseñar el proceso. Casi nunca es el proceso. Es que llevas dos semanas sin apuntar nada y el banco de ideas está vacío. Vuelve a recoger y se arregla solo.

Cuánto tiempo se lleva esto al día

Entre veinte y cuarenta minutos, contando el rato de elegir el tema.

Y es tiempo protegido: está en el mismo hueco todos los días. Cuando lo he intentado encajar donde cayera, ha aparecido el día que no escribo, y después de un día que no escribes viene una semana.

El apuntar ideas no cuenta como tiempo porque no lo es. Son diez segundos mientras estás haciendo otra cosa. Ese es el motivo de que el sistema aguante: la parte cara está repartida en trozos que no se notan.

Y ahora qué

Si quieres montar algo parecido, el orden que yo seguiría es este.

Primero, el sitio donde recoges ideas. Antes que la plataforma de correo, antes que el diseño, antes que nada. Aunque sea un archivo de texto.

Segundo, la regla de apuntar en el momento. Esta es la que hace todo el trabajo y la que casi nadie sostiene.

Tercero, empezar a mandar. Con la lista pequeña que tengas. Escribir para veinte personas te enseña más que planificar para dos mil.

Y cuarto, la frecuencia que puedas sostener. Diario funciona muy bien, pero diario a medias funciona mucho peor que semanal entero.

Lo que no falla nunca es lo de recoger. Llevo años haciéndolo y todavía no he tenido el día de sentarme sin nada que contar. He tenido días sin ganas, que es otra cosa. Pero material, siempre hay.

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Si quieres ver cómo tengo montado el sistema entero de producción, con la IA metida en cada parte del proceso, es justo lo que enseño aquí.

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