Compararte con otros en LinkedIn te está costando dinero.

Abres LinkedIn y ves el éxito de los demás. El siguiente paso casi siempre es cambiar lo que estás haciendo. Ese ciclo de comparación y cambio es lo que.

Abres LinkedIn para responder un mensaje.

Diez minutos después estás leyendo cómo alguien facturó 50.000 euros en tres días con un lanzamiento. Cómo otro consiguió 10.000 seguidores en un mes cambiando una cosa. Cómo una persona que empezó el mismo mes que tú ya tiene un equipo de cinco personas.

Y el siguiente pensamiento no es "qué bien por ellos". Es "yo qué hago mal".

Ese es el problema. No la comparación en sí. Lo que viene después.

¿Por qué la comparación en redes te paraliza más que te mueve?

Porque comparas tus tripas con su fachada.

Tú conoces tus dudas, tus fracasos, los días en que nada funciona, las semanas en que las ventas están mal, los proyectos que no arrancaron. Conoces la historia completa.

De los demás ves la versión editada. El lanzamiento exitoso, no los tres anteriores que fallaron. La métrica que subió, no las veinte que bajaron ese mismo mes. El titular que suena perfecto, no el proceso caótico que hay detrás.

Comparar tu historia real con la historia editada de otros es una competición que no puedes ganar. No porque vayas peor. Sino porque los datos que tienes de cada lado no son comparables.

Y sin embargo, el resultado de esa comparación suele ser cambiar lo que estás haciendo. Abandonar la estrategia que empezaba a funcionar para probar la que el otro dice que funciona. Cambiar el posicionamiento. Cambiar el modelo. Cambiar el nicho.

El negocio que cambia de estrategia cada mes no tiene estrategia. Tiene reacciones.

¿Cuándo la comparación se convierte en autosabotaje?

Cuando te hace abandonar lo que funciona.

Hay una versión útil de observar lo que hacen otros. Aprender. Identificar patrones. Ver qué funciona en tu sector y adaptarlo a lo tuyo. Eso tiene valor.

Pero hay una versión que destruye. La que te hace sentir que lo tuyo es insuficiente. Que tu crecimiento es lento. Que tu modelo es el equivocado. Que si no tienes los resultados que ves en LinkedIn es porque estás haciendo algo mal.

La diferencia entre las dos está en lo que haces después. Si observas y sigues, es aprendizaje. Si observas y abandonas, es autosabotaje disfrazado de estrategia.

El emprendedor con TDAH tiene esto especialmente difícil. El cerebro busca novedad. Y la estrategia de otro siempre tiene más novedad que la propia, que ya conoces con todos sus defectos. El cambio constante es estimulante. La consistencia es aburrida. Pero la consistencia es la que convierte.

¿Qué tienen en común los emprendedores que comparten resultados enormes en LinkedIn?

Llevan más tiempo del que parece.

Los resultados espectaculares casi siempre tienen detrás años de trabajo que no aparecen en el post. El lanzamiento de 50.000 euros tiene detrás una lista de correo que llevan tres años construyendo. El crecimiento de seguidores tiene detrás una estrategia de contenido que lleva dos años funcionando.

El post muestra el resultado. No el proceso. No los años de preparación. No los lanzamientos que fallaron antes de este. No el trabajo que nadie vio y que hizo posible lo que ahora todos ven.

Cuando te comparas con ese resultado sin ver el proceso, estás comparándote con el final de una historia cuyo principio no conoces.

¿Cómo usas a los demás sin que te destruyan?

Elige referentes con intención.

No todos los que publican en LinkedIn. Uno o dos que tengan el tipo de negocio al que aspiras y cuyo proceso puedas ver con algo de honestidad. Y cuando los mires, mira el proceso, no solo los resultados. El fracaso que comparten, no solo el éxito. Lo que no funciona, no solo lo que funciona.

Y después de mirar, vuelve a lo tuyo. Lo que estás construyendo es tuyo. Tu ritmo es tuyo. Tus clientes son tuyos. Tu historia es tuya. El negocio no eres tú pero tampoco es el de otro.

La comparación que no termina en acción sobre lo tuyo es ruido caro. Y el ruido caro es lo más abundante en LinkedIn.

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