Cómo ser productivo con TDAH sin depender de la disciplina

Trabajo con mi cerebro TDAH, no contra él: un sistema mínimo, mis horas reales de energía y por qué la disciplina nunca me funcionó.

Te dejo el vídeo arriba, pero aquí lo tienes escrito y ordenado para que lo puedas releer cuando quieras.

Te voy a decir una cosa muy en serio: si me vieras a las 10 de la mañana, no invertirías ni un duro en mí. A esas horas normalmente estoy en pijama mirando al techo, con una notificación en el correo que lleva tres horas sin abrir. Y no es que no quiera abrirla. Es que mi cerebro, para protegerse, ha decidido que esa notificación no existe de momento.

La gente ve eso y piensa: "este tío es vaguísimo". Y no. No soy vago. Lo que tengo es TDAH. Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas, aunque desde fuera parezcan lo mismo.

¿Por qué no es vagancia sino TDAH?

Llevo emprendiendo desde 2012, casi 14 años. En ese tiempo he quebrado una empresa, he vendido otra y he pasado por un burnout. Un médico me dijo que por el estrés tenía la edad metabólica de un anciano. Yo tenía 25 o 26 años. Esas palabras no se me van a olvidar en la vida.

Y aquí sigo. No por disciplina, sino por terquedad aragonesa, porque soy un cabezón. Y sobre todo porque tengo unos cuantos trucos que me funcionan.

Porque esto es lo que nadie te cuenta del TDAH: para emprender no necesitas disciplina. Necesitas un sistema tan mínimo y tan simple que ni tu propio cerebro pueda sabotearlo. Si la disciplina a ti tampoco te ha funcionado nunca, no eres el problema: te lo cuento en la disciplina no funciona conmigo y no sé qué usar en su lugar.

Truco 1: trabaja en tus horas reales, no en las de todos

Yo soy búho. Trabajo por la noche. Hay días que suena la flauta y por la mañana funciono, pero mis horas de máximo rendimiento van de las cinco de la tarde a las dos o las tres de la madrugada.

A las 10 de la mañana soy un zombi. A las 11 de la noche soy una máquina.

Durante años luché contra eso. Alarmas, intentar dormirme a las nueve, melatonina, todos los trucos de internet. De verdad, los probé todos. Y aguantaba con cada uno tres o cuatro días como mucho. Luego miraba la alarma del móvil como si fuera una carta de Hacienda.

El día que dejé de pelear contra eso, cambió todo. En vez de obligarme a ser productivo de nueve a cinco, me blindé en las horas donde sí puedo serlo. Hubo una temporada que funcionaba de lujo: me levantaba sobre las doce, trabajaba de dos a siete, paraba para ver a gente, y de diez u once de la noche a las tres de la mañana volvía al lío.

¿Por qué me funciona tan bien? Porque por la mañana es cuando ocurren todas las distracciones. Todo el mundo quiere hablar contigo, te manda emails, te reclama. Por la tarde la gente sale de trabajar y por la noche está durmiendo. Nadie me interrumpe, nadie me molesta, y ahí mi hiperfoco entra a saco.

No todo lo puedo mover, claro. Hay reuniones que caen cuando caen. Pero si tu productividad tampoco entiende de horarios de oficina, no estás roto: lo cuento en mi productividad no tiene horario fijo.

Truco 2: un sistema tan simple que no puedas sabotearlo

Me pongo las cosas tan fáciles que sea imposible no hacerlas. La estructura tiene que ser mínima. Si algo me causa fricción, literalmente no lo hago.

Mi sistema es hipersimple. Todas las tareas apuntadas en un solo sitio. Sé cuáles tienen prioridad porque me acercan a mis objetivos y cuáles no. Y sé qué tengo bloqueado, lo que está pendiente de otras personas, para no llevarlo dando vueltas en la cabeza.

Cada día sé exactamente qué tengo que hacer, cuándo, qué importa de verdad y qué no. Y se acabó. No tengo nada más. Cuido que sea simple justo para que no me cause fricción al arrancar. El correo, por ejemplo, se queda limpio todos los días, y para eso tengo un proceso.

Ojo: es mi sistema, el que me funciona a mí. No tiene por qué ser el tuyo. Tú tienes que encontrar el tuyo. Pero la regla de fondo sí sirve para todos: cuanta menos fricción, más probable que lo hagas.

Truco 3: los días malos son parte del sistema

Los días malos no son un problema. Son parte del sistema.

Yo trabajo algo los siete días de la semana, pero de esos siete solo hay tres o cuatro en los que el cerebro dice "venga, vamos a funcionar". El resto te dice "aquí no se hace ni el huevo". Y punto.

La clave no es forzar esos días malos. Es convertirlos en días de mantenimiento. Reparto las tareas: las que piden más energía las dejo para los días en que mi cerebro va a tope, y los días bajos hago cosas sencillas, tareas de mantenimiento que no exigen nada.

Lo único que cambias es el cuándo. Qué tarea haces qué día. Nada más. Y funciona, porque los días malos van a estar ahí de todas formas y no puedes pelear contra ellos. Si tu energía va por rachas que no controlas, esto te va a sonar: mi energía va por oleadas que no controlo.

Truco 4: recompensas inmediatas (y por qué los pomodoros fijos no me sirven)

El cuarto truco son las recompensas inmediatas. Cuando consigo trabajar 20 o 25 minutos seguidos en algo que no me apetecía, me doy una pequeña recompensa.

Aquí lo importante es medir los tiempos. Hay días con energía para tareas de dos horas y días con energía para tareas de 15 minutos, con suerte. Eso hay que gestionarlo.

Por eso los pomodoros clásicos, tal cual, a mí no me funcionan. Lo que hago es moverlos. Unos bloques de 20 minutos, otros de dos horas, según la tarea y según cuánto aguanta el hiperfoco ese día.

Y cada vez que cierro un bloque, sea del tamaño que sea, me doy la recompensa. No hablo de un donut ni de un kebab. Hablo de darme un paseo, descansar un rato, o cinco minutos haciendo algo que me apetezca. Algo para que el cerebro asocie "he hecho algo productivo, ahora toca algo agradable", aunque sea una chorrada.

¿De verdad necesitas disciplina para emprender con TDAH?

Todo el mundo te dice que para emprender hace falta disciplina y constancia, que solo tienes que pelear por tus sueños. La realidad es que yo no tengo ninguna de las dos.

Lo que tengo es una terquedad aragonesa bestial, un kebab que me tomo los viernes y un portátil que funciona a las tres de la mañana en Polonia mientras el resto del mundo duerme.

Casi 14 años emprendiendo en los que ha pasado de todo, bueno y malo. Y aquí sigo. No porque sea disciplinado, sino porque acabé encontrando la forma de trabajar con el caos en vez de contra él.

Si quieres apoyar ese sistema en herramientas que te quiten fricción del día a día, te dejo mi guía de IA para el día a día.

Antes de montarte tu sistema, viene bien saber cómo funciona tu cerebro. Si aún no lo tienes claro, haz el test de TDAH: en unos minutos te devuelve una foto de por dónde van tus patrones para que empieces a trabajar con ellos y no contra ellos.

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