Cerrar un proyecto no es fracasar es liberar recursos para el que sí va a funcionar

Cerrar un proyecto duele. Pero cada proyecto muerto que mantienes vivo te roba energía del que podría funcionar de verdad. Libera recursos.

Tenía cuatro proyectos abiertos a la vez. Un curso, una herramienta, una comunidad y un servicio de consultoría. Los cuatro "funcionando". Entre comillas enormes. Porque funcionando significaba que les dedicaba un 25% de mi atención a cada uno y ninguno recibía lo que necesitaba para crecer de verdad.

Es como tener cuatro plantas y un vaso de agua. Puedes echarle un poco a cada una. Morirán las cuatro lentamente. O puedes elegir una, regarla bien, y dejar que las otras tres se sequen.

¿Sabes cuál es la que más cuesta dejar secar? La que plantaste primero.

¿Por qué nos cuesta tanto cerrar cosas?

Con TDAH tenemos una relación rara con los proyectos. Los empezamos con una energía que no es de este planeta. Durante las primeras semanas somos la persona más productiva, más creativa y más entusiasmada del mundo. Y eso genera un vínculo emocional brutal.

Cerrar ese proyecto es como romper con alguien con quien te lo pasaste increíble los primeros meses aunque después se convirtiera en un desastre. Tu cerebro no recuerda los meses malos. Recuerda el subidón del principio. Y te dice: "pero si era genial, ¿no? A lo mejor si le damos otra oportunidad..."

No. No le des otra oportunidad. Los datos no mienten y tu nostalgia sí.

Mira, yo tardé un año y medio en cerrar una comunidad que no crecía. Un año y medio. ¿Sabes por qué? Porque tenía 12 miembros que sí participaban y sentía que les estaba fallando. Doce personas. A las que les dedicaba 10 horas semanales. Haz las cuentas de lo que me costaba cada miembro al mes y llora conmigo.

Lo que pasa cuando por fin cierras

Te voy a decir lo que pasó cuando cerré esos tres proyectos y me quedé con uno. Lo que pasó fue que mi negocio mejoró sin que yo cambiara de estrategia, sin que aprendiera nada nuevo, sin que contratara a nadie. Simplemente tenía toda mi energía disponible para una cosa.

Y una cosa bien hecha genera más dinero, más impacto y más satisfacción que cuatro cosas a medias.

Es matemáticas, no filosofía.

Pero el cerebro TDAH no funciona con matemáticas. Funciona con emociones. Y emocionalmente, cerrar algo se siente como fracasar. Aunque racionalmente sepas que es la mejor decisión posible.

La trampa del "por si acaso"

"Lo dejo abierto por si acaso." Esa frase ha matado más negocios que la competencia. Porque "por si acaso" significa que le sigues dedicando un porcentaje de tu cerebro. No mucho. Un 5%. Un 10%. Pero ese 10% es el que te falta para hacer bien lo importante.

Es como tener un tab abierto en el navegador que sabes que no vas a leer pero que no cierras. Con 47 tabs abiertos, tu navegador va lento. Con 47 proyectos "por si acaso", tu cerebro va lento.

Cierra tabs. Cierra proyectos. Cierra todo lo que no te esté dando resultados ahora mismo.

¿Cómo decidir qué cerrar?

La regla que uso es esta: si no le he dedicado tiempo real en las últimas dos semanas sin que nadie me lo pida, está muerto. Solo que no lo he enterrado.

Otra: si me preguntas qué proyecto eliminarías mañana y sabes la respuesta inmediatamente, ya sabes cuál es. Lo sabes desde hace meses. Solo que admitirlo duele.

Y otra más: mira dónde está el dinero. No dónde podría estar. No dónde estará algún día. Dónde está ahora. Ese es el proyecto que merece tu energía.

Todo lo demás es un lastre con buenas intenciones.

Y un truco más: imagina que te cobran 500 euros al mes por cada proyecto abierto. Porque en realidad te los cobran. En energía mental, en horas perdidas, en oportunidades que no ves porque estás demasiado ocupado manteniendo cosas que no funcionan. Si lo vieras en una factura, cerrarías la mitad de tus proyectos esta tarde.

Cerrar es una habilidad, no una derrota

Nadie te enseña a cerrar. Te enseñan a empezar, a persistir, a aguantar, a no rendirte. ¿Sabes lo que no te enseñan? A mirar un proyecto que no funciona, aceptarlo y liberar esos recursos para invertirlos donde sí importan.

Cerrar un proyecto que no funciona no es rendirte. Es tomar una decisión estratégica con la información que tienes. Y la información que tienes dice que esto no va a ningún sitio.

Cada proyecto que cierras te devuelve horas, energía y espacio mental. Y con TDAH, el espacio mental es el recurso más escaso que tienes. No lo malgastes regando plantas muertas.

Cierra. Respira. Y pon toda la leña en el fuego que sí está encendido.

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