Si tu cerebro funciona como el de Bad Bunny, tu creatividad no tiene modo normal
La creatividad que llega a ráfagas y luego desaparece. El vacío después de la explosión. Si tu cerebro funciona así, no estás solo.
Hay semanas en las que las ideas me atropellan. Literalmente. Estoy duchándome y se me ocurre un vídeo. Salgo de la ducha y tengo tres más. Me siento a grabar uno y mientras grabo se me cruzan otros cinco. Apunto todo en el móvil con los dedos mojados, medio desnudo, chorreando agua por el pasillo porque si no lo apunto ahora mismo se evapora.
Y luego hay semanas en las que no tengo nada. Cero. Vacío absoluto. Me siento delante del ordenador y es como mirar una pared blanca. Intento forzarlo y lo único que sale es basura. Me frustro, me levanto, abro la nevera, cierro la nevera, vuelvo al ordenador, sigo sin tener nada.
Cuando vi una entrevista donde Bad Bunny describía cómo le llegan las ideas, algo me hizo click.
¿Tu creatividad funciona a ráfagas o no funciona?
Bad Bunny ha contado en varias entrevistas que hay noches en las que graba tres canciones seguidas. Que las ideas le vienen en avalancha. Que a veces tiene que dejar de hacer lo que esté haciendo porque si no captura la idea en ese momento, desaparece para siempre.
Y también ha contado que hay épocas en las que no le sale nada. Que se encierra en el estudio y no pasa nada. Que la creatividad se va y no avisa cuándo piensa volver.
Eso no es un artista siendo dramático. Eso es un cerebro que funciona con un sistema de dopamina que no tiene modo intermedio.
Eso no es estrategia de marketing. Eso es un cerebro que tiene dos velocidades: todo y nada.
La ráfaga creativa como droga
Voy a describir algo y quiero que me digas si te suena.
Estás en tu vida normal. Trabajando, cocinando, conduciendo, da igual. Y de repente, sin aviso, se enciende algo dentro de tu cabeza. Una idea. Pero no una idea normal. Una idea que te consume entero. Que te pide que dejes todo lo que estás haciendo y te pongas con ella ya, ahora, inmediatamente.
Y te pones. Y durante las siguientes horas, o días, o semanas, eres imparable. Creas como si tuvieras una fecha de entrega invisible. Escribes, grabas, diseñas, programas, lo que sea tu cosa. Y todo sale bien. Sale fluido. Sale como si alguien hubiera abierto un grifo dentro de tu cabeza y no pudieras cerrarlo aunque quisieras.
Es la hostia. En serio. No hay droga que se acerque a ese estado.
Y luego se apaga. Así, sin más. Como si alguien hubiera cortado la luz. Y te quedas ahí, mirando lo que has creado, sintiéndote vacío. Intentando volver a ese estado. Intentando recrear las condiciones. Pero no funciona. Porque no depende de las condiciones. Depende de un neurotransmisor que no controlas.
Bad Bunny graba tres canciones en una noche por esto. Y luego pasa semanas sin poder escribir una línea por lo mismo.
Lo que nadie te dice del vacío post-ráfaga
Aquí está lo jodido del tema. La ráfaga creativa es adictiva. Es lo más cerca que estamos de sentir que nuestro cerebro funciona "bien". Que estamos en sintonía. Que todo fluye. Y cuando se va, no solo pierdes la creatividad. Pierdes la sensación de que eres capaz.
Porque si ayer escribiste cinco páginas sin despeinarte y hoy no puedes escribir una frase, algo está mal en ti. Eso es lo que piensas. No piensas "mi dopamina está baja". Piensas "soy un fraude" o "lo de ayer fue suerte" o "la verdad es que no soy tan bueno".
Y empiezas a compararte con gente que produce a ritmo constante. Que publica cada martes. Que saca un vídeo a la semana como un reloj. Y piensas que esa es la forma correcta y la tuya es la defectuosa.
Pero lo que ocurre es que tu cerebro no tiene modo normal. No tiene "velocidad crucero". Tiene "cohete despegando" y "cohete en tierra esperando combustible". Las dos son tuyas. Las dos son válidas. La ráfaga no es la excepción buena y el vacío la norma mala. Son el mismo cerebro haciendo cosas diferentes.
¿Es Bad Bunny un espejo o una excusa?
Lo he dicho antes y lo repito: Bad Bunny no tiene un diagnóstico público de TDAH. No estoy diciendo que lo tenga. Estoy diciendo que su forma de crear, su relación con la creatividad, su incapacidad de quedarse en un solo carril, eso me resulta muy familiar.
Y si a ti también te resulta familiar, presta atención.
Porque cuando te reconoces en alguien que ha convertido ese patrón en una carrera de miles de millones, es fácil pensar "entonces estoy bien, no me pasa nada". Y eso es peligroso. Porque Bad Bunny tiene un equipo de cincuenta personas sosteniendo la estructura que su cerebro no puede sostener solo. Tú probablemente no.
El espejo sirve para reconocerte. Para decir "ah, esto que me pasa tiene nombre, tiene explicación, no soy raro". Pero el espejo no es la solución. La solución es entender tu cerebro y montar un sistema que funcione para ti, no esperar a que la ráfaga llegue sola.
La gente que cambia de trabajo cada dos años no es inconstante. Es un cerebro buscando el siguiente estímulo que lo encienda. Lo mismo pasa con la creatividad. No eres inconsistente. Tu cerebro funciona por ciclos que no elegiste y que no controlas. Pero puedes aprender a surfearlos en vez de ahogarte cada vez que baja la ola.
La explosión y el silencio son el mismo cerebro
Bad Bunny en modo creativo es un huracán. Bad Bunny en silencio es el ojo del huracán. Los dos son la misma tormenta.
Y si tu cerebro funciona así, si tu creatividad es una montaña rusa que no puedes predecir ni controlar, si hay semanas en las que eres imparable y semanas en las que no puedes ni abrir el portátil, no tienes un problema de disciplina. Tienes un cerebro que funciona con un sistema operativo diferente.
Lo que puedes hacer es dejar de luchar contra él. Cuando viene la ráfaga, surfea. Crea todo lo que puedas. Apunta, graba, escribe, no filtres. Acumula material como si fuera invierno y estuvieras guardando leña.
Y cuando viene el vacío, descansa. No te tortures. No te compares con la gente que produce como máquinas. Tu forma de crear no es mejor ni peor. Es diferente. Y lleva funcionándole a gente como Bad Bunny, y como tú, toda la vida.
Lo que cambia todo es dejar de llamarlo "problema" y empezar a llamarlo "patrón".
Si tu creatividad funciona a ráfagas y llevas años pensando que eso es un defecto, puede que tu cerebro simplemente funcione de forma diferente. Y saberlo cambia la forma en que te tratas a ti mismo.
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