Adiós Zenler: por qué me monté mi propia plataforma de cursos
Llevaba años con los cursos en Zenler. Un día dije basta, lo monté todo en mi web con Claude Code y así cambió mi negocio. Pros y contras reales.
Llevo años con mis cursos alojados en una plataforma externa. Zenler. Y llevo años tragando problemas técnicos que no podía arreglar.
Hasta que un día dije basta. Me senté con Claude Code y empecé a montarme mi propia plataforma dentro de mi web. Voy a contarte por qué lo he hecho, qué he ganado y qué he perdido por el camino, que esto no es todo oro que reluce.
¿Por qué me cansé de Zenler?
Zenler es una plataforma llave en mano para alojar cursos. Entras, subes vídeos, configuras módulos, le metes tus alumnos y listo. Está pensada para que no te preocupes de nada técnico.
La teoría es preciosa.
La práctica es que cada vez que algo fallaba, y fallaba bastante, yo no podía arreglarlo. Tenía que escribir al soporte, esperar, explicar el problema, volver a esperar, y cruzar los dedos para que me lo solucionaran antes del próximo fuego. Algunos alumnos pueden contártelo. Había lecciones que no les llegaban. Correos que tenía que reenviar a mano. Accesos que se caían sin motivo.
Y aquí viene el detalle importante: mi negocio son los cursos. Mi infraestructura principal es una plataforma que yo no controlo. Y si esa plataforma falla, mi negocio falla. O sea, tengo una pata del taburete apoyada en una casa ajena. No me mola.
Si a ti tampoco te está molando algo parecido, a lo mejor te pasa lo mismo que me pasaba a mí. Quiero decir, tu negocio no debería depender de una sola plataforma externa para funcionar. Esa es una enseñanza que me ha costado bastante aprender.
El cálculo cambió cuando empezó a funcionar la IA
Yo soy desarrollador de formación. Podría haberme montado mi propia plataforma hace años. ¿Por qué no lo hice?
Porque el coste era brutal.
Montarte un LMS desde cero, con autenticación, alojamiento de vídeos, panel de alumnos, pagos, gamificación, herramientas interactivas, eso requiere meses de trabajo. O un equipo. O las dos cosas. Y cuando lo tuyo es crear contenido, sentarte seis meses a picar código en lugar de grabar vídeos es tirar el negocio por la ventana.
Por eso aguantaba con Zenler. Porque el trade-off tenía sentido. Pagaba la cuota mensual y me quitaba el marrón técnico de encima.
Pero resulta que el cálculo ha cambiado.
Con Claude Code he montado prácticamente toda la academia en una semana. Y cuando digo una semana, es una semana. Ejercicios interactivos, panel de usuario, gamificación, login por email sin contraseñas, calendarios de estados cerebrales, herramientas que se desbloquean con los cursos. Una semana.
Hace medio año esto era inimaginable.
Ahora puedo hacer cosas yo solo, con una calidad decente, en tiempos que antes necesitaban un equipo. No te voy a decir que mi web sea la mejor web desarrollada de la historia. Pero sí te digo que es mía, la controlo yo, y cuando algo falla lo arreglo yo en media hora en lugar de escribir al soporte de alguien.
¿Qué ganas montándotelo tú?
Esto es lo importante. Porque cambiar de plataforma solo por cambiar es migrar caos de un sitio a otro y llamarlo progreso. Ese error lo he visto mil veces en emprendedores con TDAH, incluido yo mismo.
Aquí sí había razones reales. Te las cuento.
Primera. Ejercicios de verdad. No el típico cuestionario de relleno con opciones A, B, C. Ejercicios interactivos donde el alumno introduce sus datos, genera sus resultados, y esos resultados se guardan y se pueden exportar después. Por ejemplo, puedo darte un botón que descargue todas tus tareas del mes en un formato listo para pegarle a ChatGPT con un prompt concreto para que te haga magia. Con Zenler no podía hacer eso. Con Notion podía hacer algo parecido, pero fuera de la plataforma. Ahora lo tengo dentro, integrado.
Segunda. Herramientas propias. El curso estrella de mi escuela, "De Disperso a Productivo", incluía una plantilla de Notion. La plantilla está bien, pero depende de que tú entres a Notion, la uses, la mantengas. Ahora puedo darte esa misma metodología directamente en la web. Entras a tu dashboard y la tienes ahí, trabajando contigo, conectada con tus cursos.
Tercera. Gamificación. He montado cosas como el muro de la vergüenza, donde la gente sube situaciones vergonzosas anónimas y el resto vota como si fuera Tinder. Cada mes el más votado se lleva un curso gratis. Eso no lo habría podido hacer en Zenler. Ni en ninguna plataforma llave en mano. Porque es muy específico para mi audiencia, y las plataformas generalistas no están para fabricarte lo específico.
Cuarta. Datos. Ahora los datos de mis alumnos son míos. Puedo hacer cosas con ellos. Puedo conectar cursos, tests, herramientas, perfiles. Puedo cerrar ese bucle. Con Zenler los datos vivían en su base de datos y yo tenía acceso limitado.
¿Qué pierdes montándotelo tú?
No te voy a engañar. Hay cosas que pierdes. Y esto es lo que los vendedores de build-it-yourself no te cuentan.
Pierdes tranquilidad.
Cuando tenía Zenler, si algo petaba a las tres de la mañana, no era mi problema. Me iba a dormir. Ellos tenían ingenieros de guardia. Yo dormía. Ahora si algo peta a las tres de la mañana es posible que me despierte porque me llegue la alerta al móvil, y es posible que tenga que levantarme a mirar qué pasa. Eso es un coste real, aunque no aparezca en ninguna factura.
Pierdes soporte cuando no eres técnico. En mi caso no aplica porque soy desarrollador. Pero si tú no lo eres, montarte tu propia plataforma, aunque la IA te ayude un montón, significa que cuando algo se rompe estás más solo que la una. Y algunas cosas no se arreglan con Claude Code.
Pierdes features que ya estaban hechas. Zenler tenía emails automáticos, certificados, integraciones con pasarelas de pago, analíticas. Todo eso te viene regalado. Cuando te lo montas tú, o lo haces tú, o contratas librerías, o te integras con servicios externos. Al final sumas horas que a lo mejor no habías previsto.
O sea que la pregunta no es "¿qué es mejor?". La pregunta es "¿qué encaja con mi negocio, mi perfil y mi momento?". Y eso solo lo puedes responder tú.
Si prefieres el formato vídeo lo tienes aquí y te cuento todo esto con más historias.
La pregunta que deberías hacerte
Antes de decidir si tú también deberías montarte lo tuyo, respóndete estas tres preguntas. Y respóndelas con honestidad, no con el ego.
Uno. ¿Cuánto te está costando la plataforma externa? No solo el dinero. El tiempo en soporte, las horas que pierdes cuando algo falla, los alumnos que se quejan, la reputación que se resiente. Súmalo todo. A veces sale más cara una plataforma barata que una solución propia.
Dos. ¿Qué no puedes hacer ahora que cambiaría tu negocio? Si la respuesta es "nada, lo que tengo me sirve", quédate quieto. Moverse por moverse es el síndrome de la herramienta nueva que nunca termina y te saca de foco. Si la respuesta es "hay cinco cosas que llevo años queriendo hacer y que ninguna plataforma me deja", entonces el cálculo cambia.
Tres. ¿Tienes o puedes conseguir las capacidades técnicas? Ser desarrollador no es imprescindible, pero sí ayuda. Si no lo eres, puedes apoyarte en IA como Claude Code, pero tienes que estar dispuesto a aprender, a fallar, a reiniciar. Si tu respuesta honesta es "yo para esto no estoy", no pasa nada. Quédate en la plataforma que tienes y enfócate en crear contenido.
La autonomía tiene un precio. No es gratis. No es automático. No es para todos. Pero si estás en el punto en el que la comodidad de la plataforma externa te está limitando más de lo que te facilita, entonces moverte no es capricho, es supervivencia.
En mi caso el cálculo estaba clarísimo. Y ahora que estoy dentro, con todo montado y funcionando, puedo decirte que no hay vuelta atrás. Mi plataforma crece conmigo, se adapta a lo que necesito, y no le tengo que pedir permiso a nadie para hacer cambios.
No es perfecta. Pero es mía.
Si estás dudando si tu perfil encaja con construir tu propio negocio o montarte tus propias herramientas, antes de tirarte a la piscina te recomiendo que entiendas primero cómo funciona tu cerebro de emprendedor.
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