El upsell que se siente sucio y por qué no debería

Ofrecer más a quien ya es cliente no es aprovechar. Es servir mejor. Pero si el upsell te da asco hacerlo, probablemente hay una razón que vale la pena.

Hay una venta que muchos emprendedores nunca hacen.

No porque no tengan el producto. No porque el cliente no lo necesite. Sino porque ofrecerlo se siente como pasarse de la raya. Como aprovecharse de alguien que ya ha pagado. Como uno de esos comerciales de gimnasio que intentan venderte el armario de proteínas en la misma firma del contrato.

El upsell se siente sucio.

Y eso es un problema. Porque no hacerlo tiene un coste real, tanto económico como de servicio al cliente. Y hacerlo sintiéndote mal tampoco funciona: se nota, y cuando se nota, pierde efectividad.

¿Por qué el upsell se siente como aprovecharse?

Porque has confundido dos cosas: vender más y servir mejor.

Vender más por vender es lo que hacen los vendedores de coches cuando añaden extras que nadie pidió al contrato firmado. Eso sí se pasa de la raya.

Pero ofrecer algo adicional que sabes que va a mejorar el resultado de tu cliente - porque llevas tiempo trabajando con él y entiendes qué necesita - no es aprovecharse. Es hacer bien tu trabajo.

El problema es que en la cabeza de muchos emprendedores estos dos conceptos viven en el mismo cajón. Y la incomodidad que debería reservarse para el primero contamina también al segundo.

Con TDAH hay una capa extra: la hipersensibilidad al rechazo. Hacer un upsell implica la posibilidad de que el cliente diga no. Y decir no puede sentirse como un rechazo personal. Para evitar ese dolor, directamente no ofreces. Es más fácil no preguntar que arriesgarte a que te digan que no.

¿Cuándo un upsell está justificado y cuándo no?

Está justificado cuando hay una necesidad real que tu servicio adicional resuelve y cuando tienes evidencia de que el cliente se va a beneficiar de forma concreta.

No está justificado cuando lo ofreces por necesidad económica tuya, sin verificar si al cliente le aporta algo. Ahí sí hay algo turbio, pero no en el upsell como concepto: en el timing y la motivación.

La pregunta correcta no es "¿debería hacer upsell?" La pregunta correcta es "¿este cliente específico en este momento específico se va a beneficiar de esto?" Si la respuesta es sí con convicción, ofrecerlo es parte de tu trabajo. Si la respuesta es "tal vez, si me lo compra mejor para mí", entonces el problema no es el upsell sino tu situación financiera.

Esto conecta con la tensión entre ayudar y facturar que vive en la cabeza de casi todos los emprendedores con un mínimo de conciencia.

¿Cómo se hace sin que se sienta forzado?

La clave es el timing y el marco.

El peor momento para un upsell es inmediatamente después de cerrar la venta principal. El cliente acaba de tomar una decisión y su cerebro está en modo "ya está hecho, no quiero pensar más en esto". Añadir algo encima en ese momento es cuando el upsell parece el vendedor de proteínas.

El mejor momento es cuando el cliente ya ha experimentado valor. Cuando ya ha visto resultados del servicio inicial. Cuando ya confía en ti y entiende lo que produces. En ese momento, una conversación de "he estado pensando en tu caso y creo que esto te podría ayudar" no es una venta. Es una recomendación.

La diferencia entre los dos no es el producto. Es la confianza que ya existe y el beneficio real que estás poniendo en el centro de la conversación.

Vender sin perseguir clientes

¿Y si aun así te da asco?

Entonces vale la pena preguntarte si lo que te da asco es el upsell en sí o la forma en que lo planteas.

Porque si llevas años sin hacer upsells a clientes que claramente podrían beneficiarse de más, el que no se beneficia no eres tú. Es el cliente al que podrías estar sirviendo mejor.

El upsell bien hecho no es aprovecharse. Es la consecuencia natural de conocer bien a tu cliente y tener algo más que ofrecerle.

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