TDAH y problemas de coordinacion motora: dispraxia, torpeza o ambos
Te tropiezas, se te caen cosas, chocas con todo. La torpeza con TDAH tiene nombre: dispraxia. Y no es falta de cuidado ni de coordinación.
Se te cae el vaso. Otra vez. Te tropiezas con la pata de la mesa que lleva ahí quince años. Te chocas con el marco de la puerta que cruzas todos los días. Te derramas el café encima con una frecuencia que ya ni te sorprende.
Eres torpe. Lo has asumido. Siempre has sido así. Te lo han dicho desde pequeño: "qué manos de mantequilla", "anda que no miras por dónde vas", "ten cuidado".
Pero ¿y si no es torpeza? ¿Y si es tu cerebro?
¿Qué es la dispraxia y qué tiene que ver con el TDAH?
La dispraxia, o trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), es una condición neurológica que afecta a la planificación y ejecución de movimientos. No es un problema muscular. No es un problema de vista. Es un problema de cómo el cerebro organiza y envía las instrucciones al cuerpo.
Y aquí viene lo interesante: estudios sugieren que hasta el 50% de las personas con TDAH también tienen algún grado de dispraxia. No es casualidad. Ambas condiciones comparten problemas en la función ejecutiva y en el procesamiento de información.
La función ejecutiva no solo organiza tus pensamientos y tus tareas. También organiza tus movimientos. Cuando coges un vaso, tu cerebro tiene que calcular la distancia, la fuerza necesaria, la trayectoria de la mano. Todo eso pasa de forma automática en la mayoría de cerebros. En un cerebro con dispraxia, ese cálculo automático falla.
¿Cómo saber si es torpeza normal o dispraxia?
Todo el mundo se tropieza de vez en cuando. La clave es la frecuencia y el patrón.
La torpeza normal es puntual. Te pasa cuando estás cansado, distraído o en un entorno nuevo. La dispraxia es constante. Te pasa en tu propia casa, con objetos que conoces, en situaciones que has repetido mil veces.
La dispraxia también afecta a la motricidad fina. Si tu letra es ilegible, si te cuesta usar cubiertos con soltura, si enhebrar una aguja es una misión imposible, si abrocharte botones pequeños sigue siendo un reto, eso va más allá de ser patoso.
Y hay un componente de conciencia espacial. Si subestimas las distancias constantemente, si calculas mal los espacios y acabas chocando con cosas, si aparcar es una pesadilla no por nervios sino porque tu cerebro no procesa bien el espacio, eso apunta a dispraxia.
¿Por qué nadie conecta la torpeza con el TDAH?
Porque la torpeza se normaliza. "Es despistado, por eso se le caen las cosas." Y sí, la distracción del TDAH contribuye. Pero no lo explica todo.
Si estás concentrado al máximo y aun así se te cae el vaso, no es distracción. Es coordinación. Y si eso te ha pasado toda la vida, hay algo que vale la pena explorar.
Además, la dispraxia en adultos está infradiagnosticada de forma brutal. Se diagnostica más en niños, cuando el colegio exige ciertas habilidades motoras. En adultos, se asume que "ya se te pasará" o que "eres así".
La irritabilidad crónica que genera vivir tropezándote con todo, derramando cosas, rompiendo objetos, chocando con marcos de puertas, es real. No es un detalle menor. Es frustración acumulada durante décadas.
¿Cómo afecta la dispraxia al día a día con TDAH?
Si ya tienes TDAH, la dispraxia le añade una capa extra de caos.
El deporte se complica. No porque no te guste, sino porque la coordinación que requieren muchos deportes de equipo es un reto. Esto aleja a muchos niños con TDAH del deporte organizado, que es precisamente lo que más les beneficiaría.
El trabajo manual se complica. Cocinar, montar muebles, reparaciones caseras. Todo lo que requiere secuencias motoras precisas cuesta más.
Las situaciones sociales se complican. Sí, también. Derramar la bebida en una cena, tropezarte en público, romper algo ajeno. La vergüenza social de la torpeza es real y puede generar evitación.
Y la autoestima se resiente. Porque llevas toda la vida recibiendo el mensaje de que eres torpe, descuidado, patoso. Y has interiorizado que es culpa tuya. Que no pones suficiente cuidado. Que si te concentraras más, no pasaría.
Pero esa narrativa de que no te esfuerzas lo suficiente es la misma que escuchas con el TDAH. Es la misma mentira, aplicada a otro síntoma.
¿Qué se puede hacer?
La dispraxia no se cura, pero se puede trabajar. La terapia ocupacional ayuda a mejorar las habilidades motoras y a encontrar estrategias adaptativas. La fisioterapia puede mejorar la conciencia corporal.
Y el diagnóstico de TDAH, si aún no lo tienes, puede cambiar la perspectiva. Porque si tratas el TDAH, la función ejecutiva mejora. Y si la función ejecutiva mejora, la planificación motora también puede mejorar.
No todo se arregla, pero se entiende. Y entender por qué se te caen las cosas no es un detalle menor. Es dejar de culparte por algo que no es tu culpa.
Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si la torpeza ha sido tu compañera de vida y además te reconoces en los síntomas del TDAH, el test de TDAH puede ayudarte a empezar a conectar los puntos.
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