TDAH en las relaciones: por qué te obsesionas y cómo pararlo

Si tienes TDAH, te obsesionas con alguien, te vuelves intenso y lo asustas sin querer. Por qué pasa y cómo frenar el patrón a tiempo.

Te dejo el vídeo arriba, pero aquí lo tienes escrito por si prefieres leerlo.

Los que tenemos TDAH somos vampiros de dopamina. Buscamos algo que de repente nos atrae a lo bestia, nos obsesionamos y queremos saberlo todo, hasta que petamos y entramos en ese vacío de "vale, ya está, ¿ahora qué hago con mi vida?". Es un bucle que se repite. Y no solo con temas o proyectos: pasa igual dentro de las relaciones. De pareja y de amistad.

Este es de esos patrones que si no aprendes a gestionar, te causa problemas de verdad.

¿Por qué te obsesionas con una persona de repente?

Conoces a alguien. Con la intención que sea. Y de golpe esa persona tiene algo. Normalmente porque te ha contado algo, ha hecho algo o simplemente ha dicho algo que te hace clic en la cabeza.

A partir de ahí hay algo en ella que no terminas de entender, y entenderlo se convierte en un reto mental. Por qué funciona así, por qué hace lo que hace, por qué es como es.

Cualquiera que no tenga TDAH o una neurodivergencia parecida no sabe de qué hablo. Pero si eres de los míos, sabes exactamente a qué me refiero.

Y ojo, no te obsesiona por el reto en sí. Te obsesiona porque, como buen vampiro de dopamina, esa persona se acaba de convertir en tu sustento durante los próximos días, semanas o meses. Y vas a intentar succionarlo todo.

Cómo te cargas la relación sin darte cuenta

Te lo cuento con mi experiencia. De adolescente esto me causaba problemas terribles.

Conocía a una chica que me gustaba, encima me prestaba atención, y pensaba "aquí puede surgir algo". Y me obsesionaba. Solo quería pasar tiempo con ella, saberlo todo, entender al milímetro cómo funcionaba su cabeza, meterme en sus hobbies para entenderlos.

¿El resultado? A esa persona, que al principio te veía interesante, la acabas agobiando. Te vuelves un intenso. Sobrecuidas, sobreproteges, te ofreces para absolutamente todo. Y empieza a verte como alguien que no se valora, porque regalas tu tiempo, tu disponibilidad, lo regalas todo.

Y matas la novedad enseguida. Para qué se va a esforzar la otra persona en acercarse a ti si tú te estás acercando constantemente, incluso cuando no te lo ha pedido.

Le pasa a un montón de gente con TDAH. Muchos ni encuentran a alguien con quien compartir su vida porque no saben gestionar esto. Es lo mismo que cuento en soy intenso en las relaciones y asusto a la gente: das todo de golpe y la otra persona no puede con tanto.

El pánico cuando la otra persona marca distancia

Cuando la otra persona se agobia, hace lo normal: marca distancia. "Me estoy agobiando, voy a poner un poco de espacio a ver si soy yo."

Y ahí, en tu momento intenso, te entran las alarmas. El pánico. "Se está alejando, ¿qué he hecho mal?". Como tú vives intentando racionalizar su cabeza, cada vez que crees que entiendes algo te llega el chute de dopamina. Y esa conclusión te lleva a hacer algo: acercarte todavía más, decir lo que no toca, montar un pollo.

Cruzas una línea que no había que cruzar. Y se acabó.

Es el mismo mecanismo de mis relaciones empiezan muy intensas y se apagan. No es que dejes de querer. Es que el patrón se te adelanta.

¿Cómo se frena el patrón?

La solución está en ti. Y es más simple de lo que parece, pero complicada a la vez, porque tienes que aprender a coger el timón de tu autocontrol.

Los que tenemos TDAH queremos con intensidad. Las emociones se disparan. Regularte no es opcional, es la clave. En el momento en que lo consigues, se acaban muchos de tus problemas de siempre.

El primer paso es identificarlo. Darte cuenta de que estás cayendo. Yo ahora me lo noto: "para, para, que estás en el patrón". Y freno. Cuando eres consciente, puedes ponerle freno; el problema es que de normal no lo eres.

Y aquí van dos cosas concretas que sí funcionan:

No des lo que no te han pedido. Si ofreces tu ayuda tan fácil, sin que la pidan, lo que transmites es que no crees que esa persona pueda sola. La estás infravalorando sin querer. Deja de sobreesforzarte en cosas que decides tú que la otra persona quiere, porque no estás en su cabeza.

Hazte una pregunta constantemente: ¿esto lo hago por la otra persona, o por la sensación que me da haberlo hecho? Por el chute de dopamina de imaginar que me lo va a agradecer. Cuando te respondes eso con sinceridad, es un tiro en la mosca.

Al final es girar el foco. Somos expertos en entender a los demás, pero malísimos entendiéndonos a nosotros. Pon ese raciocinio en entenderte a ti. Por eso mi recomendación más fuerte es que te busques un psicólogo especializado en TDAH y empieces a trabajarlo. Ir al psicólogo deberíamos hacerlo todos, neurotípicos incluidos.

El truco de la libreta para no mandar 50 mensajes

Este es el que uso yo y va bien.

Cuando te entren esas ganas locas de escribirle y mandarle cincuenta mensajes, coge papel y boli. Una libreta. Y escribe ahí todo lo que le quieres mandar. Y lo dejas reposar hasta el día siguiente.

Cuando lo leas por la mañana te va a parecer absurdo. De las 37 frases que habías escrito, te vas a quedar con una. Esa es la que le mandas. Y ya está, no pasa nada.

Es el freno entre el impulso y la acción, que es justo lo que nos falla. El mismo que necesitas cuando te obsesionas con algo y lo dejas en cuanto lo dominas: meter una pausa antes de que el impulso decida por ti.

Si tu pareja tiene TDAH, léete esto

Un apunte para quien tenga una pareja con TDAH. Si de repente ves que ha conocido a alguien y solo quiere pasar tiempo con esa persona, no es que se esté enamorando ni que te vaya a dejar. Le ha visto un reto mental. Y cuando lo resuelve, esa intensidad baja sola.

Pasa igual con los hijos que se obsesionan con un amigo concreto. Es el mismo mecanismo. No es amor ni rechazo hacia nadie: es dopamina buscando su reto.

Si quieres saber por dónde va tu cabeza con todo esto, hice un test para medir tu nivel de TDAH. Son unos minutos y te da una foto bastante clara de cómo funcionas.

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