Tu jefa te felicita y tú solo ves los fallos: TDAH y síndrome del impostor

Te dicen que lo hiciste bien. Tú no te lo crees. El síndrome del impostor con TDAH no es inseguridad genérica. Tiene un mecanismo muy concreto.

Tu jefa sale de la reunión y te dice: "Lo has clavado. Muy buen trabajo."

Y tú sonríes, dices gracias, y en cuanto ella se da la vuelta tienes el mismo pensamiento de siempre.

"No lo sabe todo. Si supiera cuánto me costó. Si supiera cuántas veces estuve a punto de no entregarlo. Si supiera que hay tres partes que podrían estar mucho mejor."

Y luego lo siguiente: "Tarde o temprano se va a dar cuenta de que no soy tan buena como cree."

Eso es el síndrome del impostor. Y con TDAH tiene algunas capas adicionales que hacen que sea especialmente persistente.

¿Por qué el síndrome del impostor es tan intenso con TDAH?

Primero, porque hay una historia de fallos reales que tu cerebro tiene muy bien archivada.

No me refiero a fallos de carácter. Me refiero a cosas concretas: proyectos que no terminaste, plazos que no cumpliste, días en que llegaste tarde o te olvidaste de algo importante. Con o sin diagnóstico, esos eventos existen. Y tu cerebro los usa como evidencia de que tarde o temprano va a volver a pasar.

La felicitación de hoy no borra esa evidencia. La añade a una pila más pequeña. Y tu cerebro hace la media.

Segundo, porque el esfuerzo que pusiste para llegar al resultado fue desproporcionado respecto a lo que se ve.

Eso que tu jefa cree que fue "un buen trabajo" lo preparaste con el doble o el triple de energía que alguien sin TDAH habría necesitado. Lo re-hiciste tres veces porque perdiste el hilo. Lo completaste a las dos de la noche porque la mañana fue imposible. Y el resultado final no muestra ninguna de esas capas.

Así que cuando te felicitan por el resultado, hay una parte de ti que siente que te están felicitando por algo que no fue fácil de verdad. Que si supieran el proceso real, la cosa cambiaría.

Y lo tercero, que es lo que más veo: el TDAH hace muy difícil mantener una imagen estable de ti misma a lo largo del tiempo. Los días buenos te parecen fluke. Los días malos te parecen la realidad. La autocrítica tiene acceso permanente y la autocelebración se evapora rápido.

La ansiedad social que viene con el TDAH tiene mucho que ver con esto: el miedo constante a ser descubierta, a que se note que algo no funciona bien, a que la actuación se caiga.

¿Cómo se construye algo más sólido?

No tengo una solución de tres pasos que funcione igual para todo el mundo, te lo aviso ya.

Lo que sí te puedo decir es que hay algo útil en separar el proceso del resultado.

Tu jefa te está felicitando por el resultado. Y el resultado fue bueno. Eso es un hecho. Lo que tú sabes del proceso no lo invalida. Solo lo contextualiza.

La pregunta que vale la pena hacerse no es "¿me lo merezco?", sino "¿lo que hice tuvo el efecto que tenía que tener?" Y si la respuesta es sí, eso es suficiente información para hoy.

También hay algo en registrar los resultados de una forma más sistemática. No como checklist de autoayuda, sino como evidencia real contra el archivo de fallos que tu cerebro lleva tan bien catalogado. La autoestima que se construye desde los logros concretos lo desarrolla mejor que yo aquí.

Si sospechas que el TDAH podría estar detrás de estos patrones, el test que construí puede ser un primer mapa. Lo tienes aquí.

Y para entender el cuadro completo, la guía sobre TDAH en mujeres cubre la autoestima, la RSD y el síndrome del impostor desde una perspectiva específica del TDAH femenino.

---

Esto no sustituye el diagnóstico de un profesional. Si te ves reflejada en lo que has leído, habla con un psicólogo o psiquiatra especializado en TDAH adulto.

Relacionado

Sigue leyendo