Síndrome del impostor: por qué las mujeres con TDAH lo sienten más

Consigues el ascenso y piensas que fue suerte. Sacas el proyecto y piensas que cualquiera lo hubiera hecho. El impostor y el TDAH son una mezcla brutal.

Consigues el ascenso y lo primero que piensas es: "Han cometido un error."

Sacas el proyecto adelante, contra todo pronóstico, con el caos habitual y tres noches sin dormir, y lo primero que piensas es: "Cualquiera lo hubiera hecho."

Te felicitan por la presentación y piensas: "Si supieran cuánto me costó preparar diez diapositivas, no me felicitarían."

Síndrome del impostor. Esa sensación de que tus logros no son reales, de que en cualquier momento alguien va a descubrir que en realidad no eres tan capaz como parece.

Es muy común. Pero en mujeres con TDAH tiene una capa extra que casi nadie nombra.

¿Qué relación hay entre el TDAH y el síndrome del impostor?

La relación es directa y tiene una lógica que cuando la entiendes no puedes dejar de verla.

Las mujeres con TDAH suelen desarrollar algo que se llama perfeccionismo compensatorio. Lo que significa es esto: como el cerebro TDAH comete errores con más frecuencia, olvida cosas, pierde el hilo, entrega tarde, la respuesta que muchas desarrollan es trabajar más duro que nadie para compensar. Revisar tres veces lo que el resto revisa una. Preparar el doble de lo necesario para sentirse segura. Llegar antes para que no se note que tardas más.

Y a veces funciona. A veces tan bien que los resultados son mejores que los de la media.

Pero aquí está el problema: tú sabes el coste que hay detrás. Sabes que tardaste tres días en lo que a tu compañero le llevó una tarde. Sabes que revisaste el informe siete veces porque si no, habrías pasado algo por alto. Sabes que el proyecto salió adelante porque te pasaste el fin de semana trabajando, no porque seas especialmente capaz.

Entonces el éxito no te pertenece del todo. O eso es lo que siente tu cerebro.

No es el logro lo que cuestionas. Es el método. Y como el método fue caótico, compensado y agotador, la conclusión que saca tu cerebro es que el resultado también debe de ser frágil.

La trampa del esfuerzo oculto

Hay algo que hace el TDAH que alimenta el síndrome del impostor de forma muy específica.

El esfuerzo que haces para compensar es casi siempre invisible.

Nadie sabe que llevas dos días intentando empezar ese informe y que finalmente lo has escrito en tres horas de hiperfoco a las 11 de la noche. Nadie sabe que has reescrito el correo cuatro veces porque la primera tres versiones no te parecían lo suficientemente profesionales. Nadie sabe que llegas puntual a las reuniones porque te pones tres alarmas y cuentas el tiempo de desplazamiento al minuto.

El mundo ve el resultado. No ve el proceso.

Y cuando el proceso es tan diferente del de los demás, cuando requiere tanto más que lo que aparentemente debería requerir, el resultado no se siente como tuyo. Se siente como algo que has conseguido hacer a pesar de ti, no gracias a ti.

Eso es exactamente el síndrome del impostor en modo TDAH.

La autoestima baja que desarrollan las mujeres con TDAH sin diagnosticar alimenta este ciclo directamente. Es difícil sentir que tus logros son reales cuando llevas años interiorizando que el problema eres tú.

El perfeccionismo como escudo

El perfeccionismo compensatorio no es solo una estrategia. Es también un escudo.

Si hago esto perfecto, nadie podrá decir que fallé. Si reviso esto siete veces, no habrá errores que me descubran. Si me preparo el doble, no habrá preguntas que no pueda contestar.

El perfeccionismo en el TDAH no viene del deseo de excelencia. Viene del miedo. Del miedo a que si no compensas lo suficiente, tu cerebro te va a traicionar. Y cuando eso pasa, todo el mundo va a ver lo que tú llevas viendo de ti misma desde siempre.

Eso es agotador. De verdad.

Y la paradoja es que el perfeccionismo no elimina el síndrome del impostor. Lo alimenta. Porque cada vez que tienes éxito a través del perfeccionismo compensatorio, la historia que se refuerza es: "Tuve éxito porque me esforcé el triple, no porque sea capaz."

El perfeccionismo compensatorio y el síndrome del casi que tienen muchas mujeres con TDAH tienen la misma raíz: no confiar en que el cerebro va a dar la talla sin compensación máxima.

Lo que el diagnóstico cambia aquí

El diagnóstico de TDAH no elimina el síndrome del impostor de golpe. Eso sería demasiado fácil.

Lo que hace es dar otra explicación al proceso.

Antes del diagnóstico: "Tardé tres días en hacer esto porque soy lenta y me despisto." Después del diagnóstico: "Tardé tres días porque la gestión del tiempo y la iniciación de tareas son síntomas del TDAH, y los he gestionado con las herramientas que tenía."

El resultado es el mismo. El proceso no cambia. Pero la historia que te cuentas sobre ese proceso cambia completamente.

Y cuando la historia cambia, empieza a ser posible que el éxito sea tuyo. No a pesar de tu cerebro. Sino con él.

Cómo empieza a romperse el ciclo

Primero: nombrar el mecanismo. Ya lo estás haciendo leyendo esto.

Segundo: cuestionar la narrativa del "fue suerte". Cuando te llegue ese pensamiento, pregúntate: ¿qué hice para que esto saliera bien? Si tardaste tres días, esos tres días los pusiste tú. Eso es trabajo real. El hecho de que costara más no hace que cuente menos.

Tercero: buscar apoyo profesional. El síndrome del impostor combinado con TDAH tiene mucho terreno fértil en el que crecer. La terapia que entiende el TDAH puede trabajar estas creencias de forma específica.

Cuarto: reducir el perfeccionismo de forma gradual. No de golpe, porque el cerebro TDAH no cambia de golpe. Pero sí reduciendo el nivel de compensación en situaciones de bajo riesgo, para demostrate a ti misma que el resultado es aceptable aunque el proceso sea imperfecto.

Imperfecto pero entregado.

Esto no sustituye el diagnóstico ni el trabajo con un profesional. Si el síndrome del impostor está limitando tu vida de forma seria, busca apoyo psicológico especializado en TDAH en adultos.

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