Pasé una semana sin usar IA: esto es lo que noté de verdad
Siete días trabajando como en 2022. Lo que tardé de más, las dos cosas que hice mejor sin ella y lo que cambié al volver.
Siete días trabajando como en 2022. Sin abrir la terminal, sin abrir el chat, sin pedirle nada a nadie que no fuera humano.
No lo hice por purismo ni por hacerme el interesante. Lo hice porque un día me di cuenta de que llevaba veinte minutos peleándome con una IA para que me escribiera un correo de seis líneas, y que en ese tiempo lo habría escrito tres veces a mano.
Y me entró la duda: ¿esto me está ahorrando trabajo o solo me está cambiando el trabajo de sitio?
La única forma de saberlo era quitarlo del todo.
Las reglas del experimento
Nada de IA generativa durante siete días completos. Ni para escribir, ni para programar, ni para resumir, ni para buscar.
Sí me dejé el corrector ortográfico y el buscador de siempre, porque si no el experimento se convierte en otra cosa. La línea fue: nada que genere texto o código por mí.
Apunté cada día tres cosas: qué tarea me costó más de lo normal, cuánto más o menos, y cómo me sentí al terminarla. En papel, que ya que estamos.
¿Qué pasa si dejas de usar IA una semana?
Lo primero: los dos primeros días son horribles y engañosos.
Horribles porque todo va lento y te da rabia. Engañosos porque parte de esa lentitud no es que la tarea sea difícil, es que has perdido la costumbre. Escribir el primer párrafo de un texto desde cero, sin nada en pantalla de lo que tirar, es un músculo. Y yo lo tenía atrofiado.
El tercer día empezó a normalizarse. Del cuarto en adelante ya iba a una velocidad razonable, más lenta que con IA pero razonable.
Y ahí es donde salieron las cosas interesantes.
Lo que tardé de más
Voy con los números que apunté, sin adornar.
Escribir textos largos: entre el doble y el triple. Un post que normalmente me lleva una tarde entre borrador y revisión me llevó dos. La parte que más se nota no es escribir, es la estructura previa: normalmente le suelto un montón de ideas desordenadas y me devuelve un esqueleto. Sin eso, el esqueleto lo tienes que hacer tú, y hacerlo tú es lento.
Resolver problemas técnicos: muchísimo más. Aquí la diferencia fue brutal. Una configuración de servidor que con ayuda son quince minutos, se me fue a casi dos horas de leer documentación, probar y volver a leer. Cuatro o cinco veces más lento, tirando por lo bajo.
Cosas repetitivas y aburridas: infinito. Simplemente no las hice. Reformatear datos, renombrar cuarenta archivos, sacar información de una lista larga. Todo eso se quedó sin hacer y lo recuperé el lunes siguiente. Esa es la categoría donde la IA no me hace más rápido, me hace posible hacer cosas que si no directamente no haría.
Contestar correos: igual. Esto me sorprendió. Pensaba que iba a notar mucho la diferencia y no. Los correos que escribo yo, con criterio propio y dos párrafos, salen a la misma velocidad con o sin ayuda.
Las dos cosas que hice mejor sin IA
Y aquí viene lo que no esperaba.
Uno: pensé más antes de empezar.
Cuando tienes una IA delante, la tentación es empezar a hablar en cuanto tienes media idea. Y como te responde algo razonable, sigues. Y sigues. Y acabas construyendo encima de una idea que nunca llegaste a formular del todo.
Sin ese interlocutor, la única forma de arrancar es tener claro qué quieres. Así que pasé bastante más tiempo mirando por la ventana antes de tocar el teclado. Y dos de las cosas que hice esa semana salieron mejor pensadas de lo normal, no por ser más listo, sino porque no tuve la opción de empezar antes de saber a dónde iba.
Dos: las decisiones fueron más mías.
Esto es más difícil de explicar y me importa más.
Cuando le preguntas a una máquina "¿cómo enfoco esto?", te da tres opciones. Y por muy claro que tengas que la decisión es tuya, esas tres opciones ya te han encuadrado el problema. Estás eligiendo dentro de un menú que no has escrito.
Sin menú, tuve que inventarme yo las opciones. Y en un par de casos me salieron opciones que no estaban en ningún menú, porque dependían de cosas que solo sé yo sobre mi negocio y mi vida. Escribí un poco más sobre esto en lo que me preocupa de depender de la IA, que es una idea que llevo dando vueltas hace tiempo.
No digo que la IA decida por ti. Digo que te ofrece el terreno de juego, y aceptar el terreno de juego de otro ya es media decisión tomada.
Lo que no eché de menos en absoluto
Las conversaciones de veinte mensajes para conseguir algo que podía escribir yo en tres minutos.
Eso pasa más de lo que reconocemos. Empiezas pidiendo algo pequeño, no sale como querías, corriges, corriges otra vez, y en algún punto invisible cruzas la línea en la que ya habrías tardado menos haciéndolo a mano. Pero no la ves, porque cada mensaje individual es rápido.
Esa semana no crucé esa línea ni una vez. No porque fuera más eficiente, sino porque la línea no existía.
Lo que cambié cuando volví
No volví igual. Cambié tres cosas y las mantengo.
Primero: la regla de los tres intentos. Si en tres mensajes no he conseguido lo que quería, cierro y lo hago a mano. Si el problema es que no me estoy explicando bien, es que no lo tengo claro. Y si no lo tengo claro, pensarlo a mano es más rápido que negociarlo.
Segundo: pensar en papel antes de abrir nada. Cuatro líneas de qué quiero y para qué, antes de hablar con ninguna máquina. Cuatro líneas. Suena a tontería de libro de productividad y cambia bastante el resultado.
Tercero: cosas que hago yo entero, sin excepción. Los correos personales, las decisiones de negocio y la parte de mi contenido donde cuento algo mío. No por romanticismo. Porque son las tres cosas donde el valor está justo en que salgan de mi cabeza y no de un promedio.
El resto sigue igual que antes. Sigo usando IA para todo lo demás, sigo montando sistemas con ella, y sigo pensando que es lo mejor que le ha pasado a mi forma de trabajar. Si quieres la versión práctica de en qué la uso a diario, lo tengo ordenado en IA para el día a día.
¿Merece la pena hacerlo?
Sí, y no por lo que parece.
No sirve para descubrir que "en realidad no la necesitas", porque eso es mentira. Yo la necesito. Sin ella hago menos cosas, más despacio y con más pereza.
Sirve para otra cosa: para ver dónde estás usándola por costumbre en vez de por utilidad. Y esa lista es más larga de lo que uno cree antes de mirarla.
Si te da curiosidad este tipo de experimentos, hice uno más raro y bastante peor pensado que este cuando dejé que un chat decidiera cosas de mi vida. Ese sí que fue una mala idea, y precisamente por eso salió algo útil.
Siete días. Un cuaderno. Y tres reglas que me he quedado para siempre.
Si no sabes muy bien en qué punto estás con todo esto, hice un test corto que te dice qué relación tienes con la IA en tu trabajo y qué te conviene cambiar primero.
Sigue leyendo
De una hoja de cálculo a una app en Glide en 30 minutos
Tienes un Excel que usa todo tu equipo. En media hora puede ser una app con buscador y fichas. Tutorial de Glide paso a paso.
Alternativas a Motion en 2026 más baratas y igual de útiles
Motion es potente y caro. Cuatro alternativas con precio real, según cuánto quieras que una app decida por ti tu día de trabajo.
Cómo estudiar con NotebookLM paso a paso sin que se invente nada
Le das tus apuntes y responde solo con ellos, sin inventarse nada. Cómo montar NotebookLM para estudiar, con sus trucos y sus límites.
Claude Cowork vs ChatGPT Work: cuál te conviene pagar
Claude Cowork o ChatGPT Work: las 3 diferencias reales que deciden cuál pagar según tu ecosistema, tu seguridad y tu forma de trabajar.