Si tu cerebro funciona como el de Robert Downey Jr., hay esperanza
Robert Downey Jr. tocó fondo y se reinventó como nadie. Si tu cerebro funciona como el suyo, su historia te va a dar más que esperanza.
Robert Downey Jr. estuvo en la cárcel, fue inempleable y todo el mundo le daba por acabado. Diez años después era el actor mejor pagado del planeta. Si tu cerebro funciona como el suyo, esto te va a interesar mucho.
Porque la historia de Downey no es solo una historia de superación bonita para poner en un documental de Netflix. Es un manual de lo que pasa cuando un cerebro que funciona diferente encuentra la estructura que necesita. Y de lo que pasa cuando no la tiene.
¿Qué le pasó realmente a Robert Downey Jr.?
No voy a edulcorar esto.
A finales de los noventa, Robert Downey Jr. era una de las mayores promesas de Hollywood. Había sido nominado al Oscar. Tenía el talento que todo director quería. Y estaba destrozando su carrera a una velocidad que nadie podía frenar.
Arrestos. Rehabilitación. Más arrestos. Más rehabilitación. Un año entero en prisión. Despedido del rodaje de "Ally McBeal" después de otro arresto. Las aseguradoras se negaban a cubrirle, lo cual en Hollywood significa que nadie puede contratarte aunque quiera.
En 2001, Robert Downey Jr. era un chiste triste en los late shows. El tipo con más talento de su generación que no podía mantener una carrera ni un mes seguido.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante para cualquiera que tenga un cerebro que funcione de forma parecida al suyo.
El cerebro que no podía parar
Robert Downey Jr. nunca ha recibido un diagnóstico público de TDAH. Hay que decir esto claramente. No está confirmado.
Pero si miras su historia con los ojos de alguien que conoce el TDAH, los patrones son tan evidentes que duelen.
La búsqueda constante de estimulación. La incapacidad de seguir el camino previsto cuando el camino previsto es aburrido. La intensidad emocional que lo convierte en uno de los mejores actores de su generación y al mismo tiempo en alguien incapaz de gestionar su propia vida. La impulsividad que le lleva a tomar decisiones que cualquier persona con dos dedos de frente evitaría.
¿Te suena?
Porque a mí me suena mucho.
No la parte de la cárcel, gracias. Pero sí la parte de tener un cerebro que te da superpoderes en un área y al mismo tiempo te sabotea en todo lo demás. La parte de ser brillante a ratos y un desastre funcional a ratos. La de no entender por qué no puedes hacer las cosas como las hace la gente normal.
Es parecido a lo que pasó con otros actores que tienen TDAH. El escenario les da lo que su cerebro necesita: novedad constante, intensidad, hiperfoco creativo. Pero fuera del escenario, el mismo cerebro que les hace brillar les complica la existencia a niveles que desde fuera nadie entiende.
¿Qué puedes aprender de la reinvención de Downey si tienes TDAH?
La parte que a mí me vuela la cabeza no es la caída. Caer es fácil. Con un cerebro que busca estimulación constante y toma decisiones impulsivas, caer es casi inevitable si no tienes las herramientas adecuadas.
Lo que me fascina es cómo salió.
Porque Downey no se reinventó a base de fuerza de voluntad. No se despertó un día y decidió ser mejor persona. Eso es lo que cuentan las películas, pero no es lo que pasó.
Lo que pasó fue estructura.
Se casó con Susan Levin, que básicamente se convirtió en su sistema de apoyo externo. Le puso límites claros. Le dio estabilidad. Le creó un entorno donde su cerebro podía funcionar sin autodestruirse.
Empezó a practicar Wing Chun (un arte marcial) de forma obsesiva. No como hobby. Como sistema de regulación. Algo que le daba estimulación física, rutina y un canal para toda esa energía que antes iba a sitios mucho peores.
Y aceptó el papel de Tony Stark en Iron Man cuando nadie en su sano juicio le habría dado esa oportunidad. Jon Favreau tuvo que pelear con el estudio para conseguirle el papel. Marvel pensaba que era un riesgo inaceptable.
Pero Favreau vio algo que los ejecutivos no veían: que el mismo caos que había destruido a Downey era exactamente lo que haría brillar a Tony Stark. Un genio con el cerebro a mil por hora que no puede estarse quieto, que improvisa, que rompe el guion, que convierte cada escena en algo que no estaba planeado.
¿No te recuerda eso a algo?
La estructura como superpoder silencioso
Lo que hizo Downey no es muy diferente de lo que hacemos muchos con TDAH cuando por fin entendemos cómo funciona nuestro cerebro.
No se trata de cambiar quién eres. Se trata de construir un entorno donde quién eres puede funcionar.
Susan Levin no le cambió la personalidad. Le dio un marco. El Wing Chun no le curó nada. Le dio un canal. El papel de Tony Stark no le hizo mejor actor. Le dio un espacio donde su forma de ser era exactamente lo que se necesitaba.
Es lo mismo que cuentan muchos que se identifican con cerebros parecidos. No es que Jobs o Downey fueran genios a pesar de cómo funcionaba su cabeza. Es que encontraron contextos donde esa forma de funcionar era una ventaja en vez de un problema.
Y eso no es suerte. Es diseño. Consciente o no, pero diseño.
Lo que nadie te dice sobre tocar fondo
Hay una narrativa muy bonita sobre tocar fondo. La del "necesitaba llegar ahí para rebotar". La del "fue lo mejor que me pasó".
Es mentira.
Tocar fondo no te hace más fuerte. Tocar fondo te destroza y luego, si tienes mucha suerte y las personas adecuadas alrededor, puedes reconstruirte. Pero no todo el mundo tiene un Jon Favreau dispuesto a apostar por ti ni una Susan Levin dispuesta a construir estructura donde antes solo había caos.
Lo que sí te dice la historia de Downey es que el fondo no es el final. Que un cerebro que parece roto a los treinta puede ser exactamente lo que el mundo necesita a los cuarenta. Que la misma característica que te destruye en un contexto puede ser tu mayor ventaja en otro.
Hay esperanza. Pero no del tipo Disney.
No te voy a vender la historia de que si crees en ti mismo todo saldrá bien. Eso es basura.
La esperanza real que ofrece Downey es más concreta y más útil que eso.
Es que puedes tener el cerebro más caótico del mundo y aun así construir algo extraordinario. Pero necesitas estructura externa. Necesitas personas que te entiendan. Necesitas encontrar el contexto donde tu forma de funcionar sea una ventaja. Y necesitas dejar de intentar ser el tipo de persona que tu cerebro no te permite ser.
Downey dejó de intentar ser un actor normal con una vida normal. Aceptó que su cerebro funcionaba de una forma concreta, construyó el sistema que ese cerebro necesitaba, y el resultado fue una de las reinvenciones más espectaculares de la historia del cine.
No te hace falta ser Iron Man para aplicar eso. Te hace falta entender cómo funciona tu cabeza.
Si llevas tiempo sospechando que tu cerebro funciona diferente, o si ya lo sabes pero no tienes claro hasta qué punto, quizá este sea un buen momento para comprobarlo.
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