Los rituales pre-lanzamiento que nunca admites en público

Antes de lanzar un producto hay cosas que haces y que no contarías en una entrevista. Revisar el número de ventas antes de que la página esté publicada.

La noche antes de un lanzamiento es una de las más raras del año.

No puedes dormir bien, eso lo sabes. Revisas cosas que ya has revisado. Mandas un correo de confirmación a alguien que no necesita confirmación. Abres la página de ventas para ver cómo se ve en móvil aunque ya la hayas visto diez veces.

Y hay cosas más raras que esas.

Cosas que no aparecen en los hilos de LinkedIn sobre "cómo lanzo mis productos". Cosas que hacen todos pero que nadie menciona porque no quedan bien en el relato del emprendedor seguro de sí mismo.

¿Qué haces la noche antes que no admitirías en público?

Yo revisaba el número de ventas antes de que la página de ventas estuviera publicada.

Abrías la plataforma. Ponías cero ventas. Cerraba la pantalla. Volvía a abrir. Seguía siendo cero. El lanzamiento era al día siguiente. Matemáticamente imposible que hubiera ventas. Y aun así.

Hay emprendedores que tienen una playlist específica para la noche del lanzamiento. Que hacen deporte a una hora absurda para quitarse el nervio del cuerpo. Que ordenan su escritorio de una manera particular que solo tiene sentido ese día. Que mandan un mensaje a alguien concreto, siempre el mismo, para decirle que mañana es el día.

No por superstición. O no solo por eso. Sino porque el ritual crea una zona de transición entre el yo normal de un miércoles cualquiera y el yo que tiene que levantarse el jueves y lanzar algo al mundo.

Sin la transición, el lanzamiento pilla al cerebro todavía en modo mantenimiento. Y en modo mantenimiento no vendes. Ejecutas, sí. Pero sin el nivel de energía que un lanzamiento necesita.

¿Qué pasa cuando el lanzamiento va mal?

El primer lanzamiento que no funciona te lo explicas con los rituales.

No lo reconocerás así. Te dices a ti mismo que fue el momento del mercado, que el precio estaba mal, que el email tuvo mala tasa de apertura. Todo eso puede ser verdad. Pero en algún rincón del cerebro, la parte irracional apunta al ritual. No dormiste bien. Cambiaste el orden de los pasos. Usaste el ordenador portátil en vez del de sobremesa.

Cuando el primer lanzamiento vende cero, el cerebro busca algo a lo que agarrarse. Y los rituales son perfectos para eso porque son variables que tú controlas. Si el mercado no te quiere, no puedes hacer nada. Si no hiciste el ritual correctamente, tienes algo que corregir la próxima vez.

Es un mecanismo de control ilusorio. Y es absolutamente humano.

¿Cuándo el ritual deja de ser ritual y se convierte en miedo disfrazado?

Cuando no puedes lanzar sin él.

Hay emprendedores que han pospuesto lanzamientos porque "el momento no se sentía bien". Y detrás de ese "no se sentía bien" hay siempre lo mismo: una variable del ritual que no se cumplió. Una circunstancia externa que no estaba alineada. Un número que no cuadraba.

El ritual que te protege se convierte en la excusa perfecta para no exponerse. Porque lanzar da miedo. Y si puedes decirte a ti mismo que no lanzas porque el ritual no está completo, no tienes que decirte que no lanzas porque tienes miedo de que nadie compre.

En emprender con TDAH, el síndrome del impostor y la necesidad de control se refuerzan mutuamente. Y los rituales de lanzamiento están en la intersección de los dos. Son el lugar donde se esconde el miedo más fino, el más difícil de ver, el que lleva mejor disfraz.

El ritual es útil. El ritual como escudo, no.

La diferencia está en si lo haces para arrancar mejor o para no arrancar sin excusas. Y esa diferencia solo tú la sabes.

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